Los swíngüeres solitarios

INTERCAMBIO COMPLETO YA

Fiesta de bragas

Este sábado una pareja muy simpaticota organiza una famosa fiesta de bragas en Mijas-Costa.

Le he preguntado a Carlo que qué le parece si vamos, que a mí eso de la lencería me suele gustar.

Me ha contestado que habrá mucha gente y que es la ocasión ideal para ir a cualquier club swíngüer, ya que toda la gente estará en la fiesta de bragas y los clubes estarán muy tranquilitos.

Razón no le falta, porque opino yo también que tiene poca gracia acudir a un evento masificado.

Pero claro, de esa forma, ni en mil años voy a poder hacer yo mi auténtico y anhelado intercambio completo de pareja completamente.

Así, iremos a un club solitario, donde no habrá ninguna incauta a la que pueda robarle el marido para mí para siempre, a cambio de un delicioso muñeco Carlo Chochona.

No es justo.

Mira, Carlo, te voy a ser sincera: a diferencia de lo que le pasaba a un antiguo novio conmigo, yo no quiero envejecer a tu lado. Estás gordo, eres un impresentable y me avergüenzas donde quiera que vamos.

Yo lo que quiero es intercambiarte de una vez definitiva y completamente. ¿Es que no le entiendes?

¿Para qué crees que te llevo yo a los clubs swíngüeres? ¿Para follarte a ti otra vez?

¿Y eso qué gracia tiene?

¿Yo a ti para qué te tengo?

Así no se puede.

Cari.

Siete años. Siete

Carlo está gorda

Siete años ya. Se dice pronto.

(A todo esto: ¡hola, lectores, personas y bichos swíngeres! ¡Cuánto tiempo!, ¿no?).

Volviendo al siete: esos son los años que hace que conocí a Carlo y que llevo tratando de hacer un INTERCAMBIO COMPLETO DE PAREJA.

Y os aseguro que sin el menor éxito.

Hace siete años, cuando el destino quiso que me topara con Carlo, él ya era gordito. Pero con el tiempo y los excesos, ahora es una especie de foca swínger cornuda (aunque ésta es más bien bigotuda), como la de la foto.

Así que por mucho que trato de intercambiarlo completamente por el marido de otra, no hay manera.

A todas las señoras swíngeras les hago una propuesta justa: tú te quedas con el Carlo para ti para siempre y yo me llevo al cachas de tu marido a mi casa, para mí, para follármelo yo cuando yo quiera.

Y tú…: tú te follas al Carlo… ¡Qué más quieres!

Está gordito, sí, pero es muy limpio y muy simpático.

Nadie es perfecto.

Pues sepáis que estoy harta.

Yo he venido aquí a hablar de mi intercambio completo de parejas y estamos hablando de todo menos de eso.

¡Siete años, oigan!

Ya mismo iré a los clubs y a las orgías de rigor con dentadura postiza y bastón. Y Carlo me acompañará, gordo gordísimo, pero eternamente joven, eso sí.

Pero aún no he perdido la esperanza.

Aquí sigo.

¿Alguna pareja interesada en hacer un genuino intercambio completo de parejas?

Interesados, escribidme.

Abstenerse intercambiadores incompletos y swíngeres de chichinabo.

 

¿Hacemos buena pareja?

Carlo me va a cambiar por una gordita.

Carlo me va a cambiar por una gordita.

Muchos swíngeres y seres humanos, opinan que es fundamental que la pareja esté compensada.

A mí, la verdad, me da igual: mientras el chico se parezca a Brad Pitt, a mí la parte femenina de la pareja no me hace falta que tenga ningún otro requisito.

¿Pero qué pensáis vosotros?

¿Creéis que debería cambiar al Carlo por un chico monumental como yo?

¿Debería el Carlo cambiar a la Mari por una jembra entradita en carnes como él?

¿Se haría así justicia universal?

No sé por qué sospecho que el Carlo no está por la labor. Y la verdad, no lo entiendo.

Los gorditos son gustositos y adorables. Yo disfruto con gorditos. ¿Por qué no iba Carlo a disfrutar con una gordita como él a su lado?

Yo tengo hueso na má.

Pero claro, por si no lo habéis notado, Carlo es pijo swínger como el que más.

