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Iniciación al BDSM

He comenzado mi curso de iniciación al sadomasoquismo.

Aquí tenéis la primera muestra:

http://flashservice.xvideos.com/embedframe/10918931

Qué mal rato pasé, y eso que los huevos y la polla eran del Carlo… XD

¿Te follo o te pego?

Tu abuela te va a hacer sadomasoquismo.

Tu abuela te va a hacer sadomasoquismo.

No sé si os lo había contado antes, pero Carlo es sadomasoquista.

Sí, es cierto.

Nadie es perfecto.

Y últimamente le ha dado por lanzarme -como quien no quiere la cosa- sutiles mensajes con anexos chantajes sexuales, cuyo pretendido fin no es otro que lograr que yo lo infle a hostias

Y en eso estoy pensando yo, oigan: en pegarle al puto gordo gilimasoca.

Para mí el dolor y el placer son cosas por completo excluyentes.

Cuando me hablan de sadomasoquismo, de forma automática se me hace un nudo en la garganta y me dan ganas de llorar. Ni idea de por qué: soy una sentimental, supongo. ¿Pero sabéis que los aficionados a estas cosas, suelen acabar con frecuencia en urgencias, y con la policía “escoltándolos”? Los masocas podéis decir misa si queréis, pero lo vuestro es un marrón de los gordos. Y el sexo debe ser divertido y no un marrón. No quiero por nada del mundo que un amigo mío del alma, como Carlo, por ejemplo, se implique en algo así, pero en fin, es lo que hay

:-(

Desde que tengo uso de razón, me recuerdo con una intolerancia desproporcionada al dolor.

Es tanto, que cualquier molestia que vaya medio grado más allá del dolor moderado, me provoca casi en el acto, una lipotimia, con el consecuente desmayo y perdida de conocimiento.

Y no es broma.

¿Cómo imaginar por tanto siquiera, la posibilidad de sentir dolor en la cama? Para mí es impensable.

Y por si fuera poco, también siento dolor por “simpatía”, con todo lo que ello arrastra: o sea, que si yo te veo sufrir a ti o sencillamente me relatas con detalle tu sufrimiento, empiezo a ver motitas negras que parpadean, siento hormigas en la cabeza y en cuestión de un momento, empiezo a caerme.

¿Me imagináis a mí pariendo? No, yo tampoco lo imagino.

En fin.

Trato de entender a Carlo y a los sadomasoquistas. Eso sí. Y desde mis carnes, no puedo. Supongo y entiendo que ellos tienen mucha tolencia al dolor a diferencia de lo que me sucede a mí.

El pellizco o mordisco en el pezón que le puedas dar a Carlo, yo, en mi cuerpo, lo siento amplificado por veinte, de modo que lo que para él es “normal”, para mí es insufrible.

¿Puedo hacer algo yo por cambiar esto? Me temo que no. Mi cuerpo va a ser siempre igual. Para mí el sexo ha de ser muy suave para que sea placentero.

No obstante, le he dicho a Carlo que haré un esfuerzo para entender esta estupidez suya, porque no merece otro nombre. Y creo que un día, hasta logrará que le haga una sesión de sado.

Pero eso sí: a mi modo.

El día que se la haga, os dejaré por aquí un reportaje gráfico.

Y por cierto, si tengo lectores sadomasoquistas por este blog, me ayudaría mucho oir vuestra opinión, a ver si consigo cambiar mi visión de las cosas y dejo de pensar que los amantes del BDSM sois unos gilipollas (y que conste que lo digo desde el respeto y el cariño).

Y, a veces -para los que lo estáis pensando- es cierto que yo también soy una gilipollas, lo reconozco al menos, y me pongo radical y fascista con ciertos temas. Éste, como veis, es uno de ellos.

¿Me pega el rollo catwoman?

La Mari, recauchutada.

La Mari, recauchutada.

Me aburro.

Anoche salí por ahí vestida de catwoman. Con látigo de siete colas incluído (aunque en realidad tiene mucho más de siete…). Azoté un montón de culos de tíos, aunque ni uno sólo me hizo caso.

