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¿Tienes miedito?

Aquí tó chula, y dispuesta a asustaros con estas peligrosas tetillas.

Aquí tó chula, y dispuesta a asustaros con estas peligrosas tetillas.

Aquí en internet somos todos muy valientes, muy enteraos y muy echaos pálante.

Y ojo, que yo soy la primera que se aplica el parche.

El anonimato y la distancia favorecen mucho la desinhibición, pero luego en el cara a cara, la cosa se complica. Ya lo sabemos.

Y no quiero decir con ello, por ejemplo, que yo en la vida real vaya vestida todos los días con pantalones largos y jerseys de cuello vuelto y sólo me despelote en mis fotos del blog.

Para nada.

Sin embargo, en mi caso, reconozco que soy una personilla tímida e introvertida, que no se trata así como así con desconocidos, ni se da bien con gente extraña. Necesito mi tiempo, coger confianza y sobre todo, sentirme cómoda.

Y todo este rollo viene a que me hace gracia cuánto machote valiente me encuentro en twitter, en el blog, y en internet en general, que me halagan y me explican cuántas apetecibles prácticas sexuales ejercerían sobre mi cuerpo serrano…

Menos lobos, caperucitos.

Trato con un montón de hombres al cabo del día -cara a cara-, y además en un ambiente que favorece el acercamiento. El 99% (y no exagero ni un poquito con esa cifra) se conducen con MIEDO.

Dicen por ahí que uno recibe lo que da. Por esa regla de tres, yo debo transmitir grandes dosis de terror a los chicos, porque recibo mucho miedo por parte de ellos. Quizá sea por algo que hago y de lo que no soy consciente. O quizá no. Nunca lo he tenido claro.

Me río mucho últimamente con un chico que conozco de hace unos meses, que es ginecólogo. Es joven, guapo, encantador y adorable. Un poco jovenzuelo para mi gusto, pero es de esos chiquillos tímidos a los que a una le agradaría desvirgar (es que se le nota de lejos que es virgen). En verdad, no tengo la menor intención de hacerlo, porque desvirgar tíos es un marrón, así que ni me insinúo, ni invado su intimidad, ni hago nada que pueda inquietarle en ese aspecto. Sólo le gasto bromas y le trato de forma campechana.

Pues al pobrecillo lo tengo malo, y se le cambia la cara cada vez que me ve llegar con mis transparencias y mis pezoneras. El otro día me dijo que por qué venía otra vez vestida así, que él lo pasaba mal.

Bromea, pensaréis. Pues siento deciros que no, que realmente se avergüenza y se siente incómodo.

Por su profesión, y por romper el hielo, le hago la broma fácil que estaréis ya imaginando. Claro, le digo que por qué se asusta de verme las tetas y el culete, si él en su trabajo ve todos los días cientos de ellos, pezoneras incluidas, ya que las madres que están dando el pecho, las llevan.

Pero él dice que no tiene nada que ver, que es distinto y que no le parece bien…

Sí, ya sé que es distinto. La gran diferencia es que lo mío es erótico, sensual, o, dígamoslo con todas las letras, directamente SEXUAL.

Vale, sí, ¿y qué?

¿Por qué tanto miedo a la desnudez, a la sensualidad, a disfrutar de tu cuerpo?

¿Qué pasa?

¿Dónde está el problema?

Telepelotilla, dígame

Así de mona me levanto por las mañanas.

Así de mona me levanto por las mañanas.

Malacatoncitos, nuestro más infiel y ansioso lector, está que se sube por las paredes -cual vil salamanquesa inquieta- esperando ésta mi entrada de hoy.

Le dije que contaría una anécdota sobre algo que le hice a un amigo. Y como lo prometido es deuda, ahí va:

Hace años que conozco a un chico que trabaja en los juzgados. Tendrá cuatro o cinco años más que yo y es un tipo encantador aunque extremedamente tímido. A pesar de que ha tenido miles de ocasiones y de que me he rozado mucho con él, jamás ha sido capaz de ponerme un dedo encima. Es un típico caso de chichifobia o miedo a los chichis.

Pero eso sí: hacerle entrar al trapo de cualquier provocación sexual, es la cosa más fácil del mundo. Así que una noche, tomando una copa, empezamos no sé cómo, con el cachondeo del nudismo y el exhibicionismo. Entonces me desafió y le aseguré que un día me presentaría en su trabajo con falda muy corta y escotazo.

Y allá que un día me fuí yo para los juzgados con mi mini más corta, mis tacones y un generoso escote. Busqué su oficina, entré como si tal cosa y le dije “¡¡hombre, Pepeeeeeee, que he venido a verte!!”.

La cara de Pepe fue un poema, porque ni de coña se lo esperaba. Se puso azul, amarillo, verde, y al fin, rojo. Todos los compañeros y compañeras dejaron de trabajar y se dedicaron a observar con interés a la tía de la minifalda que le daba dos efusivos besos al Pepe, y a cruzarse miradas y risitas significativas… Incluso salió la jueza a oler lo que allí se cocía. Fue muy divertido.

En cuanto Pepe pudo recomponerse, me dijo que fuésemos a tomar un café y allí estuvo el pobre más rojo que un tomate repitiendo una y otra vez: “tía, lo has hecho, has venido en minifalda y escote…”.

Y ya está, ahí terminó la historia.

El caso es que la anécdota, me ha dado hasta para la idea de montar un negocio.

Yo lo llamaría TELEPELOTILLA, DÍGAME.

¿Quieres sorprender a tu novio el día de tu cumpleaños y estás harta de los típicos regalos cumpleañeros?

¿Quieres joder a un compañero de tu curro y sonrojarlo delante de todos en plena jornada laboral?

¿Quieres ascender, peloteando a tu jefe, y hacerle un delicioso regalo que nunca olvidará?

Pues simplemente me llamas, acordamos el precio y la forma de proceder y yo aparezco donde tú me digas desnuda o semidesnuda y saludo a la víctima e incluso charlo con ella.

Creo que voy a patentarlo y tó XD.