Muchos piensan que somos una pareja descompesada.

Pues descompensada lo serás tú, zorra, porque yo estoy estupenda.

Carlo tampoco está descompensada: está sencillamente gorda gordísima.

A nosotros nunca jamás nos han dicho eso de “qué bonita pareja” o “qué buena pareja hacéis”.

Qué va.

Lo que nos dicen -a nuestras espaldas, eso sí- es: “Mira, ahí va el puto gordo con la tía buena”.

Sí.

Envidiosos.

Swíngeres.

Yo es algo que llevo muy mal, lo confieso.

Desde pequeña he soñado con tener a mi lado un príncipe azul perfecto, con perfil griego y ojos también azules, con el que poder pasearme del brazo, orgullosa, delante de mis amigas…

Y oírlas repetir eso de: ¡Qué buena pareja hacéis!

Una mieeeeeeerda para mí.

Normas para intercambio completo

Son nuestras costumbres y hay que respetarlas.

Son nuestras costumbres y hay que respetarlas.

Después de un intenso fin de semana, con un montón parejas que hacían cola a la puerta de nuestro piso para probar eso del genuino intercambio completo de parejas que os conté en la última entrada, me veo en la obligación de fijar una serie de normas o reglas para hacer intercambio completo.

Yo, ingenua de mí, creí que todo se desarrollaría de forma natural, espontánea y como una seda, pero qué va.

Muchas respetables señoras swíngeres, lo que han hecho es traerme a sus maridos, resultando que todos eran gordos gordísimos, feos feísimos, viejos viejísimos o pichas chicas chiquísimas.

Qué listas las cabronas: quieren que quedarse con mi Carlito -que es una delicia- y largarme al lastre de sus esposos swíngeres.

Una mieeeeeerda.

A partir de ahora, estas son nuestras normas de intercambio (y hay que respetarlas, oigan):

1ª. Sólo me quedo a tu marido si es más delgado que el Carlo.

2ª. Sólo me quedo a tu marido si tiene 50 o menos años.

3ª. Sólo me quedo a tu marido si tiene la pichurra igual al menos que la del Carlo, en lo que se refiere a tamaño y grosor, y a eficacia y duración.

Si no cumples los requisitos, tu marido te lo quedas pá ti, bonita.

A mí me dejas.

Y por supuesto (Carlos dixit), estas reglas las puedo cambiar en cualquier momento.

Si no te gustan, tengo otras.

Intercambio completo

¿Te gustaría llevarte un Carlo o una Mari? ¡Otra muñeca chochona! ¡Otro perrito piloto!

¿Te gustaría llevarte un Carlo o una Mari? ¡Otra muñeca chochona! ¡Otro perrito piloto!

Bueno, vamos hoy con un poco de teoría.

Los intercambios sexuales de parejas se pueden clasificar de la siguiente manera (entre otras):

– Intercambio light.

– Intercambio completo.

Si bien el objeto de esta entrada es centrarnos en el segundo, veamos también qué es un intercambio light:

Por intercambio light se debe entender aquel que aporta un 30% menos de calorías que el que no lo es, que es bajo en grasas y que no tiene colesteroles.

En definitiva, que no engorda (y tú sabrás por qué…).

El significado de “intercambio completo” se confude con frecuencia por las personas normales y por los swíngeres.

Todos piensan que un intercambio completo de parejas es aquel que -rico en grasas saturadas- consiste en mantener relaciones sexuales completas (o sea: con todas las piezas) con el esposo o esposa de la otra pareja y viceversa.

Pues no.

Intercambio completo no es eso. Es el sueño de mi vida: tú te quedas con el Carlo pá tí pá siempre y yo me llevo a tu marido.

Cualquier discusión en contra, está fuera de lugar.

El adjetivo “completo” es bastante claro.

Nada de un polvete de una noche y te vas con tu palomito a casa… Ni hablar: tú me lo has traído para que me lo folle, y ahora me lo dejas, bonita.

Tú te llevas al Carlo. Pá siempre, eso sí.

Y al llevártelo, además, te regalamos un vale para cervezas y calamares a la romana congelados del súper, por importe de 500 euros (te hará falta, ya verás).

