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Mari la simpática

La Mari, cuando quiere, es un amor.

La Mari, cuando quiere, es un amor.

Carlo dice que no ligo porque le doy mucha caña a los tíos.

También hay quien dice que soy borde.

Pero no es verdad, yo no soy borde, so desgraciados.

XD

Lo que le pasa a los tíos es que la mayoría son muy mariconcetes y, o no lo saben, o, aún sabiéndolo, no lo reconocen.

Bueno, es verdad que a mí a veces me gusta dar caña y decir burradas y borderías, pero lo hago desde el cariño y el respeto,que conste, ¿eh?, puercos gusanos de los huevos.

Y sin acritud siempre.

La acritud es mala, hostia puta.

Para que veáis que en realidad no es cierto que yo sea una creída, borde y estúpida de mierda, ahí os dejo una foto con cara de ángel y con la sensual y dulce sonrisa que mis labios tienen estudiada para fingir que soy una niña buena y adorable.

¿A que vista así doy el pego?

(Pero gilipollas, que no me miréis las tetas, miradme la sonrisa).

Ropa sexi

Tó buena la Mari.

Tó buena la Mari.

Mete la barriga, Mari. Y saca pecho.

Mete la barriga, Mari. Y saca pecho.

Toma pelos.

Toma pelos.

Pues hoy no tengo ganas de hablaros de cosas trascendentes, ni de arreglar el mundo.

Así que toca sesión de moda.

Aquí arriba la Mari, con minifalda blanca y en topless.

Cuando salgo a la calle con esa falda, siempre me pongo debajo braguitas de color rojo chillón, pá que no se me vea el totis al agacharme…

Me encanta.

Lo que me gusta de los hombres

Me gustan las miradas ardientes.

Me gustan las miradas ardientes.

Hoy le voy a dar un repaso a la anatomía masculina. En concreto, a las partse del cuerpo de los hombres que yo encuentro más sensuales:

1º. Los culitos. Pensaréis que soy menos profunda que un charco, como dice uno del twitter, pero es lo que hay. La inteligencia será todo lo sexi que queráis, pero no se ve a simple vista, y donde se ponga un culo de machote, que se quite todo lo demás. Son (bueno, en la mayoría de los casos), contundentes, duros, suaves… Dan tantas ganas de agarrarlos, azotarlos, morderlos… Eso sí: los peludos no me gustan. Y sobre todo, me encanta la función de “agarre” que tienen en pleno acto sexual.

2º. Los huevos. “Halaaaaaaaaaa, qué bruta”, pensaréis. Sí, sí, pero a mí me gustan. Tan redonditos, tan graciosos, tan delicados… Caben en una mano y a mí me gusta agarrarlos en los momentos íntimos. Recuerdo que la primera vez que follé con Carlo, allá que me fuí yo a por sus huevos y entonces me dijo: “¿te gusta cogerme los huevos, eeehhhh?, así es como hay que tener a un tío: cogido por los huevos… apriétamelos fuerte, más fuerte…”. La verdad es que estrujar huevos, da sensación de poder y dominio cuando estás montándotelo con un hombre.

3º. La espalda. Tiene esa forma tan masculina y viril, que a mí siempre me ha gustado sentirla contra mi cuerpo y acariciarla y besarla.

4º. Las manos y los brazos: manos y brazos (sobre todo antebrazos) de hombre, que son un preludio y promesa de todo lo que después vendrá…

5º. La boca. Me gustan los labios carnosos y las bocas sensuales. Carlo tiene la boca perfecta que yo opino que debe tener un hombre, por ejemplo. Lo mejor es cuando esos labios jugosos y tiernos se cierran en torno a mis pezones…

6º. El cuello. Me resulta muy plancetero besar y mordisquear un bonito y masculino cuello de hombre. Juguetear un rato con los lóbulos de sus orejas tampoco está mal.

7º. La voz. Voz de hombre, sensual, firme, serena… Eso es tremendamente sensual.

8º. Los ojos. Que desprendan seguridad, alegría, morbo, vida… Los ojos y la mirada de Carlo, en ese aspecto, creo que se llevan la palma de cuantos ojos de hombre he mirado hasta ahora. Adoro ver cómo se trasluce en unos ojos de hombre que tiene la polla dura… Eso se nota mucho, la mirada se torna ardiente, y lo encuentro muuuuuy erótico.

Seguro que se me ha olvidado algo, pero a grandes rasgos, ahí va lo más destacable.