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Intercambio completo

¿Te gustaría llevarte un Carlo o una Mari? ¡Otra muñeca chochona! ¡Otro perrito piloto!

¿Te gustaría llevarte un Carlo o una Mari? ¡Otra muñeca chochona! ¡Otro perrito piloto!

Bueno, vamos hoy con un poco de teoría.

Los intercambios sexuales de parejas se pueden clasificar de la siguiente manera (entre otras):

– Intercambio light.

– Intercambio completo.

Si bien el objeto de esta entrada es centrarnos en el segundo, veamos también qué es un intercambio light:

Por intercambio light se debe entender aquel que aporta un 30% menos de calorías que el que no lo es, que es bajo en grasas y que no tiene colesteroles.

En definitiva, que no engorda (y tú sabrás por qué…).

El significado de “intercambio completo” se confude con frecuencia por las personas normales y por los swíngeres.

Todos piensan que un intercambio completo de parejas es aquel que -rico en grasas saturadas- consiste en mantener relaciones sexuales completas (o sea: con todas las piezas) con el esposo o esposa de la otra pareja y viceversa.

Pues no.

Intercambio completo no es eso. Es el sueño de mi vida: tú te quedas con el Carlo pá tí pá siempre y yo me llevo a tu marido.

Cualquier discusión en contra, está fuera de lugar.

El adjetivo “completo” es bastante claro.

Nada de un polvete de una noche y te vas con tu palomito a casa… Ni hablar: tú me lo has traído para que me lo folle, y ahora me lo dejas, bonita.

Tú te llevas al Carlo. Pá siempre, eso sí.

Y al llevártelo, además, te regalamos un vale para cervezas y calamares a la romana congelados del súper, por importe de 500 euros (te hará falta, ya verás).

Y un mes de wifi gratis.

¡Vamos, señoras, vaaaaaaaaaaaamos!

¡Que me lo quitan de las manooooooooooooos!

Ese marido tuyo, mami, me gustó…

Nuevas experiencias

¿Que te cuente qué?

¿Que te cuente qué?

Como os adelantaba hace unos días, la semana pasada Carlo y yo nos estrenamos al fin -y por partida doble- en esta aventurilla del mundo liberal.

Estoy segura de que no voy a olvidar nunca a esa primera preciosa pareja con la que intimamos en nuestro piso (son los que nos grabaron el mini vídeo que dejamos por aquí hace poco).

Además de guapísimos, muy sexis y encantadores, resultaron ser criaturitas educadísimas, dulces y con unas maneras que ya las quisieran muchos.

Nos dejaron claro desde el principio, que ellos no hacían intercambio completo, sino que les gustaba ver y ser vistos y que las chicas jugaran entre sí.

Con mucho cariño y delicadeza, la chica me preguntó si me importaba que una mujer me tocara, a lo que sencillamente dije que no, porque me gustan las caricias, vengan de quien vengan.

Y las suyas me gustaron, cómo no. Y las de Carlo. Y las de cualquiera que hubiera venido en ese momento a disfrutar de mi piel con el gusto con el que ellos lo hacían.

A casi todos los bichos vivientes les gusta ser acariciados. Y yo no soy otra cosa que un bichejo más. Como tú, lector.

Y la sensación que se me quedó en la memoria, especialmente, de esta experiencia, es lo increible que resulta estar en la cama y que más de una persona se sientan atraídos por ti y se exciten gracias a tu cuerpo y a lo que ven y hacen.

Hasta ahora, lo normal y habitual era estar con un chico, y sólo con uno, en la cama. Él y yo. Y nadie más.

Ahora la situación mejora considerablemente, porque ese chico está ahí, excitado, erecto, caliente…, pero además, hay otro chico, igual de “contento” que él. Y por si fuera poco, también hay una mujer, que en lugar de demostrarte envidia o decirte que eres una zorrona loca (algo que pasa con mucha frecuencia en el día a día con chicas que conozco y que no tienen nada que ver con el mundo liberal), resulta que está encantada con tu cuerpo y te está acariciando con pasión…

Toma ya y chúpate esa.

Joder, ¿y en serio queréis y esperáis que yo venga a aquí a contaros los detalles de esa maravillosa noche?

¡Un carajo!

Probadlo vosotros, que es lo que tenéis que hacer, tontolabas.

Y si no, siempre podéis imaginaroslo. Aunque no es lo mismo…