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Follar con funcionarios

Registro de entrada anal y folle usted mañana

Registro de entrada anal y folle usted mañana

La verdad es que tenía previsto hablar hoy del sexo bancario.

Sí, ya sé que todos habéis pensado lo mismo: “¡Qué asco: montárselo con un banquero!”. Y no sé, me han dado escrúpulos y el día es tan bonito, que he dicho, bueno, mañana hablaré de los banqueros (también conocidos como “bancarios”), además, así le voy preparando el cuerpo a los lectores. De modo que si sois muy sensibles y eso, mejor mañana no entréis a leer mi blog.

Dicho lo anterior, vamos al tema que rotula esta entrada. Uno de mis ávidos y masoquistas lectores me sugirió ayer que hablara de cómo lo hacen los funcionarios. Eso no quiere decir que mi simpático seguidor sea semejante cosilla. Seguramente sólo fue un “poné”.

Ante todo, follar con funcionarios es muy complicado. Hay que seguir procesos y ajustarse a horarios.

Imagina que eres una tía buena, un bombón, un pedazo de mujer, y después de darle vueltas al tema, decides presentarte a las doce de la noche en casa de ese funcionario que, por alguna misteriosa razón, te atrae sexualmente. Llegas tú con tus tacones de aguja, tu minifalda y tu escote a punto de estallar, pegas al timbre, te abre el maromo, te mira de arriba a abajo y, antes de que digas nada, te suelta el clásico e histórico:

-Vuelva usted mañana.

Acto seguido te da con la puerta en las narices.

Si, pese a todo, sigues queriendo currarte el asunto y le vas a ver a su Imperio funcionarial quinientas dieciocho veces para entregarle los quinientos dieciocho papeles que te ha pedido en cada una de las visitas (y seguro que te pide más, porque ellos siempre quieren más), lo mismo logras que al fin te reciba en su cama burocrática, donde, eso sí, para meterte, primero tienes que pasar por registro y aguantar que te pongan en el culete un sello con la fecha y la hora…

Y allí estás tú, vejada y sellada, en medio del acto sexual, cuando de pronto, tu funcionario dice:

– Vuelvo en diez minutitos, que voy a desayunar.

Y tú le dices:

– Pero cari, si son las cuatro de la madrugada…

Y él:

– Venga, de verdad, diez minutos nada más, tú espérame aquí.

Dieciocho años después, tu novio el funcionario vuelve de desayunar y te encuentra allí convertida ya en la momia del Tutankamon ese.

Pero eso sí, él con la barriga llena y bien repuesto después de semejante desayuno.

Con los funcionarios hay que andar con pies de plomo.

Folle, folle usted mañana.