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¡Eso no se come!

¡Que no te metas porquerías en la boca!

¡Que no te metas porquerías en la boca!

Hola, me llamo María y soy liberá. Llevo 11 días sin ver a mi marido comerse una polla.

(APLAUSOS DEL GRUPO DE TERAPIA).

La primera vez que vi a Carlo comerse una, fue hace dos meses. Al principio pensé que me habían echado algo raro en el cubata y lo estaba soñando, pero luego me di cuenta de que no era posible, porque yo no bebía cubata.

Desde ese día tuve pesadillas con un gordo mariconcete que venía todas las noches a meterse en mi cama chupando un calipo de lima-limón, que dejaba un reguero verdoso a su paso sobre las sábanas…

Lo peor de todo es cuando tienes que presentarle el noviete a tu madre, y entonces le dices –inevitablemente- aquello de:

– Hola, mamá, te presento a mi novio. Se llama Carlo. Y come pollas.

Ya nunca te vuelven a mirar igual que antes.

La familia comienza a darte de lado.

Y tú te contemplas en el espejo cada mañana, y te preguntas qué demonios has hecho mal para haber instalado en tu vida a un puto gordo.

Y, encima, maricón.

Yo no dejo de decirle que no me gusta verle hacer eso y que no lo haga más, o me voy a enfadar, pero una se siente como una madrecita, en plena orgía, corriendo detrás del Carlo y pegándole hostias en los morros cada vez que lo pillo tratando de comerse una polla.

Soy conocida ya en el ambiente liberal por mis gritos de guerra tipo:

– ¡¡¡CARLO, TE HE DICHO QUE ESO NO SE METE EN LA BOCA!!!

O:

– ¡ESO NO SE COME, CACA!

O:

– ¡¡¡NO SE METEN PORQUERÍAS EN LA BOCA!!!

Él, lo único que alega, es que yo también como pollas y “a ti bien que te gustan, María”.

¡¡¡Pero no es lo mismo, no es lo mismo!!!

¡¡¡¡Es que nadie me comprende!!!!

“¡¡Pero yo es que soy bisexual, Mari, que tú si que no comprendes!!” -Replica el Carlo.

¿Bisexual? -digo yo-, ¡¡¡tú lo que eres es mariquita, gordo!!! Que nada hay de malo en ello, ¡¡pero admítelo al menos!!.

Sé que no voy a poder vivir todo el tiempo persiguiendo al gordo para evitar que se meta eso en la boca otra vez.

Antes o después ocurrirá.

Y no voy a poder soportarlo.

Necesito ayuda.

Politraumatismo sexual

Hostias... que Carlo come pollas...

Hostias… que Carlo come pollas…

El viernes por la noche tuvimos una intensa sesión de sadomasoquismo en nuestro piso con dos parejas muy simpaticonas.

Bueno, lo de intensa depende, porque el Carlo dice que él rascándose con sus propias uñas, se hace más daño del que entre todos logramos infringirle.

En fin.

Pero para mí fue una tremenda noche.

Lo más doloroso de todo fue el encontronazo que tuve con la realidad. A consecuencia de ello, sufro un politraumatismo extenso sexual, a nivel psico-sensitivo,en el hemisferio derecho, que escuece que te cagas.

Todo ocurrió muy rápido.

Yo estaba comiéndome una polla feliz (que por circunstancias aún no investigadas, permaneció en igual grado de felicidad durante toda la noche…), felizmente, cuando de pronto, viene el Carlo y se la come también.

Primero pensé que había sido yo misma, que me había quedado vizca por culpa de los huevos que el maromo me estaba estampando sobre los ojos.

Pero después miré mejor, apartándome un huevo del ojo izquierdo, y qué va: el Carlo comía y comía, ayudándome, no fuera que me empachara yo sola con tanto zarchichón…

No, vale, no voy a entrar en detalles.

No lo puedo contar: es algo que hay que vivir.

Y lo que más me jode es que sé que el puto gordo lo hace para fastidiarme, porque un día apostamos que si él se comía una polla, yo me comería un coño.

Yo, que hubiera matado por defender la dignidad de mi macho, y le habría sacado los ojos con saña a todo aquel que hubiese afirmado que Carlo comía pollas…

Cría cuervos…

Pues me da igual, Carlo, las pollas que te comas.

No pienso cumplir mi parte del trato.

Ahora te jodes.

Nuevas experiencias

¿Que te cuente qué?

¿Que te cuente qué?

Como os adelantaba hace unos días, la semana pasada Carlo y yo nos estrenamos al fin -y por partida doble- en esta aventurilla del mundo liberal.

Estoy segura de que no voy a olvidar nunca a esa primera preciosa pareja con la que intimamos en nuestro piso (son los que nos grabaron el mini vídeo que dejamos por aquí hace poco).

Además de guapísimos, muy sexis y encantadores, resultaron ser criaturitas educadísimas, dulces y con unas maneras que ya las quisieran muchos.

Nos dejaron claro desde el principio, que ellos no hacían intercambio completo, sino que les gustaba ver y ser vistos y que las chicas jugaran entre sí.

Con mucho cariño y delicadeza, la chica me preguntó si me importaba que una mujer me tocara, a lo que sencillamente dije que no, porque me gustan las caricias, vengan de quien vengan.

