La realidad de las redes sociales swingers

Aquí yo, en el centro del Universo

Aquí yo, en el centro del Universo

Hace poco, nuestros distinguidos amigos de Swingerlandia, retomaban su particular encono y tirria frente a este blog y a las opiniones que en él vertimos.

Seguramente -ya me conocen- pensarán que me han intimidado o emocionalmente afectado (lloro amargamente por los rincones, oigan). Y que por eso escribo tan poquito.

Sí, hombre, sí.

Lo que pasa es que me gusta tenerlos pendiente de mis publicaciones. Además, así gano visitas (más que antes), de esos queridos lectores vigilantes.

A mí -lo reconozco- me gusta que me miren y ser el centro de atención. Me excita. Soy asquerosamente exhibicionista. Así que ahora, cada vez que entro a mi panel de wordpress y me pongo a escribir la entrada de turno, me corro del gusto inevitablementeeeeeeeeeeee, ¡¡¡¡aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhh, oooooooooooooooohhhhhhhhhhhh, síiiiiiiiiiiiiiiiiiii   !!!!

Bueno, ya.

Lo que quería contaros es que después de cinco meses de alta en cierta conocida red social swinger, estoy muy decepcionada y me siento estafada. Y mira que el Carlo me lo decía: “Mariiiiiiiii, no te des de alta ahí, que a mí no me convencen esas cooooosas”.

“Pos ahora, Mari, te jodes”

Los putos niños, que nunca le hacemos caso a los mayores. Y así nos va.

Casi todas las redes sociales que estamos conociendo -sean o no de pago- se caracterizan por contar con los siguientes elementos:

1º. COMISIONISTAS: Estos -para empezar- se dedican a captar acólitos en redes sociales gratuitas para llevarlos a redes sociales de pago. Una vez que caes en la trampa, el comisionista -como un puto vendedor de Guarrophone- trata de venderte un montón de cosas: desde un estilo de vida y unas normas sociales, hasta el bareto swinger de su amigo Pepe que hace una fiestas muy buenas y tiene las copas a 0,27 céntimos el litro… Y ya puedes tú ingresar en la Lista de Tito Robison, huir del país o cambiar de identidad… que todo es en balde, porque ellos siguen vendiéndote cosas.

2º. SPAMMERS: Como no son pocas las redes sociales que han sido sancionadas por enviar comunicaciones comerciales no deseadas vía e-mail, los spammers han aprendido a hacer spam lícito. ¿Cómo? Muy fácil: te agregan en la red social como amigo y te meten en una lista de bichos swingers invitables, de modo que un día sí y otro también, recibes cienes y cienes de invitaciones a fiestas con ánimos de lucro (casi todas en barzuchos liberales o establecimientos asociados), que no te interesan lo más mínimo. Y encima esa persona que te invita, no te conoce de nada, ni ha cruzado el menor mensaje contigo, ni tiene ningún tipo de interés en conocerte. Por eso, desde hace unas semanas, bloqueo a todos los tontopollas que me mandan invitaciones. Y seguiré haciéndolo. Así invitáis a vuestra p… madre para la próxima.

3º. ANIMADORES: Sí. Son como esas pobres criaturas que se ponen un pinganillo y dan voces y saltos en algunas discotecas, ferias o fiestas asimiladas, con objeto de que la gente haga el ganso un rato. En las redes sociales, estos especímenes se localizan en los foros. Los encontráis en todos los hilos de discusión, metiendo cizaña o aprovechando para poner links de webs externas, con objeto de publicitar sus blogs, tiendas de lencería erótica, o incluso otras redes sociales swinger… Y luego, nosotros no podemos poner la dirección de nuestro blog privado. Manda cojones.

Ea, bichos swinger: ya tenéis ahí arriba alpiste para entreteneros un rato.

Y ahora vais, y lo twiteáis. O mejor, lo ponéis en el foro, que así me hacéis un huevo de publicidad, que es lo que a mí me gusta.

Un besito, tontos, que en el fondo yo sé que todos me adoráis.

Cara culo, tú

 

Toma DNI, Caraculo

Toma DNI, Caraculo

Hace nada, me dio por crear una cuenta en Caralibro, de Carlo y María, para este asunto de los intercambios de pareja.

Echaba yo el rato con ella, leyendo historias y conociendo a nuevos bichos swingers.

Me entretenía, vamos.

Pues ni a quince días me ha llegado el juguetillo nuevo.

Esta mañana nos suspendieron la cuenta por incumplir sus políticas, según dicen.

