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Por el culo, no

La semana pasada os expliqué ya cómo me gustan a mí las pollas.
Tamaño medio.

Es que a ver, no es solo por temor vaginal… Entendedme bien. Es por todo. Se mete una en la boca una morcilla de burgos XL y aquello no hay por dónde cogerlo…, digo chuparlo. Eso estorba hasta para ducharse juntos, hombre….
Y ahora podéis leer entre líneas lo que queráis, pero yo ya he dicho lo que tenía que decir.

Aclarada la cuestión de que mi vagina no es Nueva York -como lo expresaría mi querido Carlo-, y que prefiere visitantes intermedios, pasemos al peliagudo asunto del culo.
Hay un partido que se ha presentado a las últimas elecciones al parlamento europeo que se llama POR EL CULO NO.
Si ya hasta hacen partidos políticos de eso, es porque se trata de una antiquísima reivindicación femenina que no viene siendo escuchada por el partido viril desde hace siglos.
¿Habéis entendido lo del tamaño de las pollas?
Bien.
Pues ahora repetid conmigo, chicos: “por el culo, noooooo”.

Me siento un poco ridícula cada vez que voy a una orgía, trío o innumerada fiesta sexual, y tengo que colgarme en el trasero un cartel con la frasecita de marras.
El que lo ve, se ríe, claro.
Vosotros reíros, sí, pero como una no avise las cosas y las deje claras, al menor descuido te encuentras un machote que te la cuela por el agujero negro por donde desaparece el universo y otros elementos del alma femenina.
¿Pero no me ha dotado la naturaleza de una calida, húmeda y mullida vagina para que vosotros paséis a visitarla y estéis cómodos y a gustito?
¿Por qué estáis todos empeñados en darme por el culo, a ver?
No me gustan los culos. Huelen a caquita y no están lubricados (no, no quiero que me lo lubriques, a ver cómo te lo digo).

Yo tenía un novio que siempre se hacía el tonto, como quien no quería la cosa, y trataba de metérmela por detrás. Yo sujetaba su polla con las manos y la reconducía por el orificio “correcto”, pero él insistía y fingía no darse cuenta o me decía que se le había “escurrido”.
Escurrida tu abuela, guapo.
Porque claro, la cosa es para confundirse: lo mismito tiene que ser meterla por un hoyito mullido y templadito, que por un culo cagón.
Anda ya.

Luego están los que te dicen: “mira, un probar: me lubrico un dedito y te lo voy metiendo poco a poco para que te acostumbres”.
Venga, va –aceptas al final poco convencida y mordiéndote los labios de pura angustia.
¡Pero qué mierda un dedito, ni un palillo de dientes!
Aquello duele como cuando venía tu madre y te ponía un supositorio cuando eras chiquitillo, y el supositorio salía disparado una y otra vez de tu culito porque los músculos ni de coña aceptaban elementos extraños allí dentro.

Resumiendo y sin ánimo de reiterarme más en lo mismo…:

¡Que por el culo no, oigan!