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De swingers y otros bichos

Tu marío es pá mí, y punto.

Tu marío es pá mí, y punto.

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Supongo que habréis oído y/o leído que se habla mucho de swingers, liberales, parejas o relaciones abiertas y esas cosillas.

A mí las clasificaciones y las categorías siempre me han hecho mucha gracia. Si te sientas un rato a hablar con personajes de estos que viven inmersos en sus “clubs liberales”, no tardarán ni diez minutos en explicarte con detalle cientos de categorías y nombres que se usan para describir tal o cual práctica o afición sexual.

Os preguntaréis, llegados a este punto, que a qué viene tanta tontería hoy de la Mari.

Y también os cuestionaréis u os habréis cuestionado si el Carlo y yo somos swingers, Pimpinela, Heidi y Pedro, Camela dando gritos de terror o Sagitario.

¿Son ustedes swingers? Pues mire, no, somos Carlo y María, tanto gusto.

Nosotros es que vamos a nuestra bola, por si aún no lo habíais notado, que hay que estar -dicho sea de paso- muy tonto para no darse cuenta.

Conocemos swingers, eso sí, y son gente muy simpática y muy apañada, pero raritos de cojones por lo general, y que conste que lo digo con todo el cariño.

La primera cosa que me sorprende de estos animalitos entrañables es que tienen unos mandamientos. Sí, también son diez, como los de la Biblia, pero menos santos.

El primer mandamiento-amén- del decálogo swinger dice lo siguiente:

No intentar romper ningún matrimonio, así como tampoco una relación estable. No te involucres de forma sentimental con nadie.

Es una norma prioritaria y muy importante para ellos, que con frecuencia te recuerdan.

Pues miren, señores, a mí me la trae al pairo que venga una maroma y se lleve al Carlo de mis brazos.

¿Que te gusta Carlo? Pos pá ti, coño, llevátelo. Está tó gordo, ronca, no ayuda en casa ni en el blog, ni en las páginas de contactos, ni en el whatsapp, ni en contestar correos, ni en ná…

Involúcrate sentimentalmente con él todo lo que quieras. Ya verás qué divertido.

Es que de verdad, no tenéis sentido del humor ni sois capaces de abrir vuestras mentes…

¿Y en lo que a mí respecta? Pues qué os voy a decir: el gato es mío y me lo follo cuando quiero. Pues con tu marido, pasa igual.

Yo he venido aquí a quitarte a tu marido, por supuesto. Esa es la idea.

Me lo follo, me lo camelo y me lo quedo para siempre y tú, tonta, no le ves más el pelo en lo que te queda de vida.

De hecho, he preparado ya una nave de 23.426 metros cuadrados en el Polígono Guadalhorce, para ir metiendo a vuestros maridos dentro (porque meterlos fuera es tontería).

Joder, luego no veas qué putada para alimentar a tantos…

Pero en fin, que el Carlo y yo es que vamos a nuestra esfera y ya sabéis a qué hemos venido: pues a hablar de mi libro, leche, que no os enteráis.

Otro día seguiré charlando y haciendo inteligentes comentarios como éste, sobre el resto de mandamientos swingers.

Ea.

Ropa sexi

Tó buena la Mari.

Tó buena la Mari.

Mete la barriga, Mari. Y saca pecho.

Mete la barriga, Mari. Y saca pecho.

Toma pelos.

Toma pelos.

Pues hoy no tengo ganas de hablaros de cosas trascendentes, ni de arreglar el mundo.

Así que toca sesión de moda.

Aquí arriba la Mari, con minifalda blanca y en topless.

Cuando salgo a la calle con esa falda, siempre me pongo debajo braguitas de color rojo chillón, pá que no se me vea el totis al agacharme…

Me encanta.

De ovejas y monos

Aquí reino yo.

Aquí reino yo.

Algo que me ocurre con frecuencia, y que me preocupa, es que las parejas (bueno, normalmente es el hombre el que me lo comenta) me explican que están tratando de convencer a su chico o chica para participar en un intercambio de parejas con nosotros.
A mí Carlo –y hace más de cuatro años que lo conozco- nunca en la vida me ha tratado de convencer de nada. Ni de follar, ni de hacer intercambios, ni tríos, ni orquestas sinfónicas.
Ha hecho algo tan simple como preguntarme si quería participar en.
Ni me ha dado explicaciones, ni argumentos, ni ha mencionado ventajas, desventajas, ni nada por el estilo.
Yo he respondido sí o no, en función de lo que me apetecía en cada momento. Sin sentir ningún tipo de presión, sin pensar que voy a “perderlo” porque diga que no, o porque si no voy con él, irá con otra y yo seré una triste princesita destronada…
¡Si yo soy la reina de mi vida!
Carlo irá con quien quiera, le diga yo lo que diga, como debe ser. Lo conocí siendo así y así espero y deseo que siga.
Y yo haré lo mismo.
Es más, ojalá Carlo (y yo), con independencia de lo que haga el otro, conozca (conozcamos) a más personas (a montones de personas) del otro sexo con las que –simultáneamente- hacer más intercambios o juegos sexuales que sean de su (nuestro) agrado.
Somos una mujer y un hombre libres que hacemos lo que nos viene en gana y ni nos damos ni nos pedimos explicaciones o argumentos.
Y no te preocupes en absoluto, querido lector, si no entiendes lo que acabo de decir. Para bien o para mal eres un puto monógamo más. Te han educado como a tal desde que tuviste conciencia de ti mismo. Tu madre te comió el coco. Tu padre te comió el coco. La televisión y el cine te lavaron el cerebro. Tus amigos y conocidos te fueron manipulando hasta hacer de ti lo que eres hoy. Los que te gobiernan, te moldearon y te hicieron justo como ellos deseaban…:
Mono y oveja.
Oveja y mono.