Quieren que nos identifiquemos, aportando DNI, pasaporte o bla bla bla, porque lo dicen sus políticas.

Es como si la alcaldesa de mi pueblo -que es también política- me dice que le enseñe el DNI cuando voy dando un paseo por la plaza… Sí, hombre, sí: a ti te voy a dar yo mi DNI. Pronto.

Y digo yo que las políticas esas del Caraguardiaciví podían dimitir o algo, ¿no?

¡Caradimisión!

Desde el primer día que hice el alta, ya empecé a leer con inquietante frecuencia, que al personal le cancelaban las cuentas una y otra vez. Por usuarios envidiosos que los denunciaban, según decían, en la mayoría de los casos. Aunque lo cierto es que la razón principal de los bloqueos era la subida a sus muros de fotos de desnudos, fotos eróticas, pornográficas, vídeos del mismo estilo…

Nosotros nunca subimos material de ese tipo, porque ya estábamos al tanto de cuáles eran las políticas estrechas de Cararabodetoro.

Supongo que a Caraculo no le gustan los chichis ni las pollas. Cosa que es muy respetable. Y en tu casa, puedes meter -o no-cuantas churras, tetas o coños te dé la real gana.

Los usuarios volvían una y otra vez a darse de alta, después del bloqueo, lanzando sapos y culebras por los deditos, tal y como quedaba demostrado por los mensajes de protesta que imprimían en sus muros…

A mí ni de coña se me ocurre volver a crearme una cuenta. Si a Caranabo no le gustan los intercambios de pareja, yo no vuelvo a Carapolla ni que me paguen un sueldo vitalicio.

Dicho lo cual, sólo resta comentar que si alguno de los seguidores de Caracaca, llegaron hasta nuestra web y pueden leer esta entrada, que sepan que no hemos desaparecido voluntariamente de Cararepollo.

Simplemente nos suspendieron la cuenta.

Y no. No volveremos.

Aquí tenemos nuestra casa y -por ahora-podemos expresarnos libremente, poner fotos de pollas, tetas o del agapornis macho del vecino…

Cara…col.

Es la primera vez que me pasa

Mmmm, qué rico estoy.

Mmmm, qué rico estoy.

A medida que uno va avanzando en el tema de los intercambios de pareja, se encuentra con cierta frecuencia que a muchos hombres -sobre todo cuando son principiantes- esto les viene grande.

Están -teóricamente-entusiasmados con la idea de hacer intercambios, deseando que llegue el día, haciéndose pajas mentales y manuales en las jornadas previas…

Y sin embargo, cuando llega el ansiado momento y se ponen manos a la obra, el órgano protagonista no les responde.

Y no hay tu tía.

Empiezan entonces unos y otros a hacerse los despistados, los carraspeos, las frases de consuelo típicas como “estás cansado” o “estás nervioso” o “eso va a a ser de la pastilla de la migraña”…

Y el pobrecillo soñador fallido, antes o después acaba soltando aquello de:

“Os juro que a mí esto es la primera vez que me pasa”.

Sí, sí, claro. Eso decís todos.

Bromas aparte, es algo que te encuentras mucho.

Unas veces por nervios, otras por inseguridad, otras por problemas previos, el caso es que sucede.

A mí que algo así ocurra o deje de ocurrir, me la trae el pairo.

¿Por qué?

Pues porque Carlo siempre la tiene dura y no le falla en ninguna situación ,salvo que haya pillado una cogorza de campeonato.

Entonces, en esas situaciones en que el otro chico falla, yo lo que hago es -disimuladamente-irme pegando a él (al Carlo), hasta que -en un descuido- me lo follo.

Hombre, claro. Que a eso he venido yo.

Si tu maromo no puede cumplir, te las apañas tú con él, guapa.

Carlo no falla nunca porque él simplemente se imagina autofollándose a sí mismo.

Y como él vive pletórico de sí, y se ama más que a nada en el mundo, es imaginarse ahí desnudo, sensual, moreno, con su piel cálida y morbosa, y tan follable… que se le pone tiesa del gusto toda la noche.

Es lo que tiene quererse tanto.

Carlo se ama y se autodesea con pasión.

Amores perros.

Pero siempre firmes.

Pubicidad sexista

Uso mi pubis para pubicitar manzanas. ¿Qué pasa?

Uso mi pubis para pubicitar manzanas. ¿Qué pasa?

Soy una pubicista. ¿E o no?

Soy una pubicista. ¿E o no?