Y las suyas me gustaron, cómo no. Y las de Carlo. Y las de cualquiera que hubiera venido en ese momento a disfrutar de mi piel con el gusto con el que ellos lo hacían.

A casi todos los bichos vivientes les gusta ser acariciados. Y yo no soy otra cosa que un bichejo más. Como tú, lector.

Y la sensación que se me quedó en la memoria, especialmente, de esta experiencia, es lo increible que resulta estar en la cama y que más de una persona se sientan atraídos por ti y se exciten gracias a tu cuerpo y a lo que ven y hacen.

Hasta ahora, lo normal y habitual era estar con un chico, y sólo con uno, en la cama. Él y yo. Y nadie más.

Ahora la situación mejora considerablemente, porque ese chico está ahí, excitado, erecto, caliente…, pero además, hay otro chico, igual de “contento” que él. Y por si fuera poco, también hay una mujer, que en lugar de demostrarte envidia o decirte que eres una zorrona loca (algo que pasa con mucha frecuencia en el día a día con chicas que conozco y que no tienen nada que ver con el mundo liberal), resulta que está encantada con tu cuerpo y te está acariciando con pasión…

Toma ya y chúpate esa.

Joder, ¿y en serio queréis y esperáis que yo venga a aquí a contaros los detalles de esa maravillosa noche?

¡Un carajo!

Probadlo vosotros, que es lo que tenéis que hacer, tontolabas.

Y si no, siempre podéis imaginaroslo. Aunque no es lo mismo…

Quiero ser estereosexual

Como queréis que os explique que la Mari es estereosexual, a ver...

Como queréis que os explique que la Mari es estereosexual, a ver…

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La web de sexo liberal de la que os hablé anteayer, es una pesadilla.

No os metáis.

Aparte de una panda de pervertidos, allí encontraréis que el mundo está lleno de bichos bisexuales.

Un día sí y otro también, recibo poco sutiles amenazas del estilo…:

“Hola, María, mi chica y yo queremos conoceros, pero que sepas que ella en cuanto te pille, te come el chichi, porque es bisexual y le pones mucho”.

A ver, tranquilidad.

Vamos a serenarnos todos.

¿Qué es lo que pone en nuestro perfil? ¿Es que no sabéis leer, macho?

Pone:

E-S-T-E-R-E-O-S-E-X-U-A-L-E-S

Hasta un niño de primaria lo entiende: somos estéreos, oigan, y por tanto escuchamos perfectamente por las dos orejas…

¿O no?

Carlo, desde que me conoció hace cinco años, está empeñado en que me cambie al otro bando, al de las livianas, como él las llama cariñosamente.

Yo siempre le he dicho que vale, que me paso al bando de las livianas, el día que él se pase al de los livianos.

Ayer mismo apostamos: “mira, Carlito, yo me como un chichi el día que tú te comas una polla”.

Me ha dicho que OK, que sin problema.

Pero sé que no lo dice en serio, y por eso estoy tranquila.

¡Que no quiero ser bisexual, hostias!

Me gustan los hombres. Punto.

Me parece estupendo que los demás sean bisexuales, trisexuales o polisexuales.

Pero a mí dejadme y no me metáis en líos.

Y los de la web, a ver si paráis ya de asustarme con chichis, como a un niño cuando se le asusta con el coco.

“Nene, que va a venir el coco y el hombre del saco y se te va a llevar como seas malo”.

Y a mí me no me digáis más eso de:

“Mari, como no te portes bien, va a venir Santa Almeja de Carril a comerte el toto”.

¡Irse ya, coño!

¡Irse!

¿Somos bisexuales?

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Y con ello…: ¿qué quiero preguntar?

¿Si lo somos todos en general o si lo somos Carlo y yo?

En realidad me refiero a la primera cuestión, pero -dicho sea de paso- aclararé que ni Carlo ni yo somos bisexuales. No al menos que nosotros sepamos.  Siempre hemos follado en estéreo. Vamos, sí, que somos estereosexuales de esos…

Me resulta curioso oir y leer con no poca frecuencia, que el sueño de muchos hombres es ver a dos mujeres enrollándose entre ellas.

Carlo dice, por ejemplo, que a él le gusta ver a dos personas metiéndose mano, ya sean mujeres u hombres. Pero que como diría Torrente, si lo hacen dos tíos son mariconadas… Carlo y sus extrañas teorías.

Hace poco alguien me explicaba que ese era el sueño de su vida, pero no lograba convencer a su pareja para que le hiciera un numerito lésbico y le comiera el conejo a alguna chica en en su presencia.

Hombre, la verdad es que yo la entiendo. Cuando a una no le gusta comer ciertas cosas, pues lo de comer sin ganas por darle gusto a otros,  yo no lo veo.

Es como si yo le dijera a Carlo que quiero que le coma la polla a otro tío delante de mí…

A ver chicos, poneos en nuestro pellejo e imaginadlo. Vosotros arrodillados delante de un machote peludo con su polla tiesa y contenta. Colocaos bien la servilleta y disponéos a comer con fruición…: ¿Cómo se os ha quedado la líbido?

Jejejeje.

¿A que jode? XD

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