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Carlo y yo

Carlo es redondo, suave, polludo, tan mullido por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo las fibras de hierro de su polla y sus huevos son duros cual dos cochinillas de cristal negro. Lo dejo erecto y se va al prado y acaricia tibiamente, rozándolas a penas, a las muchachillas rosas, celestes y gualdas…,( poniéndome los cuernecillos con tó quisqui, vaya). Lo llamo dulcemente: “¿Carlo?”, y no viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, que va, es que se ríe mismamente y dice “dispués”, en no sé qué cascabeleo ideal…

Carlo y yo.

Exacto, lo habéis adivinado.

Os hablaré claro: me gustan los chicos gorditos.

Diariamente tengo ocasión de acariciar cuerpos perfectos, de chicos que van al gimnasio y tienen una musculatura que es una delicia. Y no digo yo que no sea algo agradable de tocar, de besar y de follar.

Pero ni punta de comparación con poder tener cerca a un gordito morboso.

Carlo tiene una piel divina (ya la quisiera yo tener igual), suave como la seda y cálida. Está mullidito y es taaaaaaaan gustosito…, como uno de esos ositos de peluche a los que tú, lectora, seguro que has violado alguna vez. Es genial darle un abrazo y poder tocarlo. Además, es un gordito tremendamente feliz. Asquerosamente feliz. Después de follártelo o de tomarte una copa con él, tienes que ducharte cuatro veces, porque el tío te deja chorreando de felicidad. Su alegría se te pega a la piel y no hay forma de arrancarla ni con un estropajo.

Babea felicidad.

Apesta a felicidad.

Asco de tío.

Casualidades de la vida, yo siempre he follado con chicos delgados. Bastante delgados.

Y no tienen esa chispa. Les falta algo (lo mismo hierro o vitaminas, vete tú a saber). Necesitan ese potaje de habichuelas que su abuela nunca les hizo, el calor de una madre que se empeña en engordar a su prole, una amiga incondicional que les financie su panza a base de birras…

Y amor, les falta mucho amor.

Deberíais probar con los gorditos. Cuando pruebas uno, ya no quieres otra cosa.

Un besazo y un achuchón de osa a todos esos adorables gorditos morbosos que hacen que la vida de una mujer sea mucho más agradable.

El mejor amigo de la mujer es un gordito morboso feliz.

Os quiero.