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Ventajas e inconvenientes de los bares liberales

No nos gustan los bares de intercambio de parejas.

El intercambio de parejas es más habitual de lo que cree la gente.

Llevamos relativamente poco tiempo en este mundillo liberal y de los intercambios de pareja, pero una de las cosas que más nos llaman la atención, es la obsesión que tienen algunas parejas por quedar o por llevarnos a los bares de intercambio de parejas. Excepción hecha del porreta, que va a comisión, pero eso es otra historia, que merece ser contada en otra ocasión.

VENTAJAS DE LOS BARES DE INTERCAMBIO DE PAREJAS

· Es más barato que un hotel e incluye varias copas. Cierto. Para una sóla pareja, porque ya si van dos parejas a la misma habitación, es mucho más barato el hotel o al menos a la par, ya que con lo que te ahorras en la habitación, puedes montarte allí mismo un mini botellón privado.
Si son tres o más parejas, compensa una habitación de hotel o una casa rural alquilada todo un fin de semana.
· No hay que reservar ni que presentar el DNI, cosa que si hay que hacer en los hoteles. Vamos, es que sólo faltaría que yo tuviera que mostrarle mi DNI a un camarero.
· La WIFI es gratis. Se trata que estés ocupado el mayor tiempo posible haciendo lo que sea, eso da igual. Aunque yo no me fiaría mucho de las WIFIs gratuitas, y por supuesto nunca pondría mi contraseñas en una de estas WIFIs, pero allá cada uno con la seguridad de sus cuentas.

 

INCONVENIENTES DE LOS BARES DE INTERCAMBIO DE PAREJAS

· La lengua. Tanto los camareros como “los que llevan” el bar liberal, son unos cotillas. No pueden remediarlo. Es algo que va implícito en ese oficio. Tengo una amiga que fue camarera de uno de estos mal llamados bares liberales, y la última que fuimos a comer al tintero, prácticamente conocía a personas de casi todas las mesas, y mira que el tintero es grande. De cada uno me comentó algo, tipo:

  • Ese es el más cornudo de Málaga. Su mujer se los ha puesto con casi todos los clientes de nuestro bar.
  • A ese de ahí, le gusta que le den por detrás con una polla de plástico.
  • Esa se las come de cinco en cinco, y le gusta tanto los bukkakes como la lluvia dorada. No veas luego como dejan la habitación.
  • A ese otro, no se le levanta. Tiene que andar tomando cialis o viagra para hacer algo.
  • Y a la rubia del fondo, le gustan más las mujeres que los hombres. De hecho, no folla ni con su marido.

No se lo estaba inventando pues más de diez personas, vinieron a saludarla. Otras personas en cambio, ni le devolvían la mirada por temor a que ella los identificara o dijera algo de este mundillo liberal a sus acompañantes.

· La higiene. Por lo menos en su bar y siempre según sus propias palabras, lo importante es que todo oliera a lejía.

· El precio. Si te lo sabes montar, tienes mucha más privacidad a precio de coste.

· El tabaco. Todos los bares swingers permiten que sus clientes fumen. Es ilegal, pero a los bares eso no les importa lo más mínimo. Un bar, no es un establecimiento que se distinga precisamente por respetar la ley.

· La distancia. No hay bares liberales o de intercambio de parejas en Málaga capital. Todos están fuera de Málaga, por lo que a la vuelta te puedes encontrar si bebes, un control de alcoholemia. Si no tomas alcohol o no toma alcohol tu pareja, puede ser ella quien conduzca de vuelta, pero has pagado un pastón en el club liberal para que uno de los dos no tome alcohol.

· Que traten contigo como si ellos (dueños y camareros) fueran también clientes. Obviamente no con todo el mundo, sino sólo con aquellas parejas por las que se sientan atraídos. Pues no. Lo tuyo es un negocio, así que tu detrás de la barra y calladita la boca. Si no te gusta, haber estudiado.

· Los robos. A la anterior pareja de Carlo (que soy yo mismo) le robaron en el Edén, que ahora se llama nuevo edén y antes se llamaba antiguio edén, una rebeca y casi unos tacones. Digo el casi, porque lo pillamos cuando los tenía ya en la mano. Alegó que creía que eran de su mujer. En la barra nos facilitaron un número de móvil para llamar al día siguiente por si había aparecido la rebeca. No, no apareció.

· El confundir los abrigos en el perchero. Rara es la ocasión en la que no te devuelvan un abrigo distinto al tuyo, por más numeración que le pongan. Nosotros lo devolvemos y pedimos el nuestro, pero no sería de extrañar quien no lo haga así.

· Los tíos sin pareja. Dicen que hay días exclusivos para parejas. Mienten una vez más. Todos los bares de intercambio tienen a varios hombres sin pareja a los que llaman o a los que permiten ir cada vez que ellos quieran. Volviendo al tema del edén, en aquella época eran varios negros (o el mismo varias veces) que se dedicaban a ir encendiendo las luces de las habitaciones que las parejas apagábamos.