¡Es que con algo me tengo que entretener, joooooooo!

Es divertidísimo ver la cara de pasmados que se les queda a todos cuando me quito el abrigo y emerge mi look de pegona sadomaso. Ni siquiera saben reaccionar. La cara de los hombres, en particular, es un poema. La boca abierta y se quedan sin saber qué decir.

Y todo por unos pantalones de cuero negro, unos buenos tacones y un top…

Los hombres son unos animalitos adorables a la par que extraños.

Otra parte muy entretenida de mi movida de ayer, fueron los preparativos.

Acudí a una conocida tienda de ropa en busca de mis pantalones de cuero. Allí me topé con una vendedora extremadamente cariñosa que se metía en el probador conmigo a tocarme el culito, para comprobar lo bien que me sentaban los pantalones.

Imagino que le iría el rollo sadomasoquista, porque no me quitaba ojo ni manos de encima y me sacó todos los pantalones de cuero de la tienda y me los hizo probar. “Tú me los enseñas, que te los quiero ver todos”.

Y yo, que tenía un día tonto, allí estaba, dejándome querer, y recibiendo interminables halagos de la vendedora amorosa…

Pero la verdad, no sé yo si me pega a mí el rollito catwoman.

A mí me da que el cuero me hace gorda, ¿no? Podéis opinar con sinceridad, lo soportaré. ¿Creéis que debo pasarme al sado, o mejor me quedo en bata en mi casa? ¡Ay, no sé!:

 

Aquí yo, en cuerines, jeje

Aquí yo, en cuerines, jeje

Vaya culete más gordo, ¿no? A la vendedora le encantaba, eso sí.

Vaya culete más gordo, ¿no? A la vendedora le encantaba, eso sí.

Os voy a pegar una paliza, mamones.

Os voy a pegar una paliza, mamones.

Me los quito ya, que me siento gorda.

Me los quito ya, que me siento gorda.

¿Follar o ser follado?

Conjunto de lencería gris para dominar el mundo... XD

Modelo de lencería gris para dominar el mundo… XD

Otro de los temas sobre los que leo muchas opiniones es el del rol activo o pasivo de los miembros de la pareja.

Carlo cuenta una anécdota de una novia suya que tuvo a la que le explicó, a raiz de la declaración del IRPF, que ella era el sujeto pasivo a todos los efectos. Por lo visto a la muchacha no le hizo ni pizca de gracia y lo interpretó de aquella manera.

En cierto modo, yo la entiendo.

Lo he dicho otras veces en este blog: a mí lo de ser pasiva y víctima y cosas por el estilo, no me convence.

Si me dan a elegir -en la cama- entre gobernar o ser gobernada, atar o ser atada, ser activa o ser pasiva- elijo la primera de las alternativas en todos los casos.

Y es curioso esto, porque en el resto de ámbitos de mi vida yo no soy en absoluto mandona. Es más: no me gusta mandar. Cuando me han ofrecido en el trabajo puestos de mandona, he dicho que no.

Pero en la cama, es diferente (dice Carlo que esta es una de las frases favoritas de las mujeres: “es que es distinto” o “no es lo mismo”, jejeje).

Me gusta mucho más montarme sobre un machote y llevar yo las riendas, que el machote me ponga mirando a Cuenca y ahora vete tú a saber qué va a hacerte…

Prefiero follaros yo a que me folléis vosotros.

Porque no es lo mismo estar follando que estar follada.

Recuerdo que Carlo alguna vez me ha dicho con su voz sensual aquello de: “Un día te voy a atar y te voy a hacer …”.

A lo que yo, con cautela, he respondido: “Dispués”.

No me fío un pelo.

Ya que no mando en ningún otro sitio, al menos en la cama, me gusta mandar a mí. Aunque sea un poquito. Porque tampoco es que me guste coger la fusta y someteros a mis deseos.

Pero lo prefiero a ser la fustigada. Cuestión de gustos.

¿Qué preferís vosotros?

¿Follar o ser follados?