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De ovejas y monos

Aquí reino yo.

Aquí reino yo.

Algo que me ocurre con frecuencia, y que me preocupa, es que las parejas (bueno, normalmente es el hombre el que me lo comenta) me explican que están tratando de convencer a su chico o chica para participar en un intercambio de parejas con nosotros.
A mí Carlo –y hace más de cuatro años que lo conozco- nunca en la vida me ha tratado de convencer de nada. Ni de follar, ni de hacer intercambios, ni tríos, ni orquestas sinfónicas.
Ha hecho algo tan simple como preguntarme si quería participar en.
Ni me ha dado explicaciones, ni argumentos, ni ha mencionado ventajas, desventajas, ni nada por el estilo.
Yo he respondido sí o no, en función de lo que me apetecía en cada momento. Sin sentir ningún tipo de presión, sin pensar que voy a “perderlo” porque diga que no, o porque si no voy con él, irá con otra y yo seré una triste princesita destronada…
¡Si yo soy la reina de mi vida!
Carlo irá con quien quiera, le diga yo lo que diga, como debe ser. Lo conocí siendo así y así espero y deseo que siga.
Y yo haré lo mismo.
Es más, ojalá Carlo (y yo), con independencia de lo que haga el otro, conozca (conozcamos) a más personas (a montones de personas) del otro sexo con las que –simultáneamente- hacer más intercambios o juegos sexuales que sean de su (nuestro) agrado.
Somos una mujer y un hombre libres que hacemos lo que nos viene en gana y ni nos damos ni nos pedimos explicaciones o argumentos.
Y no te preocupes en absoluto, querido lector, si no entiendes lo que acabo de decir. Para bien o para mal eres un puto monógamo más. Te han educado como a tal desde que tuviste conciencia de ti mismo. Tu madre te comió el coco. Tu padre te comió el coco. La televisión y el cine te lavaron el cerebro. Tus amigos y conocidos te fueron manipulando hasta hacer de ti lo que eres hoy. Los que te gobiernan, te moldearon y te hicieron justo como ellos deseaban…:
Mono y oveja.
Oveja y mono.

Con vosotros no, bichos

Así me brilla la piel cuando hay bochorno en Málaga.

Así me brilla la piel cuando hay bochorno en Málaga.

Ayer estuve un rato viendo la feria de Málaga y acabé en un bar de bailoteo. Lo típico de la feria, vamos. Justo a mi lado había un grupo de chicos buitreando por el local. Dos de ellos se lo tomaban muy pero que muy en serio, mientras que el resto se veía que pasaban del tema y básicamente estaban allí para beber, reirse y echar un buen rato.

Me dediqué a observar a los dos buitres leonados, que por cuestión de organización y estrategia, se separaron de la manada y fueron a su aire: ellos estaban allí para lo que estaban y lo tenían muy claro.

“Hoy follamos”.

JA.

Ay, pobres, qué pringaos.

Se fueron pegando a todos los grupos de chicas que aparecían y ni una sola vez tuvieron éxito con sus sonrisas encantadoras y sus miradas seductoras. Hasta intercambiaban algunas palabras a veces con ellas. Sistemáticamente todas las mujeres los rechazaron. Unas les hicieron la cobra, otras huyeron despavoridas del local, otras les dieron la espalda, como le hacían las elefantotas al pobre Dumbo… Eso sí, a cada derrota, ellos elevaban sus copas y brindaban: “por nosotros”, decían.

Sí, sí, por vosotros, porque por follar como que no, pringaos.

Y el caso es que los pajarracos estaban de bastante buen ver, eran simpáticos, agradables, no iban bebidos, no eran de ninguna raza ni color no habituales en el lugar, y no decían groserías ni cosas desagradables…

Simplemente eran rechazados una y otra vez.

Yo los tuve al lado un buen rato, mientras trataban de seducir a dos chicas, y me dieron un montón de penita. Estuve a punto de decirles que yo estaba disponible y proponerles que se vinieran a mi casa a tomar la última copa.

Pero claro, ahora te llevas a tu casa a dos buitres sedientos y luego no hay manera de quitártelos de encima. Literalmente.

Probes. Me pregunto si follarían algo. Aunque me temo que no.

