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Fantasía sexual y orgía

Como os contaba en la última entrada, tras ver por primera vez una orgía, estuve haciendo una valoración conmigo misma de lo percibido, y sopesando qué cosas me habían gustado y qué cosas no.

Ya sabéis que jugaba con desventaja, porque llegué bastante tarde a la fiesta. Así que de pronto ves a un montón de hombres que no conoces y que no sabes cómo son ni cómo actúan. Tu atención está tan dispersa que no sabes dónde centrarte ni mucho menos en quién, aparte de en tu pareja, claro.

Lo mejor, como os contaba, era el buen humor de la mayoría de las personas con las que me crucé. Tuve la sensación de que no tardaría mucho en sentirme relativamente cómoda con varios de ellos.

De todo esto, la reflexión más clara que he sacado es la siguiente: vi muchos hombres que se follaban a varias mujeres, pero para mi gusto, ellas estaban demasiado pasivas. Se lo estaban pasando muy bien, sin duda, pero a mí la idea de estar allí esperando que vengan a echarme un montón de polvos no me acaba de convencer.

En mi próxima orgía lo que yo quiero es follarme a un puñado de tíos. Nada de que vengan y me follen ellos a mí. Quiero tener el control. He pensado incluso en disfrazarme de Catwoman y comprarme una fusta.

Cogería a Carlo y a tres tíos más que me resulten morbosos y simpáticos, y me los llevaría a una cama. Cuatro tíos para una mujer es un buen número. Los ataría de pies y manos y para empezar los pondría boca abajo en la cama.

Me encantaría ponerles el culo rojito con mi látigo y darles unos buenos cachetes con la mano. Y morderlos. Adoro los culitos de los tíos. Tan duros, tan firmes. Me gusta mucho agarrarlos fuerte cuando me los follo, para ayudar a que las pollas de sus dueños se claven más y más dentro de mí.

Pero tengo ganas de darles caña a unas cuantos hombres, porque me paso la vida esperando que los tíos me follen y nunca quieren. Que si les doy miedo, que si no pueden conmigo, que si soy un marrón, que si te quiero presentar a mis padres…

Os tengo ganas, cabrones. Y vais a pagar vosotros cuatro, que no tenéis culpa. Bueno, alguno sí la tiene.

Carlo va a recibir doble o quizá triple, porque ese es el peor.

Luego os agarraré de los pelos uno a uno (los calvos no pueden jugar a este juego, lo siento) y os diré al oído que sois unos hijo putas y unos maricas y que ninguno sois lo bastante machos para mí, pero que ya que he venido y estoy aquí en una orgía, pues os voy a follar por follarme algo.

Después os daré la vuelta, para reirme de vuestras pollas, tan pequeñas, y que ni siquiera están lo bastante duras. Os guantearé las pollas uno por uno, os pellizcaré los huevos y os morderé los pezones y esas bocas de putas que tenéis los cuatro. Y os daré latigazos en las pelotas, mientras os recuerdo lo maricas que sois y quién manda aquí.

Os voy a comer las pollas uno a uno, y al que diga algo o yo lo pille mirando, le daré un bofetón, o un fustazo, según me pille.

Cuando tengáis todos las pollas duras, os haré preguntas sobre cuál es el coño más bonito de la fiesta, o sobre cultura general, o preguntas del Trivial. Al que se equivoque, sí, lo habéis adivinado: le pego.

Luego, después de haberos dado unos latigazos más, os follaré a los cuatro. Primero a uno, luego a otro, luego a otro y luego a otro. Os follaré lo rápido o lento que yo quiera, en la postura que yo quiera (yo siempre encima, por supuesto), y los otros tres me tocaréis cuando y donde yo lo mande mientras nos veis follando. Al que yo pille tocándose la polla para pajearse, también le pego. ¿Acaso vuestra madre no os dijo cuando eráis chicos, que no os tocaráis? Os correréis cuando yo quiera. Y eso si me da la gana que os corráis. Pararé cuando estéis a punto y os muráis de ganas por correros y me follaré al siguiente. Y tocaré y chuparé lo que me dé la gana.

Quiero teneros cogidos por los huevos, y poneros esos preciosos culos rojos.

Y no, no quiero conocer a vuestros padres.