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Si yo tuviera polla

¿Qué haría la Mari si le saliera polla?

¿Qué haría la Mari si le saliera polla?

Muchas veces se habla de cuánto le gustaría a los tíos tener tetitas. Ellos confiesan que si las tuvieran, estarían todo el día metiéndose mano. Carlo, por ejemplo, es uno de los que así lo afirman. Yo me lo creo.

Como ya os conté hace tiempo en una entrada de este blog, a mí la idea de tener polla no me atrae precisamente. Y os relaté que uno de mis sueños recurrentes (pesadilla recurrente, en realidad) consistía en que me despertaba una mañana y descubría que, donde la noche anterior había existido una vagina, de pronto emergía una polla con sus correspondientes y acompañantes huevos.

Me despertaba con ansiedad y al borde del llanto, porque yo no quería tener esa cosa ahí pegada a mi cuerpo…

Pero hoy voy a tratar de ser objetiva y a imaginarme que tener una polla no es tan malo.

¿Qué haría yo entonces si tuviera polla?

“Hacerte pajas, Mari, como todos los tíos” – sé que están pensando mis lectores pajilleros, que son muchos y muy numerosos, a la par que unos marranos.

Por Dios, cuánta ignorancia hay en el mundo…: ninguna mujer a la que le salga pene, se centraría en hacerse pajas. ¿Quién quiere hacerse pajas en una abrupta y rudimentaria polla, cuando la naturaleza te ha dotado de un sofisticado órgano de placer llamado clítoris? Las pollas no tienen clase. Nunca la han tenido. En cambio, un clítoris… Buffff, tiene clase y mucha.

No.

Pajas, no.

Si yo tuviera polla, lo primero que haría sería poner mi nombre meando. Y hacer pipises de pie por árboles y esquinas. No sabéis qué incómodo es miccionar en la calle para una mujer…

Lo segundo que haría, sería probarme bragas. Es que me encanta cuando los tíos se ponen mis bragas y se les nota ahí el bultito sensual…

Fetichismos insanos que tiene una, sí…

Lo tercero sería, probarme condones. De colorines, con sabores, fluorescentes, con orejas de burro… Es que una tiene polla, pero es muy presumida.

Por último, le daría por culo a algún tío, para que probase su propia medicina. Me encantaría verlos llorando y gritando aquello de:

– Mariiiiiiiiiiiiiiii, por el culo nooooooooooooooooooo.

Ah, pos ahora te jodes, como diría Carlo.