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Normas para intercambio completo

Son nuestras costumbres y hay que respetarlas.

Son nuestras costumbres y hay que respetarlas.

Después de un intenso fin de semana, con un montón parejas que hacían cola a la puerta de nuestro piso para probar eso del genuino intercambio completo de parejas que os conté en la última entrada, me veo en la obligación de fijar una serie de normas o reglas para hacer intercambio completo.

Yo, ingenua de mí, creí que todo se desarrollaría de forma natural, espontánea y como una seda, pero qué va.

Muchas respetables señoras swíngeres, lo que han hecho es traerme a sus maridos, resultando que todos eran gordos gordísimos, feos feísimos, viejos viejísimos o pichas chicas chiquísimas.

Qué listas las cabronas: quieren que quedarse con mi Carlito -que es una delicia- y largarme al lastre de sus esposos swíngeres.

Una mieeeeeerda.

A partir de ahora, estas son nuestras normas de intercambio (y hay que respetarlas, oigan):

1ª. Sólo me quedo a tu marido si es más delgado que el Carlo.

2ª. Sólo me quedo a tu marido si tiene 50 o menos años.

3ª. Sólo me quedo a tu marido si tiene la pichurra igual al menos que la del Carlo, en lo que se refiere a tamaño y grosor, y a eficacia y duración.

Si no cumples los requisitos, tu marido te lo quedas pá ti, bonita.

A mí me dejas.

Y por supuesto (Carlos dixit), estas reglas las puedo cambiar en cualquier momento.

Si no te gustan, tengo otras.

Primer intercambio de parejas

Aquí, esperando a que alguien quiera quedarse con el Carlo...

Aquí, esperando a que alguien quiera quedarse con el Carlo…

Pues qué queréis que os diga…: a mí esto de intercambiar parejas, me gusta.

Es como lo de las estampitas, que yo también coleccionaba de chiquitinilla: “te cambio esta, que la tengo repe…”

Pues con los pichones, igual.

“Te cambio tu novio por el mío, que el Carlo es mu pesao”.

Y además de verdad…: noventa y tantos kilos de hombre de mediana edad, la mar de rarito, con pancita en buena medida financiada por mí, como él ya os explicó en su entrada del otro día…

La semana pasada contactamos con una pareja para nuestro primer intercambio sexual. Hablamos primero en un bar quince minutos, nos conocimos y nos gustamos. Varios días después concertamos nueva cita para proceder al intercambio.

Le preparé una maleta de fin semana al Carlo, con unos pocos gallumbos nuevos, pasta de dientes, cepillo y un montón de condones. Le dije a Leila que me lo cuidara y me lo devolviera en idéntico estado al del momento de la entrega, y a tal efecto le hice firmar un documento de conformidad.

Yo me llevé a Pepe a mi casa. Este venía con lo puesto… Yavetú…

Apenas acababa de instalar al Pepe en mi casa y ni me había dado tiempo a follármelo, cuando me llama Leila y me dice que nones, que quería resolver el contrato, porque nada más llegar, el Carlo le había vaciado la nevera de yogures, pollo asado, zarchichas y había empezado a liquidar todas las coca colas.

Además, me dijo, lo peor era que al desnudarlo, había detectado que Carlo tenía un poco más de barriguita que en las fotos…:

– María -me dijo-, yo lo siento mucho, pero te lo devuelvo.

Así que nada, aquí tengo otra vez al Carlo a mi vera.

¿Qué pasa, macho, que ninguna lo quiere?

¿Es que me lo voy a tener que follar yo sola tó entero?

Ay, bobos, que no.

Que es broma XDDD