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Todos los tíos quieren lo mismo

Ooopssss, parezco una elegante romana!

Ooopssss, parezco una elegante romana!

Era yo un tierno retoño de trece años, cuando la naturaleza operó ciertos cambios físicos en mí.

Sí, vamos, que me salieron tetas (no eran gran cosa, pero oficialmente eran tetas) y me vino la regla.

Según decían, yo me había hecho una mujercita.

Ptsssssss, con trece años yo tenía algunas dudas sobre mi madurez, pero en fin, si el personal decía que era una mujer, ellos sabrían…

Y es justo en ese momento de tu existencia,  en el que empiezan a salir hasta de debajo de las piedras, esos cientos de guardianes de la santa moral que invaden el planeta Tierra, y que te dicen aquello de:

– Maaaariiiiiiii, ten cuidadito, linda, porque ya eres una mujercita y los hombres… los hombres… bueno, sí, que los hombres, van todos buscando lo mismo: yatúsaaaabe,maaamiiiii.

Ah.

Vale.

Me había venido la regla y de pronto, los animales de presa podían oler la sangre y -al parecer- iban a venir todos a follarme, como perros en celo.

Y una, que tiene una mente moderna y práctica, sacó la calculadora y pensó:

– Bien, eso quiere decir que me voy a hartar de follar.

Porque claro, por una cuestión de mera estadística, si todos esos tíos que se iban a cruzar inevitablemente en mi vida, venían buscando sexo, pues estaba claro que una servidora se iba a pegar el lote.

Ah, pero qué va.

En seguida me llevé la decepción de mi vida.

Lo de que “los tíos quieren todos lo mismo, ten cuidadito, niña” es tan incierto como lo de los Reyes Magos.

Ni remotamente me he encontrado yo a lo largo de los años con ese ansia folladora del varón.

Todo lo contrario.

Me encuentro con cientos de tíos cada año que no me hacen el menor caso.

Y propuestas en firme de irnos a la cama, tengo tantas que me sobran los dedos de una triste mano para contarlas…

En fin.

Estoy harta de mentiras.

Y tú, joven lectora, si has llegado hasta aquí -sabe Dios por qué extraño azar-buscando información sexual, que sepas que te engañan como a una china.

Los hombres ni remotamente buscan eso.

Ya te gustaría, ya, monina.

Será en tus sueños, porque en la cruda realidad, no te vas a comer ni un pimiento, te lo digo yo.