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Ya no te quiero

Estoy demasiado buena para el gordo del Carlo, lo sé.

Estoy demasiado buena para el gordo del Carlo, lo sé.

Jo, nenessss, de verdad que no sepo qué voy a hacer.

Es el Carlo, sí.

Son muchos y muy numerosos los amigos blogueros y tuiteros (casualmente, de sexo masculino) que llevan meses parlamentando conmigo para convencerme y hacerme ver que mi Carlo no me conviene.

No va al gimnasio.

No participa.

No escribe en el blog.

No me quiere.

Está gordo.

Y yo estoy demasiado buena para él.

¡Jopé!

Cuando Carlo me tiene hasta el moño, yo le digo la famosa frase esa de:

– Pos mira, cari, si sigues así, lo único que vas a conseguir es perderme.

A lo que él, jarra de cerveza bien grande y bocadillo de calamares en mano, me contesta:

– Mari: lloraré amargamente.

Pero se nota por sus ojos que no lo dice en serio. O sea, que es una ironía, un sarcasmo vil de esos.

Mi Carlo es una máquina en la cama, pero para otras cosas, ya véis, es un descastao y un desprendío.

¿Pos sabes qué te digo, cari?

¡Que ya no te quiero!

Te dejo.

Voy a camelarme a una víctima masculina, de esas que tienen tabletita de chocolate, visita a diario a sus amigos los mariconcetes del gimnasio y bebe sólo agua mineral y come proteínas libres de grasas (no, los calamares fritos no están libres de grasas, Carlo, coño, ¿cómo quieres que te lo explique?).

Un cuerpo serrano de los buenos, sí, eso quiero, para meterlo en la cama de día y de noche, y disfrutar de la belleza escultural del músculo en estado puro.

Un hombre que me quiera y me tenga llenita la nevera (porque tú, cari, eres un puto gordo y me la tienes siempre vacía, comiéndotelo tó).

Me tienes jarta.

Adiós.

Y llora.

Llora amargamente.

Primer intercambio de parejas

Aquí, esperando a que alguien quiera quedarse con el Carlo...

Aquí, esperando a que alguien quiera quedarse con el Carlo…

Pues qué queréis que os diga…: a mí esto de intercambiar parejas, me gusta.

Es como lo de las estampitas, que yo también coleccionaba de chiquitinilla: “te cambio esta, que la tengo repe…”

Pues con los pichones, igual.

“Te cambio tu novio por el mío, que el Carlo es mu pesao”.

Y además de verdad…: noventa y tantos kilos de hombre de mediana edad, la mar de rarito, con pancita en buena medida financiada por mí, como él ya os explicó en su entrada del otro día…

La semana pasada contactamos con una pareja para nuestro primer intercambio sexual. Hablamos primero en un bar quince minutos, nos conocimos y nos gustamos. Varios días después concertamos nueva cita para proceder al intercambio.

Le preparé una maleta de fin semana al Carlo, con unos pocos gallumbos nuevos, pasta de dientes, cepillo y un montón de condones. Le dije a Leila que me lo cuidara y me lo devolviera en idéntico estado al del momento de la entrega, y a tal efecto le hice firmar un documento de conformidad.

Yo me llevé a Pepe a mi casa. Este venía con lo puesto… Yavetú…

Apenas acababa de instalar al Pepe en mi casa y ni me había dado tiempo a follármelo, cuando me llama Leila y me dice que nones, que quería resolver el contrato, porque nada más llegar, el Carlo le había vaciado la nevera de yogures, pollo asado, zarchichas y había empezado a liquidar todas las coca colas.

Además, me dijo, lo peor era que al desnudarlo, había detectado que Carlo tenía un poco más de barriguita que en las fotos…:

– María -me dijo-, yo lo siento mucho, pero te lo devuelvo.

Así que nada, aquí tengo otra vez al Carlo a mi vera.

¿Qué pasa, macho, que ninguna lo quiere?

¿Es que me lo voy a tener que follar yo sola tó entero?

Ay, bobos, que no.

Que es broma XDDD