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¿Cuánto dura un polvo?

Carlo, tío: ¿falta mucho?

Carlo, tío: ¿falta mucho?

Es todo un clásico de las bromas sexuales eso de que “dura lo que dura dura”.
La cuestión que, por tanto, planteo hoy es: ¿cuánto dura un polvo?
Obviamente, depende. Los hay de los rápidos: aquí te pillo y aquí te mato. Los hay normalitos, y los hay laaaargoooos y tendidos (también pueden ser de pie, pero es más cansado).
Si me preguntaran cuál prefiero yo, también diría que depende. A veces, por las razones que sean, apetece uno rápido y otras, a una le gusta tomarse su tiempo.
Es curioso cuando te acuestas con distintos chicos, como se notan las diferencias de unos a otros. Cada uno es un mundo, y en la cama, más aún.
He tenido dos parejas de las rápidas. Uno era muy fogoso y me explicaba que él era muy caliente y que como yo estaba muy buena, pues se corría rápido. Me decía que si quería que aguantara más tiempo, necesariamente yo tenía que colocarme encima y tomar las riendas y llevar el ritmo. Yo lo hacía, pero mi tórrido compañero se corría igual de rápido.
Era un tío un poco plasta, la verdad, así que casi mejor que se corriera pronto y antes me lo podía quitar de encima… (nunca mejor dicho). Bromas aparte, tenía su morbo, pero me aburrió muy pronto.
El otro tenía un problema de inseguridad que yo no supe percibir a tiempo. El caso es que los polvos con él tenían una limitación temporal muy definida y él los vivía como una especie de carrera contra reloj: si tardaba más de X minutos en correrse, ya no había huevos de conseguirlo y sufría irreversibles gatillazos. No tenía ningún problema físico y era un tío estupendo, pero se hacía tantas pajas mentales, que podía haber llenado con ellas varios pajares hasta el techo. Era su inseguridad lo que le provocaba los gatillazos. Aunque según él, los provocaba yo… (en fin, corramos un tupido velo, y perdonemos a nuestros enemigos, que el rencor es malo, dicen).
Y claro, un día la casualidad te pone a Carlo en tu camino y ya nada vuelve a ser como antes.
Carlo, el gordito morbósido,… es una bestia sexual.
Ahí donde lo veis, sí.
Los polvos con Carlo no son largos…: son interminables. Al cabo de un hora, tú comienzas a preguntarle, entre inquieta y cachonda, aquello de:
– Carlo, tío: ¿falta mucho?… ¿Cuándo llegamos, eh?
Este espécimen de macho sobrehumano, en materia de erecciones, es como un bucle sin fin.
Y nada de viagra, ni cosas raras: todo natural. Una polla duraderamente dura.
La verdad es que eso es estupendo para disfrutar del sexo, descubrir cosas de tu propio cuerpo y de los orgasmos en general. Pero también hay que reconocer que es DURO.
Tras dos horas aproximadamente de “Carlo con la polla tiesa”, dale que te pego, una termina exhausta. Al día siguiente, tienes tantas agujetas, que cuando ves un escalón, te dan ganas de llorar. Y si ves una polla, te pones a gritar histérica:
– ¡¡¡Aparta eso de mí!!!.
No sé qué come Carlo para estar así. Lo mío para estar buena son los dátiles, ya sabéis. Lo de Carlo es un misterio tántrico.
Es una máquina de follar y un Patrimonio Morbósico de la Humanidad.