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Hacerlo una pareja con mas personas

Después de maltratar en aquella fiesta a los cuatro chicos y dejar castigado a Carlo sin correrse, tuve piedad de él y solicité voluntarias para que se lo follaran.

Previamente, y aprovechando que seguía atado, le pinté los labios de rojo, le puse una tanga de encaje negro y medias de red negras con liguero, de modo que parecía una putilla cualquiera venida a menos.

Las voluntarias se fueron acercando a la cama y empezaron a acariciar el sugerente tanga de Carlo y sus bonitas piernas embutidas en la red, de modo que aquella prenda íntima enseguida se le quedó pequeña y su polla -cada vez más dura- daba saltos tratando de escapar de su prisión de lencería femenina.

Me situé detrás de Carlo y lo incorporé un poco, de modo que dejé su cabeza apollada sobre mis tetas, mientras él quedaba cómodamente recostado sobre mí.

Le dije a mis ayudantas que se fueran turnando, y mientras que una le besaba y mordía y el cuello y los pezones, la otra le apretaba la polla y los huevos a través del encaje. A otras dos chicas les pedí que se liaran entre ellas delante de Carlo, para que él pudiese verlo a la perfección, así que comenzaron a lamerse los pezones y a comerse el coño por turnos la una a la otra.

Mientras Carlo estaba allí sufriendo, yo le daba besitos y mordiscos en los lóbulos de las orejas y en su boca de rojo carmín. Me puso la cara echa un asco, llena de pintura roja, porque cuando quiere, Carlo es muy zorra. También le enjugaba el sudor de la frente y le decía cosas bonitas al oído, como “esto es lo que te gusta, ¿verdad, guarra?, que te follen todas… no eres más puta porque no tienes cuatro patas… ¿te gusta, verdad, puta asquerosa?”.

Luego le pedí a las dos voluntarias que se lo curraban con él, que le quitaran el tanga y se lo follaran por turnos, pero que parasen cuando notaran que se iba a correr.

Yo seguía dándole apoyo moral y pechugonil al pobrecillo Carlo, zorra sufrida como la que más, y él lo estaba pasando tan mal que casi lloraba y todo.

Como estaba cómodamente reclinado sobre mí y semiincoporado, podía ver con todo detalle como los coños de las voluntarias se deslizaban arriba y abajo por su bonita polla. Y cuando se aburría de aquella visión, desplazaba su mirada ligeramente a la izquierda y podía ver a las otras dos voluntarias que seguían follándose entre ellas.

Las voluntarias folladoras de Carlo lo mantuvieron en tensión durante media hora o más. Yo notaba que Carlo necesitaba correrse, así que le dije que si quería correrse, tendría que gemir y gritar muy fuerte, o se quedaría castigado sin orgasmo otra vez.

Me dijo que no pensaba gritar, así que le pegue un guantazo en su cara de puta de labios rojos. Le dije cosas al oído para convencerlo y al final empezó a gritar y a gemir como lo que era.

Y al fin recibió su premio.

Así me gusta, Carlo.