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Buscando novia liberal

Aquí la Mari, que sigue mu tapadita este otoño.

Aquí la Mari, que sigue mu tapadita este otoño.

Me hace mucha gracia el Twitter, porque cuando se nos unen nuevos seguidores, a veces suelto una carcajada cuando veo los nombres y/o fotos de algunos y algunas de los recién llegados.

El personal le echa de todo: imaginación, cara dura, mal gusto, faltas de ortografías de las que dan ganas de llorar, originalidad, y un largo etcétera de calificativos buenos y malos, según el día.

El que me ha resultado más cachondo últimamente es un perfil que se llama algo así como “busconovialiberá”.

El tuitero explica en su perfil que, después de vivir un tiempo en pareja, ha decidido que la monogamia de las narices no es lo suyo, así que quiere cambiar de vida y agenciarse una novia liberá.

Sé lo que quiere decir y por supuesto entiendo que es posible tener una novia o novio liberal.

Pero el caso es que me río porque yo le tengo alergia a la palabra novia y novio.

El sentido que yo le doy a esos términos es el de pareja estable y única dentro de una relación monógama, donde están excluidas y estigmatizadas las terceras personas.

Sí, sí, ya sé que en el lenguaje popular, la acepción del vocablillo es mucho más amplia y todos entendemos lo que es.

Pero a mí no me gusta. Le tengo manía, oigan.

Para mí, decir novia liberal, es una contradicción. Una novia no puede ser liberal. Una novia novia es fiel y no folla con terceros ni admite que a su novio se lo trajinen otras.

Me gusta más el palabrejo “pareja”.

“Amante” me gusta hasta menos que novio o novia. Porque el amante no ama. Folla.

En todo caso, sería “follante”. Pero suena mal, ya.

Una, que es una maniática de las palabras.

Carlo habla con frecuencia de sus miles de novias. Inevitablemente me da la risa. Es pensar en un Carlo ennoviado, enamorado, mandando flores y con el corazón latiendo a mil al ver a su novia… y entrar yo en estado catatónico de carcajeo continuo.

Lo siento. Soy una cabrona, lo sé.

A mí al Carlo me gusta imaginármelo feliz y con su polla tiesa, dándole que te pego. Pero de ahí a tener novia, hacer ñoñerías y conocer a sus suegros… hay un largo y tenebroso trecho.

Menos mal que desde hace un tiempo, Carlo ha dejado de tener novias novias. El día que yo le vea con una, dejo de hablarle.

Monógamos asquerosos…

Los novios son un marrón

Mari, a vé: ¿ké es lo que tú ase ahora? ¿Aónde está tu novio, ein?

Mari, a vé: ¿ké es lo que tú ase ahora? ¿Aónde está tu novio, ein?

Cuando eres chica y estás en edad de”merecer” -como hubiera dicho mi abuela-, la gente te pregunta con insistencia y curiosidad morbosa, si tienes novio.

Yo siempre respondo que no tengo novio, que me he quitado.

A ver, yo novio novio ya tuve.

Sí: tonterías de la juventud, como dice el Carlo.

A ver: ¿Se puede saber para qué coño quiero yo un novio?

Porque antes de nada…: ¿Qué es un novio?

Un novio es, básicamente, un marrón con patas.

Se trata de un chavea con vocación de permanencia, al que no te puedes sacudir de encima ni a palos. Te quiere con toda su alma y aspira a hacerse viejo a tu lado, fecundándote previamente… Es celoso, ensucia lo que tú limpias, pone fútbol, y delante de sus amigos presume de ser quien lleva los pantalones, cuando todo el mundo sabe que es un calzonazos…

Un novio. Manda cojones. Y pensar que tener uno es la máxima aspiración del 95% de las mujeres que conozco.

Así nos va.

Muchos tíos se alegran cuando me preguntan si tengo novio y les digo que no. Se alegran porque creen entonces que tienen una oportunidad de ocupar la plaza.

Pobrecillos. Tardan poco en llevarse la decepción de su vida.

La experiencia me ha enseñado que la mejor opción es rodearse de amigos del tipo MACHO ALFA.

Y tú en tu casa, y yo en la mía.

Mi familia, aún sin conocerlo de nada, están empeñados en que Carlo es mi novio. Son continuas las bromas:

“Bueno, Mari, ¿cuándo vas a presentarnos oficialmente a tu novio?”.

Y yo: ¿a qué novio?

Y ellos: “Pues al Carlo, a qué novio va a ser si no”.

Los miro con una sonrisa enigmática y muchas veces pienso que podría explicárselo. Pero no lo entenderían. ¿Cómo van a entender los pobres que Carlo no es mío, sino un patrimonio histórico de la Humanidad?

Carlo es SU de él.

Lo que me faltaba a mí era poseer a Carlo. Ni que yo fuera el demonio. ¡No te jode! Además, come y bebe una barbaridad. Sería mi ruina.