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No es lo mismo

No es lo mismo. Es otra cosa. Es distinto, Mari. Es... diferente.

No es lo mismo. Es otra cosa. Es distinto, Mari.
Es… diferente.

Una de las frases que oyes con más frecuencia cuando te da por ser nudista, exhibicionista y/o minimalista en el vestir es aquella que dice:

– Mari, pero es que no es lo mismo.

O:

– Mari, eso es distinto.

Dice Carlo, que esas son dos de las frases favoritas de las mujeres a la hora de buscar una excusa.

Mi experiencia me dice que no es una excusa típicamente femenina, porque a mí me lo dicen también muchas veces los hombres.

¿Y a qué viene -diréis vosotros- la frase en cuestión?

Pues viene a que es lo que me dicen con más frecuencia cuando la gente no está de acuerdo con mi aspecto físico o mi forma de vestir (o mejor dicho: de “no vestir”, jejeje).

Si se acercan a regañarme porque voy muy provocativa, suelo contestarles que no sé de qué se escandalizan: ¿acaso nunca han ido a la playa y nunca han visto culos y tetas tostándose al sol? ¿Cuál es la diferencia entonces con mi culo y mis tetas? Y siempre recurren a la misma tontería:

– Es que no es lo mismo, Mari.

Claro, no. Visto así, no es lo mismo. No estoy en la playa, sino -por ejemplo- en bar de copas.

¿Y qué? Sigo sin entender el problema.

Libertad es hacer lo que te apetezca con tu cuerpo o tu aspecto, y no hacer aquello que la gente considera que está socialmente aceptado para ser socialmente aceptado…

¿Qué pasa, a ver? ¿Que mi culo es más indecente si lo ves en un bar de copas que en una playa? ¿Mis tetas te incomodan si las ves en una discoteca y te parecen políticamente correctas si se están tostando en la arena?

Tú lo que eres es muuuuuuuuuuuuu tonto.

Lo mismo ni te has dado cuenta.

 

Perlas y tacones

Vestida con perlas

Vestida con perlas

Ay,ay ay, cómo te vea tu madreeeee.

Ay,ay ay, cómo te vea tu madreeeee.

Comiendo perlas.

Comiendo perlas.

Menuda perla estoy hecha.

Menuda perla estoy hecha.

Podremos discutir sobre si lloverá o no, sobre política, sobre la crisis, sobre si ese azul es verde o es azul azul, sobre sexo, sobre minifaldas, sobre complementos, sobre si el arroz negro está mejor con alioli que sin él, sobre si Carlo existe, y está gordito o si su barriga es sólo una ilusión óptica generada por la cámara, sobre si el susodicho se aplicó o no un fotochó en la polla, sobre el futuro inmediato de las ballenas tornasoladas del Serengeti, o de los babuinos cagones…

Y nunca nunca nunca nos pondremos de acuerdo.

Sólo hay algo por lo que nunca discutiremos y en relación con lo cual todos me diréis “tienes más razón que una santa, Mari”:

Y es esto:

Los zapatos de tacón alto y las perlas, como mejor quedan, en una mujer, es sin nada.

Amén.

Son cosas que se deben vestir así: directamente sobre la piel desnuda.

Y si no me creéis, echad un ojo a las fotos de arriba, porque estoy monísima de la muerte.

¿É o no?

Lo de las perlas para mí es un… -¿cómo llamarlo?- autofetiche.

Porque claro, un tío con perlas no me pone nada. Y las mujeres no me atraen sexualmente, lleven collares o no.

No obstante, si yo fuera un tío, creo que sería un fetichista de las perlas y le pondría un collar de perlas a mis novias para follármelas.

¡Toma moreno!