Por PUBICIDAD sexista debemos entender aquella en la que se utiliza el PUBIS para anunciar cosas.

A mí la pubicidad sexista me gusta. Es barata, cómoda y cualquiera puede hacerla.

El resultado es bonito, como ocurre en el caso de mis fotos.

Mi madre siempre me ha dicho que las manzanas son buenas para la salud.

¡Que comáis manzanas, coño!

El polvo que cambiará tu vida

Si te follo, serás otro hombre...

Si te follo, serás otro hombre…

Son adorables los chicos en ocasiones cuando tratan de seducir a una mujer. Se vuelven imaginativos y pueden generar cuentos y aventuras fantásticas.

Me decía un zagal la otra noche por chat, que él, por su avanzada edad, no tenía esperanzas de acostarse conmigo, pero que si yo supiera cuánto cambiaría su vida si yo tuviera a bien echarle un polvete…

Ya nada sería igual y él ya podría morir contento.

¡Polvos mágicos! ¡Polvos únicos! ¡Polvos revitalizantes! ¡Polvos milagrosoooooooooooooooos!

¡Vamos, oigaaaaaaaaaaaan, que me los quitaaaaaaaaaaan de las manooooooooooooos!

Que no hombre, que no.

Os puedo asegurar que ningún polvo tiene el poder intrínseco de cambiarle la vida a nadie.

Ninguna de mis víctimas folladas, han cambiado porque yo les haya metido en mi cama. Han seguido exactamente igual que antes. Bueno, algunos, un pelín más cabreados que al principio -eso sí- porque querían comer más y yo no quería seguir alimentándolos…

Pero fuera de eso, la vida sigue tal cual.

Es que es más: si yo pudiera cambiar a la gente a polvos, ya habría hecho estragos.

Por ejemplo: habría conseguido que el puto gordo adelgazara.

O que la polla se le pusiera más larga y más gorda.

O le hubiera transformado en un chico adorable en lugar de un en borde y un mariquita odioso…

Si yo tuviera el poder de cambiar a la gente a base de sexo, el mundo sería un lugar perfecto donde vivir…

Pero no caerá esa breva.

¡Eso no se come!

¡Que no te metas porquerías en la boca!

¡Que no te metas porquerías en la boca!

Hola, me llamo María y soy liberá. Llevo 11 días sin ver a mi marido comerse una polla.

(APLAUSOS DEL GRUPO DE TERAPIA).

La primera vez que vi a Carlo comerse una, fue hace dos meses. Al principio pensé que me habían echado algo raro en el cubata y lo estaba soñando, pero luego me di cuenta de que no era posible, porque yo no bebía cubata.

Desde ese día tuve pesadillas con un gordo mariconcete que venía todas las noches a meterse en mi cama chupando un calipo de lima-limón, que dejaba un reguero verdoso a su paso sobre las sábanas…

Lo peor de todo es cuando tienes que presentarle el noviete a tu madre, y entonces le dices –inevitablemente- aquello de:

– Hola, mamá, te presento a mi novio. Se llama Carlo. Y come pollas.

Ya nunca te vuelven a mirar igual que antes.

La familia comienza a darte de lado.

Y tú te contemplas en el espejo cada mañana, y te preguntas qué demonios has hecho mal para haber instalado en tu vida a un puto gordo.

Y, encima, maricón.

Yo no dejo de decirle que no me gusta verle hacer eso y que no lo haga más, o me voy a enfadar, pero una se siente como una madrecita, en plena orgía, corriendo detrás del Carlo y pegándole hostias en los morros cada vez que lo pillo tratando de comerse una polla.

Soy conocida ya en el ambiente liberal por mis gritos de guerra tipo:

– ¡¡¡CARLO, TE HE DICHO QUE ESO NO SE METE EN LA BOCA!!!

O:

– ¡ESO NO SE COME, CACA!

O:

– ¡¡¡NO SE METEN PORQUERÍAS EN LA BOCA!!!

Él, lo único que alega, es que yo también como pollas y “a ti bien que te gustan, María”.

¡¡¡Pero no es lo mismo, no es lo mismo!!!

¡¡¡¡Es que nadie me comprende!!!!

“¡¡Pero yo es que soy bisexual, Mari, que tú si que no comprendes!!” -Replica el Carlo.

¿Bisexual? -digo yo-, ¡¡¡tú lo que eres es mariquita, gordo!!! Que nada hay de malo en ello, ¡¡pero admítelo al menos!!.

