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¿Por qué intercambiar?

Oooohhhh, sí, la luuuuzzz, quiero atrapar esa luuuuzzzz.

Oooohhhh, sí, la luuuuzzz, quiero atrapar esa luuuuzzzz (fdo. Mari La Chunga).

Bueno, como aquí ya nos vamos conociendo todos, somos los que estamos y los que debemos estar, y yo voy sintiéndome cómoda entre mi público fiel, os contaré algo más sobre nuestras intimidades de pareja y cómo nació, en verdad, la idea de los intercambios sexuales de Carlo y María.

Fue una mañana fría de febrero. Una alondra tuerta de cola azul, nos arrullaba con su canto penetrante desde el otro lado de la ventana de cristaleras vidriosas. Eran las nueve y tres minutos de la mañana y el polvo de Carlo, iniciado a las seis y cinco, aún no había terminado. La erección ininterrumpida de mi hombre, no tenía visos de mermar, así que me entretuve contemplado a aquella cosa sobre humana que se removía entre mis piernas. Adosada a ella había un Carlo. Observé al Carlo y mis ojos registraron la imagen incorrupta de aquel gordito, feo y viejecillo.

“Si al menos fuera simpático…”, pensé.

Porque no os engañéis: mi Carlito será el conejo de Duracell, pero de simpaticote no tiene nada. Es un borde y un friki.

Fue entonces, justo cuando se corría, cuando le dije:

– Mira, Carlo, tienemos que hablá.

– De qué, Mari.

– De que yo quiero intercambiarte.

– ¿Pero por qué? ¿Ya no te gusto?

– Pues mira, no, ya que lo preguntas.

– Bueno, va.

Porque claro, viendo vosotros el cuerpazo que gasto, la inteligencia que adorna mi persona y que soy un ángel dorado -querubina aúrea miguelangilina- de mujer, ya habréis todos vosotros caído en la cuenta de que si Carlo tuviera el tipito del maromo que publiqué fotografiado en la entrada de ayer, yo no jugaría a esto de los intercambios de pareja.

Me follaría yo sola al tío bueno, y las demás, que se jodan.

Yo hago intercambios porque el Carlo está gordo y feíto, y claro, no voy a cargar yo sola con esto toda la vida, ¿nones?

Hombre, pofavó.

En el amor, ya se sabe, hay que compartir.

(Supongo que ya vais notando que la Mari no es el prototipo de mujer perfecta que todos vosotros soñábais… La Mari es una tía tó chunga).