 

Yo a ti te follo

Aquí la Mari, acechando a su víctima armada con un calabacín.

Aquí la Mari, acechando a su víctima armada con un calabacín.

Tsssssssss, que ya viene.

Tsssssssss, que ya viene.

Desde hace muchos años, Carlo lleva siempre un cuchillo escondido en el coche, por si las violadoras…, no vaya a ser que un día dé con una, se arrepienta ella en plena faena y la tenga que amenazar con el arma para que continúe lo que empezó…

Otra fantasía sexual recurrente de la mayoría de los seres humanos es la del sexo con violencia. Obviamente me refiero a asumir el rol de violador o de violado dentro de una relación física entre adultos que saben lo que hacen y que consienten plena y conscientemente en interpretar dichos papeles.

Opino que cualquier rol que quieras asumir en la cama es válido si lo haces con libertad y de motu propio y es lo que te apetece y gusta.

A mí me resulta muy excitante pensar que soy una violadora, que espera agazapada entre las sombras a un machote y lo viola con Nocturnidad y Alevosía (son dos amigas mías que también quieren ser violadoras y me ayudan a inmovilizar a la víctima -es que yo sola no puedo-…, como los ángeles de Charlie, pero en arpías).

Me encanta imaginar que empiezo a meterle al hombre las manos en los pantalones y él forcejea conmigo y me dice que no quiere. Le arranco la ropa mientras se resiste y al fin lo dejo como su madre lo trajo al mundo.

Él sigue diciendo que no quiere que me lo folle y me suplica que no lo haga, pero por mucho que él diga que no, su polla tiesa me señala acusadora diciendo que sí.

– Yo a ti te follo, nene.

Y lo que más me gusta de todo es cuando mi víctima llora y me dice, como último intento de inspirarme compasión, aquello de:

– Mari, por favor, no: es que tengo novia.

Con eso enciende mi ira y me pone a mil:

– Pos ahora te vas a enterar, monógamo asqueroso.

¡Y plaf!, de un golpe y sin vaselina, me monto a horcajadas sobre mi víctima, y me meto su polla hasta lo más hondo de mi vagina. Y él grita:

– Noooooooooooooooooooooooo.

Y yo le digo:

– Aaaaaaaaaaahhhhhhhhh, te jodes: ya estás follao.

Extínguete ya, puto mono

Montañas montañosas. ¡Fuera, mono!

Montañas montañosas. ¡Fuera, mono!

 

Monogamia. Qué asco.

Los monógamos me caen cada vez peor. No los soporto.

Más que monógamos, yo los llamaría ORANGUTÁNGAMOS.

O GORILÁGAMOS.

Incluso MACACÓGAMOS.

O, por qué no, CHIMPANCÉGAMOS.

Bichos estúpidos que parecen personas, pero que no dejan de ser eso: bichos estúpidos.

Todo son problemas y marrones con los monos estos, oigan.

Que si no mires a mi novio/a, que si no bailes con mi novio/a, que si no se la/lo pongas duro a mi novio/a…

Anda y que os den.

Cómete a tu novio/a con patatas.

Lo mismo os creéis que no hay más tíos, ni más tías en el planeta.

Anda que no.

Por una profesión que tuve hace tiempo, yo estuve en contacto directo, puro y duro, con muchas parejas víctimas de la monogamia. Yo he visto cosas que jamás creeríais, y no precisamente en Orión ni en la Puerta de Tannhäuser…

La monogamia es una enfermedad de la mente.

No salgo de mi asombro cuando llegan a mis oídos historias de amigos y familiares relacionadas con este mal de nuestro tiempo (que arrastramos desde hace siglos, además). La gente sufre, se deprime, se suicida, mata a sus parejas…

Y todo en nombre de la fidelidad sexual y los orangutanes.

Pero nada, vosotros seguid así, putos monos.

Vosotros hacéis del sexo un infierno. Vosotros os metéis en mi cama y ya pretendéis, por tal hecho, anexionarme para siempre a vuestras tierras, como si yo fuera un minifundio. Os meáis en mí, para marcar el territorio.

Que no, hostias.

Que yo soy libre.

Y no me gustan los monos meones.

Echan peste y son estúpidos.

Manteneos lejos de mí.

¡Y extinguíos, coño, extinguíos!