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Mari la simpática

La Mari, cuando quiere, es un amor.

La Mari, cuando quiere, es un amor.

Carlo dice que no ligo porque le doy mucha caña a los tíos.

También hay quien dice que soy borde.

Pero no es verdad, yo no soy borde, so desgraciados.

XD

Lo que le pasa a los tíos es que la mayoría son muy mariconcetes y, o no lo saben, o, aún sabiéndolo, no lo reconocen.

Bueno, es verdad que a mí a veces me gusta dar caña y decir burradas y borderías, pero lo hago desde el cariño y el respeto,que conste, ¿eh?, puercos gusanos de los huevos.

Y sin acritud siempre.

La acritud es mala, hostia puta.

Para que veáis que en realidad no es cierto que yo sea una creída, borde y estúpida de mierda, ahí os dejo una foto con cara de ángel y con la sensual y dulce sonrisa que mis labios tienen estudiada para fingir que soy una niña buena y adorable.

¿A que vista así doy el pego?

(Pero gilipollas, que no me miréis las tetas, miradme la sonrisa).

¿Y el canalillo?

Aquí yo, tratando de sacar canalillo...

Aquí yo, tratando de sacar canalillo…

Otro de mis traumas femeninos está relacionado también con mis tetas.

Desde pequeñita, yo quería hacerme mujer y ser tan guapa como mi madre, como mi abuela o como un montón de mujeres que circulaban por mi vida.

Eran todas mi ejemplo a seguir. Y veneraba a muchas de ellas.

Una de las cosas que envidiaba a las mayores, desde mi tierna infancia, era ese bonito canalillo que lucían en sus escotes, y que es el huequito que queda entre las tetillas.

Yo soñaba con que me crecieran ya de una puta vez los melones y mi canalillo hiciera estragos en el mundo.

¡Una mierda pá mí!

A mí no me salió ni canalillo ni pollas (bueno, lo de las pollas sólo en mis sueños-pesadillas, como ya os conté el otro día). Mis pechugas se asustaron la una de la otra, se alejaron, y un poco más y las tetas se me ponen en las paletillas, oigan…

Ya me podía yo apretar con los brazos, ponerme un wonderbrá encima de otro, o juntarme los albaricoques con fixo (siguiendo la técnica solucionadora milenaria de problemas problemosos del amigo Carlo), que allí ni de coña se formaba un canal.

Por mi canal pueden pasar ocho trasatlánticos uno pegado a otro y navegarían holgadamente…

Mi madre, cuando le expliqué mi trauma, me dijo -ni corta ni perezosa- que no me pusiera así, porque eso con un imperdible se arreglaba.

Qué hija de puta.

Entre el Carlo con el fixo y la mami con los imperdibles, esto es pá mear y no echar gota.

¡Queréis irse!

Tetillas en la niebla

Tetillas en la niebla (sin gorilas, oigan)

Tetillas en la niebla (sin gorilas, oigan)

Tal y como veis en la foto, así estaban ayer -a ratos-las playas de Málaga.

En mi opinión, es bonito, estar sentada en la arena, disfrutando de la brisa y del sonsonete del mar, y poder contemplar como, de repente, se producen fenómenos de evaporación del agua en un abrir y cerrar de ojos. Jirones blancos comienzan a salir del mar, como por arte de magia, y a elevarse hacia el cielo, hasta eclipsar el sol y convertir el momento en un día aparentemente nublado.

Luego, de la misma repentina manera en que se formó la niebla, ésta desaparece y el sol vuelve a lucir con toda su energía.

La playa se torna misteriosa, hay un extraño silencio y parece que el eco aumenta…

Me encanta ver salir la niebla del Mediterráneo en uno de estos veraniegos día de playa.

Para los tíos, eso sí, los días de niebla playeros son una putada. Porque claro, ya se sabe a que van todos los tíos a la playa: a ver tetas.

No ni ná.

Y te plantas tú -tó feliz- en pleno agosto en una malagueña playa repleta de gente (donde corres el riesgo de que te claven por error una sombrilla en el culo) para ver tetas, y de pronto se te echa encima una niebla que no te permite a penas ni verte tu propia polla.

Eso es una putada, oigan.

Me daban a mí lastimita los pobres hombres que estaban ayer en la playa buscando tetillas en la niebla, sin éxito.

Para esos sufridos machotes buscadores de tetas, va dedicada la foto de esta entrada.

Porque mis tetas, sí se ven en la niebla. Son como el faro que guía vuestros barcos ciegos.

Tetillas en la niebla.

Como los gorilas, pero en pechitos, vamos.