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La edad en la cama

¡Toma pandero bueno y luminoso!

¡Toma pandero bueno y luminoso!

Desde que yo era chiquitilla, me atraían una barbaridad los hombres maduros.

No los viejos, que esos no me hacían (ni me hacen) ni pizca de gracia.

Pero los hombres de cuarenta años en adelante me parecían sexualmente muy atractivos.

Hoy día, que ya no soy precisamente una chavea, sigo sintiendo y pensando lo mismo.

Los hombres, como mejor están para follárselos, es de cuarenta para arriba.

Todo lo que baje de ahí, es cascarilla.

Lo siento, tíos, pero es la verdad.

Me diréis que donde se ponga una polla de 20 ó 30 tacos, que se quiten las de 40…

Ptssssssssssss, pos a mí dádmelas cuarentonas o cincuentonas, que me gustan mucho más.

Y no sólo en la cama me gustan los hombres maduros, sino en lo demás ámbitos: para salir de tapitas, charlar, morbosear, dar un paseo… Son mucho más interesantes.

Los niñatillos tendrán unas pollas divinas, pero son un marrón y un coñazo.

Eso sí, los infra cuarentañeros son ideales para divertirse: no hay nada que les joda más, que una señora medio desnuda como yo, los mire a los ojos, y les diga que son demasiado chiquitines para echarle un polvo a una. Y que si quieren meterse en mi cama, tienen que venir acompañados de su padre (jijiji), o con una autorización escrita de papá y mamá.

Anoche mismo me dediqué a cabrear a uno diciéndole cosas así. El pobre se ponía rojo por momentos y su rostro dejaba traslucir una progresiva decepción… Hasta que se marchó con el rabito entre las patas…

Como les decía a los yogurines una tía muy divertida que tengo, “pequeño, tú aún no estás preparado para descubrir el amor maduro”.

Pezqueñines, no, gracias.

Y a dormir a casita con tu madre.