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Follar en modo silencio

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A mi primer novio lo dejé traumatizado de por vida.

Yo ni lo sabía, pero el caso es que con el tiempo me enteré –me lo fue contando él con cierto despecho- que le había causado traumas, montones de traumas…

Pese a todo, él decía que quería envejecer conmigo para no estar solo…

Un día lo mandé a paseo y le sugerí que mejor se comprara un perro.

Agua pasada es, pero hoy quería traerlo a colación (al pobre ex novio de los traumas), para hablaros de uno de los colapsos mentales que le produje relacionado con la sexualidad.

A este chico no le hacía ni pizca de gracia que yo follara en modo silencio.

¿Y qué es eso?, os preguntaréis.

Me refiero a los gemidos o sonidos que cada persona hace (o no hace) mientras echa un polvo.
Hay gente que grita, gente que da alaridos, otros que jadean de forma extraña, otros que hace ruiditos raros y otros que son como el aire acondicionado de los japoneses.

Si bien en el momento álgido a mí se me suele escapar algún gemido –a veces subido de tono-, normalmente no soy escandalosa, y me gusta vivir el placer sexual en silencio.
Mi novio el de los traumas decía que eso le desmotivaba porque quería decir que yo no disfrutaba… Me pidió que gimiera, para sentirse más seguro. Así que me esforcé en complacerle y allí me teníais haciendo uuuhhhh, ooooohhhh, aaaaahhhhh, como una tonta.

No me salía natural. Cada uno es como es.

Me parece genial (aunque reconozco que los gritones y gritonas en la cama me dan risa) que si te gusta follar pegando alaridos, pues lo hagas. Allá cada uno con su placer.
Pero es igualmente respetable la opción de “follar en modo silencio”, ¿o no?.

Cuando conocí a Carlo, quedé gratamente sorprendida al descubrir que había personas que –al igual que yo- no sentían la necesidad de desgañitarse en la cama (o en el sofá, o en el suelo, o en el banco del parque). No por ello me traumaticé ni pensé que él no estuviera disfrutando.

Esto son cosas muy personales y cada uno las vive como le viene en gana.
Si te gusta gritar de placer, adelante, hazlo. Pero no tienes que empeñarte en que yo lo haga también.

Gritaré si me apetece.

Y si se te ocurre morderme un pezón, no sólo gritaré sino que además te llevarás una hostia…
Aunque sobre ese tema os hablaré en otra entrada muy pronto.