Un gordo en mi cama

Pá jamones, los de patanegra (o los míos, que están curaditos también)n

Pá jamones, los de patanegra (o los míos, que están curaditos también).

Sé que muchas (y muchos) me envidiáis, porque tengo un parejo como Carlo.

No todos los días encuentra una un machote que llevarse a la boca, lleno de morbos, testosteronas y duraciones extra largas.

Soy una afortunada.

Además, le tengo cariño, respeto y me cae fenomenal.

Y aunque él sea parco en demostraciones de cariño (anda, que la que va a hablar…), no puede evitar que, al verme, se le mueva sin control la colita y se le haga la boca agua (más que nada, esto último, porque se acuerda de las cervecitas con tapita que le debo permanentemente).

Pero no todo son ventajas.

No señor.

De fuera, todo se ve muy bonito y muy bucólico.

Pero tenemos un serio problema.

Carlo está gordo.

Sí.

Gordo.

Hombre… ¿pero muy gordo muy gordo? Ptsssss, nooooo, lo normal para un español cervecero de mediana edad. Carlo es el típico español (aunque bien podría ser alemán si fuera un poco más rubio y tuviera los ojos menos negros). Hasta tiene pedigrí y tó.

Todo es cuestión de relatividad. ¿Gordo comparado con quién, a ver?

Hombre, a mi lado, Carlo está gordo. Pero él de eso no tiene la culpa. Nadie es culpable de que yo sea una chica escultural, cuerpiperfecta y esté en forma (y no redondeada precisamente). ¿Queréis saber que hago para estar tan buena? ¿Queréis saber si me mato en el gimnasio? Pues mirad, no. Lo mío es natural y nunca he pisado un gim. Les tengo maní. Manía quiero decir. Mi madre y mi abuela eran unas tías que estaban cañón. Lo llevo en los genes.

Sé que jode, pero es lo que hay.

¿Y comparado con Homer Simpson? ¿Carlo está gordo? Pues más o menos está como él, pero menos amarillo, afortunadamente.

“En este mundo traidor nada es delgadez ni gordura; todo es según el grosor del cristal con que se mira”… O algo por el estilo que decía el amigo Campoamor.

El caso es que cuando alguna pareja se interesa por nosotros y quiere conocernos, lo primero que les digo es que miren bien nuestras fotos del blog, en especial las de Carlo (no por nada, sino porque yo estoy muy vista y mis fotos están por todos los rincones del blog, de twitter y de google plus, mientras que él para lo de la fotografía es más “tímido”).

Y esto es como el que va a comprar tabaco y nunca más regresa…

Las parejas van al blog, ven las fotos de Carlo y jamás vuelvo a saber de ellas…

Es lo que tiene emparejarse con Torrentes…

Somos la Bella y la Bestia de los intercambios de pareja en Málaga…

Carlo me dice que no me corte y que cuando quiera, lo reemplace por algún canijo y así todos tan contentos…

¡Pero es que a mí me gusta este gordo, coño!

Jamón hay de muchas clases, y comer se puede comer cualquiera, pero pudiendo papear pata negra… ¿pa qué voy a degustar yo carne cruda de marrano anoréxico?.

¡Anda ya!

Como dijo Mari la Modesta en una ocasión:

“Las feas se quedan con lo pueden. Las guapas (como yo) con lo que quieren.”

Yo a ti te follo

Aquí la Mari, acechando a su víctima armada con un calabacín.

Aquí la Mari, acechando a su víctima armada con un calabacín.

Tsssssssss, que ya viene.

Tsssssssss, que ya viene.

Desde hace muchos años, Carlo lleva siempre un cuchillo escondido en el coche, por si las violadoras…, no vaya a ser que un día dé con una, se arrepienta ella en plena faena y la tenga que amenazar con el arma para que continúe lo que empezó…

Otra fantasía sexual recurrente de la mayoría de los seres humanos es la del sexo con violencia. Obviamente me refiero a asumir el rol de violador o de violado dentro de una relación física entre adultos que saben lo que hacen y que consienten plena y conscientemente en interpretar dichos papeles.

Opino que cualquier rol que quieras asumir en la cama es válido si lo haces con libertad y de motu propio y es lo que te apetece y gusta.

A mí me resulta muy excitante pensar que soy una violadora, que espera agazapada entre las sombras a un machote y lo viola con Nocturnidad y Alevosía (son dos amigas mías que también quieren ser violadoras y me ayudan a inmovilizar a la víctima -es que yo sola no puedo-…, como los ángeles de Charlie, pero en arpías).

Me encanta imaginar que empiezo a meterle al hombre las manos en los pantalones y él forcejea conmigo y me dice que no quiere. Le arranco la ropa mientras se resiste y al fin lo dejo como su madre lo trajo al mundo.

Él sigue diciendo que no quiere que me lo folle y me suplica que no lo haga, pero por mucho que él diga que no, su polla tiesa me señala acusadora diciendo que sí.

– Yo a ti te follo, nene.

Y lo que más me gusta de todo es cuando mi víctima llora y me dice, como último intento de inspirarme compasión, aquello de:

– Mari, por favor, no: es que tengo novia.

Con eso enciende mi ira y me pone a mil:

– Pos ahora te vas a enterar, monógamo asqueroso.

¡Y plaf!, de un golpe y sin vaselina, me monto a horcajadas sobre mi víctima, y me meto su polla hasta lo más hondo de mi vagina. Y él grita:

– Noooooooooooooooooooooooo.

Y yo le digo:

– Aaaaaaaaaaahhhhhhhhh, te jodes: ya estás follao.