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La exhibicionista

 

¿Hay mujeres exhibicionistas?

¿Hay mujeres exhibicionistas?

Otra fantasía sexual recurrente que tengo (es que soy una fantasiosa yo también…) es la de ser exhibicionista.

Y diréis: “anda, coño, pero si ya lo eres”.

Pero no, no me refiero a salir por ahí con poca ropa ni a subir mis fotos en cuerines a internet.

Me refiero al exhibicionismo ese clásico de las películas y que muchos tenemos en mente, como un acto “reprochable”.

Yo quiero ser como esos tíos feos y pervertidos que van por ahí con una gabardina (el caso es que yo nunca he tenido el honor de encontrarme a uno de ellos en la calle, pero dicen que haberlos, haylos), sin nada debajo, y cuando se cruzan con una chica, se la abren de golpe y le enseñan la pilila.

Pues yo quiero hacer lo mismo (sin pilila, chicos, tranquilos), pero cuando  me cruce con hombres por la calle.

Saldría una mañana vestida con el abrigo que véis en la foto y unas cuentas perlas a modo de ropa interior y me iría a dar un paseo, a buscar víctimas masculinas, de constitución atlética y atractivas.

Y de pronto, cuando nuestros caminos se cruzaran, ¡zas! me abriría el abrigo de golpe y sin previo aviso, como en las fotos. Además le tiraría un besito al maromo y le diría alguna obcenidad del tipo “te lo comía todo, guaapoooooo”.

Eso sí, tendría yo que llevar tenis en lugar de sensuales tacones, porque lo suyo es que, siendo exhibicionista gabardinera, salga una corriendo después de la fechoría.

Es que si no, no tiene gracia, y te juegas que a la víctima le guste y te meta mano o te folle allí mismo. Y una es exhibicionista, pero un señora, y además, muy decente, oigan.

Iría así por las principales calles de Málaga y repetiría el acto nueve o diez veces.

Antes de recogerme, pondría la guinda, eligiendo a un par de policías nacionales formidos, a ser posible, con ametralladora (tipo GEOs), y les preguntaría alguna dirección. Cuando me la dijeran, se lo agradecería con una sonrisa sensual y una sugerente caída de pestañas. Y por último, me abriría mi abrigo sin previo aviso para ellos.

Y ahora a correr de lo lindo, que estos cabrones están entrenados y pegan tiros.

Y bueno, que digo yo:

Chicos, ¿qué haríais vosotros si fuérais andando por la mañana camino del trabajo y yo apareciera en vuestra misma acera, me abriera el abrigo y os enseñara el chichi, eiiiinnnnn????

A ver, a ver, sed sinceros.

Y otra pregunta, a todo el mundo: ¿alguna vez habéis visto a una mujer exhibicionista gabardinera por la calle????

 

Telepelotilla, dígame

Así de mona me levanto por las mañanas.

Así de mona me levanto por las mañanas.

Malacatoncitos, nuestro más infiel y ansioso lector, está que se sube por las paredes -cual vil salamanquesa inquieta- esperando ésta mi entrada de hoy.

Le dije que contaría una anécdota sobre algo que le hice a un amigo. Y como lo prometido es deuda, ahí va:

Hace años que conozco a un chico que trabaja en los juzgados. Tendrá cuatro o cinco años más que yo y es un tipo encantador aunque extremedamente tímido. A pesar de que ha tenido miles de ocasiones y de que me he rozado mucho con él, jamás ha sido capaz de ponerme un dedo encima. Es un típico caso de chichifobia o miedo a los chichis.

Pero eso sí: hacerle entrar al trapo de cualquier provocación sexual, es la cosa más fácil del mundo. Así que una noche, tomando una copa, empezamos no sé cómo, con el cachondeo del nudismo y el exhibicionismo. Entonces me desafió y le aseguré que un día me presentaría en su trabajo con falda muy corta y escotazo.

Y allá que un día me fuí yo para los juzgados con mi mini más corta, mis tacones y un generoso escote. Busqué su oficina, entré como si tal cosa y le dije “¡¡hombre, Pepeeeeeee, que he venido a verte!!”.

La cara de Pepe fue un poema, porque ni de coña se lo esperaba. Se puso azul, amarillo, verde, y al fin, rojo. Todos los compañeros y compañeras dejaron de trabajar y se dedicaron a observar con interés a la tía de la minifalda que le daba dos efusivos besos al Pepe, y a cruzarse miradas y risitas significativas… Incluso salió la jueza a oler lo que allí se cocía. Fue muy divertido.

En cuanto Pepe pudo recomponerse, me dijo que fuésemos a tomar un café y allí estuvo el pobre más rojo que un tomate repitiendo una y otra vez: “tía, lo has hecho, has venido en minifalda y escote…”.

Y ya está, ahí terminó la historia.

El caso es que la anécdota, me ha dado hasta para la idea de montar un negocio.

Yo lo llamaría TELEPELOTILLA, DÍGAME.

¿Quieres sorprender a tu novio el día de tu cumpleaños y estás harta de los típicos regalos cumpleañeros?

¿Quieres joder a un compañero de tu curro y sonrojarlo delante de todos en plena jornada laboral?

¿Quieres ascender, peloteando a tu jefe, y hacerle un delicioso regalo que nunca olvidará?

Pues simplemente me llamas, acordamos el precio y la forma de proceder y yo aparezco donde tú me digas desnuda o semidesnuda y saludo a la víctima e incluso charlo con ella.

Creo que voy a patentarlo y tó XD.