Y un mes de wifi gratis.

¡Vamos, señoras, vaaaaaaaaaaaamos!

¡Que me lo quitan de las manooooooooooooos!

Ese marido tuyo, mami, me gustó…

Carlo el coqueto

¿Es cocreto Carlo? ¿Es croqueto? ¿O es una simple croqueta?

¿Es cocreto Carlo? ¿Es croqueto? ¿O es una simple croqueta?

A principios de esta semana, acudimos a conocer a una pareja de bichos swínger con nivel -47 de educación y clase.

Estos especímenes en cuestión, contactaron con nosotros por iniciativa propia e insistieron en conocernos en persona para tomar una cerveza sin compromiso (yo las prefiero sin alcohol, o de esas de limón, pero bueno).

Por circunstancias personales, al principio, rechazamos la invitación, pero ante su insistencia, preferimos finalmente acudir a la cita.

Allá que Carlo y yo salimos y -a petición de los mismos- acudimos al lugar donde se encontraban, fuera de Málaga. Los días previos al encuentro, confirmaron varias veces la cita y nos manifestaron su interés en conocernos al fin.

Pues bien: una vez en el lugar acordado, les mensajeamos y no obtuvimos respuesta. Al cabo de media hora nos dicen que ya llegan. Pero nunca llegaron y no volvieron a contestar.

Al día siguiente, casi 24 horas después, nos envían un mensaje pidiendo disculpas y manifestando que nos vieron de lejos, y que si bien María -esa soy yo- era muy mona- a la exquisita señora swínger de la otra pareja, Carlo no le gustó.

La exquisita gallinita swínger sólo gustaba -literalmente- de HOMBRES ARREGLADOS Y COQUETOS.

No merecen mayor comentario este tipo de impresentables sin clase ni educación, que ni siquiera tienen cojones para dar la cara y tomarse una cerveza con dos personas a las que han citado expresamente y prefieren quedarse escondidos espiándolos.

Y hombre, mire usted, Carlo coqueto coqueto coqueto lo que se dice coqueto, no es.

Es feito, barrigoncillo y entrado en años. De hecho, cuando se arregla un poco, se parece un webo a esto:

Carlo arregladito.

Carlo arregladito.

De hecho (los que sois listos os habréis dado cuenta ya), esa es la razón por la que yo quiero hacer intercambios de pareja.

Sí, coño, a ver si me sacudo al gordo horroroso éste de encima y me follo a tu marido, que está mucho más macizo.

Quiero cambiar de pareja, vamos, a ver cómo tengo que decíroslo.

Que a mí el tío este no me gusta.

Te lo regalo tó pá ti entero…

Ea.

(Aprovecho desde aquí para mandar un saludo a nuestros amigos los orcos swínger de la Casa Mordorland, que sabemos y nos consta, que andan por aquí visitándonos a diario y haciéndose pajillas a nuestra costa. Saludo también a mi madre. Te quiero, mami).

Carlo el tiquismiquis

ENCUENTRA LAS SIETE DIFERENCIAS (no hay webos).

ENCUENTRA LAS SIETE DIFERENCIAS (no hay webos).

Hola, cabrones.

¿Qué?

¿Creíais que nos habíamos extinguido, ein?

¡Ni hablar!

Somos indestructibles.

Hoy he venido aquí -aparte de a hablar de mi libro- a darle al mundo mis quejas.

Es que Carlo últimamente está hecho un tiquismiquis.

Vamos a citas a conocer parejas y ninguna mujer le gusta.

Es normal y en realidad lo entiendo: es verano y a mí me gusta salir por ahí casi desnuda. Y claro, él me mira a mí tan mona y tan desnuda y me compara con las otras mujeres, y no hay color.

Todas llevan demasiada ropa.

Y en el fondo, yo es que tengo al Carlo en el bote, como los céntimos.

En cambio, yo miro al Carlo en las citas, miro al otro maromo…: ¡Y a mí es que  todos los tíos me parecen bien!

Porque comparados con el puto gordo, los otros zagales están mucho más buenorros.

Así que mientras yo estoy dispuesta a follármelos a todos, el puto gordo sigue inapetente.

Así no se puede, oigan.

