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Porretas, NO

Hay gente que no acepta un no.

Hay gente que no acepta un no.

Ya hacía tiempo que no me metía con mis amigos los swingers. Y como sé y me consta que visitan nuestro famoso blog un día sí y otro también -ansiosos ellos-, y esperan encontrar nuevos artículos en los que los fustigue sin piedad, pues… ¡¡¡ahí lleváis unas hostias, compañeros!!!

Es que sois unos mazorquitas de mil pares de narices.

Como os he explicado alguna que otra vez, -queridos lectores, admiradores y detractores- nuestros bichitos swíngeres, tienen un decálago de conducta (que por cierto, para ser swinger, todos tienen que ser investidos -digo desvestidos- en un acto solemne donde juran o prometen sobre un vibrador itachichi, cumplir y hacer cumplir su Código de ronrón… pero en relación con esto ya publicaré una entrada detallada otro día, tranquilos).

Es igual que los diez mandamientos (que dice Carlo que eran 15, hasta que al pavo lacio de Moisés, se le cayó una tabla bajando de la montaña esa, se le rompió y quedaron en 10), pero para follandillo en grupo.

Hay un mandamiento swinger que dice -con buena lógica- que no se debe forzar a nadie a hacer lo que no quiere y menos a la propia pareja, debiendo entenderse siempre -y en todos los casos- que UN NO ES UN NO.

Pero eso sí: más de un lagartijo swinger entiende que el  “no” recibido, le autoriza directamente para tomar represalias contra el que se niega.

Unos te bloquean directamente en la red social de turno, sin más.

Otros responden a tu “no”, iniciando una campaña agresiva de desacreditación, publicando tus miserias en el muro de la red social, organizando manifestaciones en tu contra y explicándole a sus conocidos swingers, todas y cada una de tus maldades.

Esa es la forma en que ellos interpretan sus propias normas. Y como diría el Carlo: son sus costumbres y hay que respetarlas.

Pero, María, tú siéntete libre de decir que no, que no pasa nada…

JA.

No hace falta que os diga por dónde nos pasamos Carlo y yo vuestras represalias liberales. Nosotros sí somos personas libres, a diferencia de vosotros.

Nosotros decidimos qué hacemos, cuándo lo hacemos, con qué intensidad lo hacemos, si follamos en casa o vamos donde a ti te salga del nabo, qué metemos en nuestra cama y por dónde…

Porque…: ¿Os imagináis meter en vuestra cama a una pareja de lampreas, o de dugongos? ¿O a unas medusas del Mar del Norte? ¡Con lo que eso tiene que picar!

Pues a nosotros, por ejemplo, no nos da la gana follar con porretas. Nadie en su sano juicio se metería en la cama con un porreta, ¿a que no?, salvo que no tengas más remedio o estés muy necesitado. Los porretas acumulan en su cementerio personal, una legión de neuronas muertas, que ralentizan su existencia y entorpecen sus movimientos… Y encima, echan peste a porro.

Por eso, y como bien decía mi viejo:

Los porretas, cuando no la cagan a la entrada, la cagan a la salida.

Porretitas, NO, gracias.