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¿De quién es el gato?

El gato es mío. Te jodes.

El gato es mío. Te jodes.

Me gusta escribir. Soy como el anuncio ese de coches, pero sin ruedas y sobre todo, sin interrogaciones.

Ya me gustaba desde chiquitina, y con 12 ó 13 años, en lugar de andar por ahí haciendo cosas de adolescente como perseguir chicos (aparte yo que es que era mu fea), me pasaba las horas sentada conmigo misma, libreta en mano, transformando pensamientos en letras manuscritas.

Qué tiempos aquellos en los que una escribía para sí, o como mucho, para algún amigo o familiar al que le enseñabas tus historias y que no ponía excesivo interés, y lo mucho que te decían era “está muy bien”, o “qué chulo”, o “sigue practicando”.

Pero hoy tenemos internet. Tenemos blogs. Nos gusta ser mediáticos y blogueros. Queremos atención. Porque a mí de pequeña es que mi madre no me quería lo suficiente…

Hoy vivimos desnudos, expuestos, juzgables (¿juzqué?), en un mundo interactivo, donde se conducen con y hacia nosotros mediante interacción. Interaccionan con nosotros (no existe el verbo interactuar en el diccionario de la RAE, por si algún listo lo está pensando). Por toda la cara. Y encima, nos gusta.

Así que cada mañana, entro a mi blog y leo y publico los pensamientos de mis lectores.

¡Ay, mis lectores!. Qué delicia. Qué adorables. Cómo me gustaría comerles la boca, lentamente, a cada uno.

Adoro cuando me dicen lo que tengo que hacer y cómo.

Me llueven en los últimos días, peticiones para que cuente ya de una puñetera vez cómo fue nuestro primer intercambio de parejas. ¿Y sabéis que os digo? Pues que el gato es mío y me lo follo cuando quiero. A ver cómo os lo explico, hijos míos: ¿de quién es el blog? ¿Es tuyo acaso? No. Pues no hay más preguntas, ¿a que no?

A ver si os creéis que yo he venido aquí a hablar de mi libro o a hacer lo que a vosotros os salga de la berenjena.

La literatura erótica, me parece mortalmente aburrida (verás cómo se cabrean unos cuantos ahora). ¿Qué gracia tiene describir un polvo? Una polla entra en un coño, o en un culo o en una boca. O sale… Y pare usted de contar. Porque si al menos esas cosas se pudieran colar por las orejas, por el ombliguillo, o por el desagüe de la cocina, otro gallo cantaría, oigan, y sería mucho más divertido de relatar.

Pero con tan escasos elementos protagonistas, yo me niego a escribir un relato. Distinto es que puntualmente, me guste comentar algún detalle o vivencia de nuestras aventuras liberales, cosa que, sin duda, haré en más de una ocasión.

Así que a los que venís buscando mis detallados relatos eróticos, ya os podéis estar cambiando de blog, porque de esos hay muchos.

Aquí no hay reglas.

La Mari se levanta, coge al gato y lo pone mirando a Cuenca en función de sus anárquicos deseos. Y si un día resulta que en Cuenca hay niebla, se quita y se orienta hacia la Meca esa.

¿Me explico?

Me llaman Mari la tirana.

Por algo será.

¡Miau!