Ya sé que ahora saltarán los swinger-defensores de los prostitutos con sobrepeso y me dirán que debo tratar a mi pareja con respeto y no escribir estas cosas en el blog.

Una mieeeeerda respeto.

Carlo engorda y engorda y no respeta en absoluto mis ideales del cuerpo masculino.

Es más, engorda libremente, sin preguntarme siquiera si a mí me importa o me gusta o no.

Qué respeto ni qué pollas.

(Joder, María, con lo guapa que llevas todo el verano, tan calladita…).

El microchip swinger

¿Y tú? ¿Te has implantado ya el microchip swinger?

¿Y tú? ¿Te has implantado ya el microchip swinger?

Ya he leído varias veces eso de las pulseritas swinger, u otros distintivos para que los swíngeres se reconozcan entre ellos.

Se ve que los swíngeres son menos sensoriales que -por ejemplo- los homosexuales.

Éstos úlitmos aseguran -pregúntale a cualquiera que conozcas y te lo confirmará- que ellos se reconocen nada más verse y que nunca se equivocan. Con los que yo he hablado, nunca han sabido explicarme cuáles son las señales que los delatan, pero juran y perjuran que mirándose a los ojos, ya se dan cuenta.

Pero los swíngeres están hechos de otra sustancia y no tienen ese tipo de superpoderes.

Así que necesitan dispositivos externos de swingerlocalización o algo parecido.

También he leído en más de un sitio a algunos  swíngeres, proponiendo que las redes sociales regalen a sus usuarios algún tipo de medallita, pin, pulsera o similar para que así se pueda reconocer a esta especie de bicho libertino.

Que digo yo, que mucho mejor que eso sería un microchip subcutáneo, como los que se le ponen a los perrillos y a otras mascotas. Y a ser posible que lleven un dispositivo integrado de geolocalización y batería de titanio.

Así puede uno ir paseando por ahí  con su móvil inteligente (si el tuyo es tontito, no sirve), un programita GPSwinger al efecto, y saber si la parejita con pinta bichos que se viene acercando a ti por el pasillo de los congelados del súper es normal o es swinger (verás cuando lean esta entrada mis amigos swíngeres y descubran que he dicho eso de”normal o swinger”: se me van a poner hechos unas locas histéricas).

En realidad la idea del GPSwinger fue del Carlo, que el otro día me decía que debería existir, porque para los homosexuales ya existe. Carlo me explicó (referiéndose al Gaylocalizador) literalmente que:

Y funciona como el GPS del coche.
A doce metros, gire usted a la derecha…
Recalculando maricones
¡Ha llegado usted al maricón del barrio!

Orgía de gordos

MUÑECO+MICHELIN.bmp

 

Como todos sabéis, el próximo día 18 de julio se celebra en Málaga capital, el DÍA DEL ORGULLO GORDO.

¿Te has sentido alguna vez discriminado por los pijos swingers a causa de tu sobrepeso?

¿Te han dicho “contigo no, gordo” al acudir a una cita?

¿Alguna vez te has quedado solo en una orgía porque nadie quería tratos con un gordo?

¿E hinchado? ¿Te has sentido hinchado alguna vez, como si retuvieras líquidos o tuvieras gases?

Si estás en alguno de los anteriores supuestos, deberías mostrarte orgulloso: estás gordo y eres adorable. Y lo sabes.

CarloyMaría organizan una fiesta en Málaga capital para todos los swingers gordos de España (sólo parejas, eso sí).

Vente.

Antes mira las fotos de Carlo: si estás más delgado que él, no eres bienvenido y nadie querrá follar contigo.

Si estás igual o más gordo, envíanos un mensaje adjuntando ticket de peso de farmacia autentificado ante notario (el ticket, no el peso de farmacia), y te mandaremos una invitación.

Será un placer meteros en nuestra cama.

Tu cuerpo es el más sensual. Te desesamos.

Deséate y serás deseado.

La única delgada pija swinger admitida en la fiesta seré yo, claro.

¡¡Swíngeres gordos de España!! ¡¡¡Yo os invoco!!!

¡¡¡Fiestaaaaaaaaaaaaaa!!!

¡¡¡Síiiiiiiiiiiiiiiii!!!

