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Todos quieren follarme

Lo siento, pero no puedo follaros a todos: sois demasiados.

Lo siento, pero no puedo follaros a todos: sois demasiados.

No. Que no soy una creída de mierda, por si lo estáis pensando. Es sólo la verdad y nada más que la verdad. Además, las creídas de mierda no son tan bonicas como yo, ni tan sensuales y deseables.

Estar buena, en opinión de la mayoría, es gratificante y bonito, pero a veces también es un coñazo.

Porque resulta que a mí, todo el mundo quiere follarme.

Sí, qué pasa.

Yo qué sé.

Es innato. Genético.

Me sale natural.

Le pregunto a un cliente que qué desea o qué quiere y me responde “pues qué voy a querer, follármela a usted”.

Voy por la calle, paso donde los albañiles, ¿y qué me dicen? ¿Que me van a construir una casa con los mejores tabiques y enlucidos de España y parte del mundo? ¡Qué va! Me dicen: “te voy a meter en mi fragoneta, rubia, y no voy a parar hasta quitarle tó los bollos, macizaaaaaaaaaaa”.

Voy al INEM, digo que quiero mi desempleo y me dice el funcionario que de eso no tiene, pero que si quiero, puede follarme.

Voy al banco y digo que quiero que me den una hipoteca y me dicen de que no, “de que aquí sólo podemos follárnosla a usted, señora”.

El médico, me mira muy serio y preocupado y yo le digo: ¿Dóctor, qué tengo? Y me dice, “usted lo que tiene es que follar conmigo”.

Le digo a los Reyes Magos que quiero que me echen un Ipone 526,8 con visión nocturna y me envían una carta de respuesta diciéndome: “Querida Mari: lo que te vamos a echar es un polvo, y Baltasar, por el culo”.

Pega a mi puerta el inspector de Hacienda, yo le abro desnuda y le pregunto asustada: “¿No vendrá usted a inspeccionarme, verdad?”. Y él me mira de arriba y abajo, y me dice: “Pues no, yo he venido a follármela”. Tanto monta.

Las mujeres también quieren.

Sí.

Ya os lo he dicho.

Todo el mundo.

¡Sí, tú también, mentiroso!

Jo, macho, no sé qué voy a hacer. Tó el día con lo mismo.

Dale que te pego.

Qué jartura, ¿nones?

¿Qué pasa? ¿Que no tenéis una novia, una amiga, una novia, un novio, un perro o algo?

Claro, lo que pasa es que yo soy tan agradable, tan dulce y tan encantadora – a la par que maciza- que me preferís a mí.

Sí, lo sé.