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Ropa sexi

Tó buena la Mari.

Tó buena la Mari.

Mete la barriga, Mari. Y saca pecho.

Mete la barriga, Mari. Y saca pecho.

Toma pelos.

Toma pelos.

Pues hoy no tengo ganas de hablaros de cosas trascendentes, ni de arreglar el mundo.

Así que toca sesión de moda.

Aquí arriba la Mari, con minifalda blanca y en topless.

Cuando salgo a la calle con esa falda, siempre me pongo debajo braguitas de color rojo chillón, pá que no se me vea el totis al agacharme…

Me encanta.

Tetas y culo

¿Os gusta cuando me pongo en modo pitufo gruñón?

¡Me tenéis contenta, macho!

Anda, va, os voy a poner unas tetas y un culo, pero no le comáis más el chichi a Carlo, ¿vale?.

Es que sois como niños:

Este es el conjunto de perlas, pero de invierno, más recatadito y tapando más.

Este es el conjunto de perlas, pero de invierno, más recatadito y tapando más.

Ah, y la parte trasera del conjunto veraniego, que se me olvidó el otro día.

Ah, y la parte trasera del conjunto veraniego, que se me olvidó el otro día.

Los charcuteros calientes

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Desde hace mucho tiempo, voy a hacer la compra una vez por semana a un conocido supermercado de nuestra localidad, con una amiga.

De ir una y otra vez al mismo súper, llega un momento en que allí te conoce hasta el tato.

Mi sección favorita es la de charcutería, porque -no me preguntéis cuál es la razón, ya que la desconozco- allí es donde los tíos están más salidos.

Y no me refiero a los clientes (que a veces también lo están), sino a los trabajadores. A esos sufridos charcuteros que echan horas y horas detrás del mostrador cortando jamones, quesos, chorizos, pechugas de pavo y lo que se tercie.

Se ve que vivir entre embutidos produce desenfreno sexual.

La cuestión es que tengo a los pobrecillos muy calientes. Hasta mi amiga me lo dice. Yo no les hago el menor caso y me limito a sonreirles y saludarles con educación, mientras hago tiempo al lado de mi amiga, que es la que pide un montón de cosas en la charcutería.

Hace un par de semanas pillé a uno de ellos de puntillas, asomado por el mostrador mirándome las piernas. Él pensaba que no lo había visto, pero de pronto -por pura casualidad- se encontró con mi mirada sarcástica diciéndole “chaval, te he pillado, ahora no trates de disimular”.

Enrojeció al instante y yo corrí un tupido velo.

Desde ese día me pongo las faldas cada vez más cortas y más escote.

Así que lo charcuteros están más y más calientes.

El otro día, se peleaban por la máquina de cortar jamones que estaba más cerca de mi amiga. Mi amiga les riñó y les preguntó que si esa era la que mejor cortaba. A lo que uno contestó: “no, es que aquí es donde está la más guapa”.

Yo miré para otro lado, como si no fuera conmigo la cosa y le dije a mi amiga que era ella la que había ligado. Ella dijo que no, que era yo, pero que por si acaso, ella también se pondría minifalda para ir a comprar.

Después agregó: “hay que ver lo zorra que te estás volviendo, que cada vez enseñas más las piernas en el super, para que te miren los charcuteros”.

Pero no lo puedo evitar. A mí es que me gustan los charcuteros calientes.

Y los hombres calientes.

Mientras más calientes y más salidos, mejor.

¿Y acaso hay algo más bonito en esta vida que ponerle la polla dura a un hombre?

Bueno, los gatos son también bonitos, pero no hay color…