 

 

 

Peligros de las redes sociales swingers

¿Son discretas las cucarachas swingers?

¿Son discretas las cucarachas swingers?

No sé si recordaréis que en la última entrada, os estuve contando de qué iba la fauna que habita las redes sociales liberales.

Pues corta me quedé, la verdad.

¿Y a qué viene esto? ¿Ya ha pillado la tonta de María otra pataleta?

Qué va, es que -como decía una conocida- estoy menstruando y se me va la olla.

Sí, sí.

Esto fué lo que me sucedió hace unos días:

Era una tarde apacible, de cálido bochorno malagueño. Gotas de sudor jugaban a las carreritas, resbalando desde mis pechos hasta mi pubis, y a todo lo largo de mi columna vertebral hasta perderse entre mis sensuales nalgas… En aquel instante pensé en cuántas lenguas habría deseando secar mi sudor… Y de pronto, un pollo.

Cantaba el pollo como loco en mi móvil. Miré la pantalla y me informó de que había recibido cerca de cincuenta mensajes de whatsapp.

Aaaaahhhhhhhh, qué horror.

Casi no uso el whatsapp, así que ni idea de qué podía ser.

Al principio, mensajes incompresibles sobre una fiesta swinger. Luego mensajes de gente que se apuntaba y otros de gente que se cabreaba (con toda la razón).

Salvo uno, ninguno de aquellos números me sonaban.

Al grano: un gilipollas que un día conocimos en persona, no tuvo una idea mejor que hacer un grupo de whatsapp para invitar a una fiesta, donde metió sin preguntar ni nada, a unos cien contactos que, con paciencia y una caña, había ido recopilando.

Se trataba de parejas liberales, así como chicos y chicas solas de swingerlandia.

Entonces observo con horror que, de pronto, tengo en la pantalla cien números de teléfono, con sus respectivas fotos de perfil (en la mayoría de los casos), que muestran rostros perfectamente visibles…

Hay que ser un hijo de la gran puta para hacer eso sin pedir permiso.

Y todo porque eres un comercial de mierda de un puto bar liberal que no sabe hacer su trabajo, y un muerto de hambre, porque hay que andar muy tieso para ser tan cabrón y llegar hasta esos extremos para conseguir clientela.

Y el jefe para el que trabajas, que es otro mierda igual o peor que tú, debería dedicarse a otra cosa: si no sabes patrocinar tu negocio para llegar al público, cambia de negocio. O jódete. O muérete un rato.

El hijo de puta en cuestión nos pareció en su día un chico apañado, pero la triste realidad es que se dedica a hacer contactos y conseguir números de móviles para luego crear grupos publicitarios y, de paso, realizar cesiones ilegales de datos personales al resto de usuarios.

La vida sexual de las personas debería ser tratada siempre con discreción y confidencialidad. Pero no, ahora yo tengo fotos de un montón de personas con una determinada afición sexual, porque un triste hijo de puta así lo ha decidido.

Lo siento un montón por los pobrecillos swingers que cometieron la tontería de poner fotos de sus caras en el perfil de whatsapp (en su favor hay que decir que actúan movidos por la creencia de que la gente en este mundo es muy discreta…: ¡espabilad, por Dios!). A nosotros poco nos afectó, porque no tenemos foto alguna en el perfil y hemos bloqueado al cabrón de turno para que no pueda seguir enviando puto SPAM.

A los usuarios despistados que llegan – cegados por su falso destello dorado-a estas redes sociales, decirles que se anden con mucho ojo, porque no es oro eso que reluce.

Es caca de la vaca comercial. Como los pesados de vomistar, borrafone o tontofónica, pero con orgías.

Y no: no esperéis discreción y calidad por el hecho de acudir a una red social de pago.

Esto que os cuento ha ocurrido en una conocida red social de pago.

Todos te dirán que al ser de pago, es una garantía.

Y es cierto: tienes garantía de que en ella te vas a encontrar con un montón de hijos de puta que pagan por estar allí.

En las redes gratuitas, están los mismos hijos de puta, pero sin pagar (y me atrevería a decir que en las no gratuitas están más intensamente, porque donde pagan, se esfuerzan más en dar por culo, claro: ya que han pagado…).

Así que garantías: una mierda.