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¿Te follo o te pego?

Tu abuela te va a hacer sadomasoquismo.

Tu abuela te va a hacer sadomasoquismo.

No sé si os lo había contado antes, pero Carlo es sadomasoquista.

Sí, es cierto.

Nadie es perfecto.

Y últimamente le ha dado por lanzarme -como quien no quiere la cosa- sutiles mensajes con anexos chantajes sexuales, cuyo pretendido fin no es otro que lograr que yo lo infle a hostias

Y en eso estoy pensando yo, oigan: en pegarle al puto gordo gilimasoca.

Para mí el dolor y el placer son cosas por completo excluyentes.

Cuando me hablan de sadomasoquismo, de forma automática se me hace un nudo en la garganta y me dan ganas de llorar. Ni idea de por qué: soy una sentimental, supongo. ¿Pero sabéis que los aficionados a estas cosas, suelen acabar con frecuencia en urgencias, y con la policía “escoltándolos”? Los masocas podéis decir misa si queréis, pero lo vuestro es un marrón de los gordos. Y el sexo debe ser divertido y no un marrón. No quiero por nada del mundo que un amigo mío del alma, como Carlo, por ejemplo, se implique en algo así, pero en fin, es lo que hay

:-(

Desde que tengo uso de razón, me recuerdo con una intolerancia desproporcionada al dolor.

Es tanto, que cualquier molestia que vaya medio grado más allá del dolor moderado, me provoca casi en el acto, una lipotimia, con el consecuente desmayo y perdida de conocimiento.

Y no es broma.

¿Cómo imaginar por tanto siquiera, la posibilidad de sentir dolor en la cama? Para mí es impensable.

Y por si fuera poco, también siento dolor por “simpatía”, con todo lo que ello arrastra: o sea, que si yo te veo sufrir a ti o sencillamente me relatas con detalle tu sufrimiento, empiezo a ver motitas negras que parpadean, siento hormigas en la cabeza y en cuestión de un momento, empiezo a caerme.

¿Me imagináis a mí pariendo? No, yo tampoco lo imagino.

En fin.

Trato de entender a Carlo y a los sadomasoquistas. Eso sí. Y desde mis carnes, no puedo. Supongo y entiendo que ellos tienen mucha tolencia al dolor a diferencia de lo que me sucede a mí.

El pellizco o mordisco en el pezón que le puedas dar a Carlo, yo, en mi cuerpo, lo siento amplificado por veinte, de modo que lo que para él es “normal”, para mí es insufrible.

¿Puedo hacer algo yo por cambiar esto? Me temo que no. Mi cuerpo va a ser siempre igual. Para mí el sexo ha de ser muy suave para que sea placentero.

No obstante, le he dicho a Carlo que haré un esfuerzo para entender esta estupidez suya, porque no merece otro nombre. Y creo que un día, hasta logrará que le haga una sesión de sado.

Pero eso sí: a mi modo.

El día que se la haga, os dejaré por aquí un reportaje gráfico.

Y por cierto, si tengo lectores sadomasoquistas por este blog, me ayudaría mucho oir vuestra opinión, a ver si consigo cambiar mi visión de las cosas y dejo de pensar que los amantes del BDSM sois unos gilipollas (y que conste que lo digo desde el respeto y el cariño).

Y, a veces -para los que lo estáis pensando- es cierto que yo también soy una gilipollas, lo reconozco al menos, y me pongo radical y fascista con ciertos temas. Éste, como veis, es uno de ellos.