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Lo que me gusta de los hombres

Me gustan las miradas ardientes.

Me gustan las miradas ardientes.

Hoy le voy a dar un repaso a la anatomía masculina. En concreto, a las partse del cuerpo de los hombres que yo encuentro más sensuales:

1º. Los culitos. Pensaréis que soy menos profunda que un charco, como dice uno del twitter, pero es lo que hay. La inteligencia será todo lo sexi que queráis, pero no se ve a simple vista, y donde se ponga un culo de machote, que se quite todo lo demás. Son (bueno, en la mayoría de los casos), contundentes, duros, suaves… Dan tantas ganas de agarrarlos, azotarlos, morderlos… Eso sí: los peludos no me gustan. Y sobre todo, me encanta la función de “agarre” que tienen en pleno acto sexual.

2º. Los huevos. “Halaaaaaaaaaa, qué bruta”, pensaréis. Sí, sí, pero a mí me gustan. Tan redonditos, tan graciosos, tan delicados… Caben en una mano y a mí me gusta agarrarlos en los momentos íntimos. Recuerdo que la primera vez que follé con Carlo, allá que me fuí yo a por sus huevos y entonces me dijo: “¿te gusta cogerme los huevos, eeehhhh?, así es como hay que tener a un tío: cogido por los huevos… apriétamelos fuerte, más fuerte…”. La verdad es que estrujar huevos, da sensación de poder y dominio cuando estás montándotelo con un hombre.

3º. La espalda. Tiene esa forma tan masculina y viril, que a mí siempre me ha gustado sentirla contra mi cuerpo y acariciarla y besarla.

4º. Las manos y los brazos: manos y brazos (sobre todo antebrazos) de hombre, que son un preludio y promesa de todo lo que después vendrá…

5º. La boca. Me gustan los labios carnosos y las bocas sensuales. Carlo tiene la boca perfecta que yo opino que debe tener un hombre, por ejemplo. Lo mejor es cuando esos labios jugosos y tiernos se cierran en torno a mis pezones…

6º. El cuello. Me resulta muy plancetero besar y mordisquear un bonito y masculino cuello de hombre. Juguetear un rato con los lóbulos de sus orejas tampoco está mal.

7º. La voz. Voz de hombre, sensual, firme, serena… Eso es tremendamente sensual.

8º. Los ojos. Que desprendan seguridad, alegría, morbo, vida… Los ojos y la mirada de Carlo, en ese aspecto, creo que se llevan la palma de cuantos ojos de hombre he mirado hasta ahora. Adoro ver cómo se trasluce en unos ojos de hombre que tiene la polla dura… Eso se nota mucho, la mirada se torna ardiente, y lo encuentro muuuuuy erótico.

Seguro que se me ha olvidado algo, pero a grandes rasgos, ahí va lo más destacable.

Follar con gordos

Los gorditos "morbósidos" (confieso que tengo celulitis)

Los gorditos “morbósidos” (confieso que tengo celulitis)

Hace poco, un conocido bloguero malagueño guarruchis, me ponía un comentario preocupado porque quería saber si a mí realmente me gustaban los gordos, y añadía: ¿pero de esos que no se ven la picha por culpa de la panza o qué????
El sector de los cuerpiperfectos cangrejos de gimnasio y otros anoréxicos del lugar, anda inquieto por estas declaraciones mías sobre la sensualidad de los gordos.
El otro sector que también se está poniendo muy nervioso es el de los tíos con las pollas grandes…
“Pues no veas la tía esta -pensaréis- con lo buena que está y resulta que sólo le gustan los gordos pichachica…”
Nooooooo, a veeeeeeer, vamos a relajarnos todos un poco, ¿ein? Respirad hondo y contad hasta diez.
Los gordos, sí. No me excitan los hombres con obesidad mórbida. Francamente, no me pone nada. A mí lo que me pone es la obesidad morbosa o morbósida… ¿Eso existe? ¡Coño, claro!
Carlo es un gordito morbósido. ¿Por qué? Pues porque tiene mucho morbo en cada poro de su gruesa piel…
Yo una vez tuve un novio muy flaco. En determinada época comenzó a engordar, y yo estaba encantada: pasé de follar con un triste saquito de huesos, a poder agarrar un buen culo carnoso para ayudar a que su polla se me clavara hasta el fondo… Donde se ponga un buen culo masculino, que se quite todo lo demás…
¿Que el hombre tiene pancita en lugar de tableta de chocolate? Sí, ¿y cuál es el problema? Lo que tiene que funcionar es lo que tiene que funcionar y no me estoy refiriendo sólo a la polla, sino al morboseo en general.
Conozco a un puñado de cangrejos de gimnasio, que a parte de no poder rascarse el culo porque los músculos han perdido buena parte de su flexibilidad, tienen el morbo detrás de las orejas, vamos…
Y sobre todo, los de la obesidad morbósida (que no mórbida, ojo) tienen una alegría especial que los hace increiblemente sensuales. Son felices con su panza, su cerveza y su bocata de calamares.
Prefiero mil veces follarme a un gordo morbósido feliz con una polla de tamaño intermedio, a montármelo con un anoréxico rabudo muertojambre.
Porque, la verdad: yo también tengo celulitis (rabudo, no, oigan).
(¿Entonces, María, tú no te follas a los delgados? Me los follo, sí, pero si me gustan y me dan morbosidad de esa. Si no, que se los folle su abuela).