· El que haya mucha gente, y todas las camas o habitaciones están ocupadas. Te toca esperar a lo que se llama cama caliente, o adaptarte al grupo que haya en una de las habitaciones. Y a la inversa,

· Cuando no hay nadie, que has pagado una pasta para quedarte allí de charla. Llamar al club liberal antes de ir no es una opción, porque al igual que los políticos, siempre, siempre, siempre mienten en función de lo que crean que tu quieras oir.

· Te piden verificaciones para sus clientes en las redes sociales swingers. A nosotros mismos nos lo hicieron, y así en nuestro primer día obtuvimos un montón de verificaciones de personas a las que vimos de lejos. Ya hemos lógicamente borrado, esas supuestas amistades. Hay un dicho en Internet que dice tal que así: eres más falso que un amigo del Facebook.

· Te piden que bloquees en las redes sociales swingers, a quienes le han dicho que no a alguno de sus clientes recurrentes (bar fly o moscas de bar los llaman los ingleses). Hay swingers como el porreta, que no entienden que un no es un no. Verás porreta, el que nos elimines de una red social swinger, no quiere decir que nos hayas eliminado de tu mente. María te dijo que no, y asume que vas a tener que vivir con eso durante toda tu vida.

· Las falsas parejas donde el hombre lleva a una mujer alquilada. Él lo intenta con toda la que puede, mientras ella dice que no, que no le apetece, que le duele la cabeza o lo que sea, menos que sólo lo hace con su cliente, salvo que se le pague nuevamente.

 

ALTERNATIVAS A LOS BARES DE INTERCAMBIO DE PAREJAS

Nosotros nos hemos buscando un antiguo piso de estudiantes con más camas que algunos bares liberales, y ahí es donde solemos ir a tomar un copa con las parejas que previamente hemos conocido en un bar de tapas cercano. A veces surge algo, y otras no ocurre nada.

Obviamente las parejas que vienen a casa, no pagan absolutamente nada. Lo nuestro no es un negocio.

Son casi todo ventajas:
· Es gratis.
· Es discreto.
· Está limpio.
· No se fuma.
· Hay fácil aparcamiento.

Aunque bueno, también hay un inconveniente:

· Los vecinos. No se puede hacer la misma escandalera que en otros sitios.

 

Obviamente, los bares de intercambio de parejas tendrán otra opinión. Es lógico. Es su negocio y lo que quieren es tu dinero.

Ni más, ni menos. Tu dinero.

Lo demás, es meramente accesorio.

 

Carlo.

¿Quiero ser Ama dominante?

Ahora de perfil, monísima que te cagas.

Ahora de perfil, monísima que te cagas.

Ayer me preguntaba en un mensaje el Tito Adri si a mí me iba el rollo Ama.

Hombre, la idea no me desagrada, pero no me veo yo Ama Ama lo que se dice Ama.

Lo de coger el látigo y poner a un tío a mis órdenes, reconozco que me estimula los sentidos y hace aflorar mi natural maldad femenina.

Lo que pasa es que a la hora de la verdad soy una blanda, y aunque me gusta dar caña y dominar un poco, tampoco sería capaz de ir mucho más lejos.

No me estimula sexualmente ni una pizca -por ejemplo-, la idea de hacer daño a otro, aunque eso sea lo que a él le guste. Le gustará a él, pero a mí no, y aquí de lo que se trata es de hacer lo que a una le plazca.

Egoismo bueno ante todo, sí señor, y por mucho que en el colegio me explicaran que eso no se hace, caca.

Carlo, sin ir más lejos, es de los que a veces te pide mordiscos y que aprietes fuerte aquí o allí.

Pero qué va, a mí se me ponen los pelos como escarpias y no soy capaz.

Me puedo montar un número de Ama, látigo en mano (sí, sí, qué pasa: lo de las fustas me pone XD) en plan guasa y azotarte un rato el culo, y llamarte guarra, zorra, mariquituchi y esas cosas.

Pero al final me daría el cariño y el cargo de conciencia, y te acabaría pidiendo perdón, dándote besitos y prometiéndote no volver a hacerlo nunca más…

A lo que soy mucho más reacia es a estar en el lado contrario. O sea: en el papel de sumisa. Eso me saca mi lado rebelde. Pronto iba a yo a obedecer las órdenes de un Amo, vamos: “ahora no te toques, ahora puedes follar, ahora vas a estar un mes sin tocarte…” Sí, hombre, sí: una polla así de grande.

O a dejar que me ates. A eso tampoco me presto.

JA.

Átame si tienes cojones. Y si me atas, procura que no te pille cuando me suelte…

¿Y a vosotros, os gustaría ser Ama o Amo? ¿O mejor esclavos?