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María culo rojo

Todos los viernes organizamos un evento en nuestro piso que hemos bautizado como LOS VIERNES SÁDICOS.

Si a alguna pareja le interesa, que nos mande un e-mail.

Consiste en sesiones de iniciación al BDSM, y al sadomasoquismo en general. La idea es que los asistentes me enseñen cómo debo azotar al Carlo para que disfrute con sus dolores.

Sigo pensando que es de gilipollas, pero como me gusta respetar las aficiones sexuales de los demás, pues hago el esfuerzo de entenderlo y aprender un poco.

Mi papel en el BDSM tengo claro que es activo. A mí eso de que me provoquen dolor en la cama, como ya os expliqué en alguna entrada anterior, no me hace ni pizca de gracia.

Pero claro, en una sesión de BDSM con el puto gordo, ni Dios se libra de algún azote.

Aquí os dejo este pequeño vídeo donde el referido señor con sobrepeso, se ensaña con mi culo hasta el enrojecimiento.

Para mi sorpresa, cuando lo he subido a las redes sociales, ha sido el vídeo que más ha gustado -con diferencia- a los usuarios.

Imagino que también hará las delicias de mis queridos lectores…

Pues que sepáis que sois todos unos cabrones y unos hijos de puta.

Sin acritud, ¿ein?.

Este es el vídeo famoso:

http://flashservice.xvideos.com/embedframe/11023827

Iniciación al BDSM

He comenzado mi curso de iniciación al sadomasoquismo.

Aquí tenéis la primera muestra:

http://flashservice.xvideos.com/embedframe/10918931

Qué mal rato pasé, y eso que los huevos y la polla eran del Carlo… XD

¿Te follo o te pego?

Tu abuela te va a hacer sadomasoquismo.

Tu abuela te va a hacer sadomasoquismo.

No sé si os lo había contado antes, pero Carlo es sadomasoquista.

Sí, es cierto.

Nadie es perfecto.

Y últimamente le ha dado por lanzarme -como quien no quiere la cosa- sutiles mensajes con anexos chantajes sexuales, cuyo pretendido fin no es otro que lograr que yo lo infle a hostias

Y en eso estoy pensando yo, oigan: en pegarle al puto gordo gilimasoca.

Para mí el dolor y el placer son cosas por completo excluyentes.

Cuando me hablan de sadomasoquismo, de forma automática se me hace un nudo en la garganta y me dan ganas de llorar. Ni idea de por qué: soy una sentimental, supongo. ¿Pero sabéis que los aficionados a estas cosas, suelen acabar con frecuencia en urgencias, y con la policía “escoltándolos”? Los masocas podéis decir misa si queréis, pero lo vuestro es un marrón de los gordos. Y el sexo debe ser divertido y no un marrón. No quiero por nada del mundo que un amigo mío del alma, como Carlo, por ejemplo, se implique en algo así, pero en fin, es lo que hay

:-(

Desde que tengo uso de razón, me recuerdo con una intolerancia desproporcionada al dolor.

Es tanto, que cualquier molestia que vaya medio grado más allá del dolor moderado, me provoca casi en el acto, una lipotimia, con el consecuente desmayo y perdida de conocimiento.

Y no es broma.

¿Cómo imaginar por tanto siquiera, la posibilidad de sentir dolor en la cama? Para mí es impensable.

Y por si fuera poco, también siento dolor por “simpatía”, con todo lo que ello arrastra: o sea, que si yo te veo sufrir a ti o sencillamente me relatas con detalle tu sufrimiento, empiezo a ver motitas negras que parpadean, siento hormigas en la cabeza y en cuestión de un momento, empiezo a caerme.

¿Me imagináis a mí pariendo? No, yo tampoco lo imagino.

En fin.

Trato de entender a Carlo y a los sadomasoquistas. Eso sí. Y desde mis carnes, no puedo. Supongo y entiendo que ellos tienen mucha tolencia al dolor a diferencia de lo que me sucede a mí.

El pellizco o mordisco en el pezón que le puedas dar a Carlo, yo, en mi cuerpo, lo siento amplificado por veinte, de modo que lo que para él es “normal”, para mí es insufrible.

¿Puedo hacer algo yo por cambiar esto? Me temo que no. Mi cuerpo va a ser siempre igual. Para mí el sexo ha de ser muy suave para que sea placentero.

No obstante, le he dicho a Carlo que haré un esfuerzo para entender esta estupidez suya, porque no merece otro nombre. Y creo que un día, hasta logrará que le haga una sesión de sado.

Pero eso sí: a mi modo.

El día que se la haga, os dejaré por aquí un reportaje gráfico.

Y por cierto, si tengo lectores sadomasoquistas por este blog, me ayudaría mucho oir vuestra opinión, a ver si consigo cambiar mi visión de las cosas y dejo de pensar que los amantes del BDSM sois unos gilipollas (y que conste que lo digo desde el respeto y el cariño).

Y, a veces -para los que lo estáis pensando- es cierto que yo también soy una gilipollas, lo reconozco al menos, y me pongo radical y fascista con ciertos temas. Éste, como veis, es uno de ellos.

¿Follar o ser follado?

Conjunto de lencería gris para dominar el mundo... XD

Modelo de lencería gris para dominar el mundo… XD

Otro de los temas sobre los que leo muchas opiniones es el del rol activo o pasivo de los miembros de la pareja.

Carlo cuenta una anécdota de una novia suya que tuvo a la que le explicó, a raiz de la declaración del IRPF, que ella era el sujeto pasivo a todos los efectos. Por lo visto a la muchacha no le hizo ni pizca de gracia y lo interpretó de aquella manera.

En cierto modo, yo la entiendo.

Lo he dicho otras veces en este blog: a mí lo de ser pasiva y víctima y cosas por el estilo, no me convence.

Si me dan a elegir -en la cama- entre gobernar o ser gobernada, atar o ser atada, ser activa o ser pasiva- elijo la primera de las alternativas en todos los casos.

Y es curioso esto, porque en el resto de ámbitos de mi vida yo no soy en absoluto mandona. Es más: no me gusta mandar. Cuando me han ofrecido en el trabajo puestos de mandona, he dicho que no.

Pero en la cama, es diferente (dice Carlo que esta es una de las frases favoritas de las mujeres: “es que es distinto” o “no es lo mismo”, jejeje).

Me gusta mucho más montarme sobre un machote y llevar yo las riendas, que el machote me ponga mirando a Cuenca y ahora vete tú a saber qué va a hacerte…

Prefiero follaros yo a que me folléis vosotros.

Porque no es lo mismo estar follando que estar follada.

Recuerdo que Carlo alguna vez me ha dicho con su voz sensual aquello de: “Un día te voy a atar y te voy a hacer …”.

A lo que yo, con cautela, he respondido: “Dispués”.

No me fío un pelo.

Ya que no mando en ningún otro sitio, al menos en la cama, me gusta mandar a mí. Aunque sea un poquito. Porque tampoco es que me guste coger la fusta y someteros a mis deseos.

Pero lo prefiero a ser la fustigada. Cuestión de gustos.

¿Qué preferís vosotros?

¿Follar o ser follados?