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Más dátiles

Aquí, esperando mi dátil.

Aquí, esperando mi dátil.

Ayer fuí al súper y el frutero, que había estado de vacaciones, me saludó efusivamente. Había un montón de clientes a esa hora pidíendole cosas, así que yo seguí a lo mío y él continuó con su trabajo. Pero cuando ya me iba de la sección de frutería y verdulería, oigo una voz detrás de mí que me dice:

-¡Espera, espera, no te puedes ir sin tu dátil!

Y allá que venía el frutero, con su gorro y su delantal puestos, corriendo por el pasillo, jugoso dátil en mano, para darme gusto.

Así me gustan a mí los hombres, dispuestos a safisfacer mis caprichos y corriendo detrás de mí… XDDD

Caliente, caliente

¿Alguien ha visto a la abuela de María, que está más buena cada día (María,  no su abuela)?

¿Alguien ha visto a la abuela de María, que está más buena cada día? (María es la que está buena, no su abuela)

Esta mañana me he mirado en el espejo y me he dado cuenta de que tienen razón mis admiradores: cada día estoy más buena.
¿Y sabéis por qué?
¿Recordáis que hace poco os contaba en una entrada que los fruteros del super andaban calientes? Pues hay uno que ya no está caliente, sino que está caliente, caliente.
El otro día fuí al súper con mi amiga. Saludé, como siempre, a Míster Hot Banana, es decir, a mi famoso frutero.
Ese es el que me persegue por el pasillo de la frutería para atiborrarme de dátiles de los caros.
Con objeto de llamar mi siempre distraída atención, se puso a hablar con mi amiga a pocos metros de mí, de forma que yo oía perfectamente la conversación. Esto fue lo que le dijo:
– ¿Y tu amiga? ¿Qué tal está?
Y ella:
– Bien, ahí anda.
El frutero fingiendo, claro, porque yo ya le había saludado y todo.
Y él:
– Es que yo a tu amiga cada día la veo mejor y más guapísima, yo no sé qué le pasa.
A eso que me acerco yo por detrás y digo -al unísono que mi amiga (y juro que no lo habíamos preparado)-:
– Eso es lo por los dátiles que le das.
Y Hot Banana me dió otro dátil con cara de salido, claro.
Estaba riquísimo (el datil, porque Hot Banana psssss, no es santo de mi devoción).
¿Lo veis?
Yo estoy poniéndome así de buena gracias a la alimentación.
Comes una un dátil regalado por Hot Banana una vez a la semana, y se te pone un culo estupendo y unos pezones que ya los quisiera la Señora diosa Venus esa.
Hay que cuidarse, hombre.

Los fruteros también están calientes

¿Dónde estará mi dátil?

¿Dónde estará mi dátil?

¿Os acordáis que hace unos días os hablé de los charcuteros calientes?

Pues bien: resulta que no son los únicos que andan con la polla durita en el Super.

Uy, qué va.

Si vieráis lo excitados que tengo a los pobrecillos fruteros…

Son ellos unos curritos muy entregados. Siempre con sus melones, sus manzanas, sus pepinos, sus plátanos. Pesa que te pesa fruta. Pesa que te pesa patatas. Pesa que te pesa ciruelas…

Que si quiero un cuarto kilo de fresas, o tres kilos de zanahorias, o cuarto y mitad de chirimoyas…

Y ahí los tenéis a ellos, siempre con su gorrito, su delantal y su sonrisa de frutero feliz, complaciendo a las Maris del Súper.

Yo es raro que les pida algo directamente, porque prefiero la parte de autoservicio o los productos ya envasados, pero claro, de verlos una semana y otra, ya los conozco y los saludo con educación.

Entre tanto, ellos aprovechan para mirarme el culo y las piernas que me asoman bajo la minifalda.

El más guarrete es uno que sabe que adoro los dátiles. Un día se enteró y desde entonces no lo olvida. Y allí tienen unos dátiles riquísimos, que venden a precio de oro porque son de no sé dónde (lugar en el que seguramente, los tienen tirados pudriéndose por el suelo de los muchos que hay). Jamás compraría dátiles a ese precio, pues me parece un robo.

¿Sabéis que hace todas las semanas el frutero caliente cuando me ve?

Coge un dátil de la caja, con sus dedos, lo coloca bien derechito mirando hacia arriba y me persigue por todo el súper para dármelo…

Me dice:

“Toma, que yo sé que te gustan”.

A lo que yo siempre le digo:

“Ay, gracias, qué rico”.

Y me mira con sus ojos brillantes de lujuria y un bulto palpitante en sus pantalones…

Yo lo chupo con pasión (el dátil, hombre, el dátil) y me lo como con ansia, relamiéndome despacito los labios con mi lengua rosa y prometedora…

Y claro, con eso, a la semana siguiente, consigo otro dátil.

Y así, a lo tonto a lo tonto, me voy poniendo las botas.

Ya veréis, además, como un día se enteren los fruteros de que me diseño braguitas con las redecillas de las bolsas de limones… (un día os pondré una foto).