Sé que no voy a poder vivir todo el tiempo persiguiendo al gordo para evitar que se meta eso en la boca otra vez.

Antes o después ocurrirá.

Y no voy a poder soportarlo.

Necesito ayuda.

Viajes de placer

Me voy de viaje, a ver a quién me follo con garantías, oigan.

Me voy de viaje, a ver a quién me follo con garantías, oigan.

Una las cosas más extrañas que me estoy encontrando en el mundo liberal, es la de los swingers viajeros.

Resulta que hay una curiosa variedad de bichitos swingers que van haciendo viajes por el mundo para conocer a otras parejas, chicos o chicas.

Y hasta ahí no habría nada de especial en su planteamiento. Lo raro comienza cuando se ponen a chatear contigo y te dicen:

– Mira, Mari, nosotros vamos a ir a Málaga precisamente para follaros a ti y al Carlo, pero claro, como vamos a hacer ese viaje por vosotros, queremos que nos déis garantías de que la cosa va a ser fructífera y me tenéis que ofrecer algo de antemano para que nosotros decidamos finalmente ir.

Yo les digo que puedo ir al banco y conseguirles un aval, o bien ofrecerles un plato de pescaíto frito malagueño o unos espetos.

Pero poco más, oigan.

No sé, macho.

Tú es que tienes que ser muuuuuuu tonto.

No nos conocemos de nada… ¿Cómo esperas conseguir seguridad sobre el hecho de que cuando las dos parejas se conozcan en persona, se van a gustar y van a funcionar en la cama? ¿Cómo se puede saber eso, con una pantalla de PC y kilómetros de cable eléctrico por medio?

De todos modos para los swingers viajeros exquisitos, yo ya estoy preparando un CERTIFICADO DE GARANTÍA que diga algo así como:

“Carlo y María los de Málaga, en nombre del Rey de España, CERTIFICAN que ambos son extremadamente sensuales, deliciosos e intensamente follables, por lo que si has decidido hacer un viaje hasta Málaga Town para gozar de sus cuerpos, te garantizamos que quedarás satisfecho. Vente pá la Costa del Sol, tonto, si no te va a doler…”

Luego nos dais vuestra dirección física allá en vuestra tierraland, y nosotros os enviamos -con antelación suficiente a la fecha prevista de vuestro viaje- el certificado original mediante empresa de mensajería a portes debidos.

Y todos tan contentos.

Una relación complicada

Mi marido es un complicado.

Mi marido es un complicado.

De vez en cuando nos encontramos con parejas swinger a las que no les hace ni pizca de gracia que el Carlo y yo no estemos casados, no vivamos juntos ni seamos -en definitiva- una familia tradicional.

Y encima tampoco vamos a misa los domingos, oigan…

Ya nada nos extraña, pues es bien sabido que la mayoría de los swíngeres no pasan el test de “MI ABUELA ES MÁS LIBERAL QUE TÚ”.

Y en verdad os digo, amigos, que yo ni muerta me casaba con Carlo.

Sí, vamos, en eso estoy pensando yo: en casarme, formar una familia y tener gusanos pelones berreando y cagando por la casa.

El sueño de mi vida, vaya.

Esas cositas para el que le gusten.

Carlo me dice siempre que cuando alguien me pregunte nuestro estado civil, les conteste que tenemos UNA RELACIÓN COMPLICADA.

Sí, este hombre es que se piensa que la vida es como hacerse un perfil en Caralibro…

A nosotros, que sí somos personas liberales, siempre nos ha resultado indiferente el estado civil de las parejas con las que nos vamos a la cama.

¿Cuál es el problema?

Si los cuatro nos gustamos y estamos cómodos…: ¿qué diferencia puede haber entre follar con una pareja de amantes, de señores casados, de novietes, o de follamigos?

¿Es que los polvos son mejores entre parejas de matrimonios?

¡Manda carallo na Habana!

Vosotros lo que sois es muuuu toooooontoooos.

¿Pues sabéis lo que os digo? Que ya os gustaría a muchas parejas de casados y de novios cristianos de esos de toda la vida, tener una relación tan sana y tan bonita como la que tenemos Carlo y yo.

Nuestra “relación complicada” brilla por su sencillez y su naturalidad. No hay ningún tipo de cadena, ni de condición, ni de necesidad de convencer al otro. Nadie persigue a nadie. Nos acompañamos cuando queremos. No hay preguntas. Ni celos. Ni inseguridad. Ni “yo aguantos”. Vas y vienes cuando quieres y no tienes que dar explicaciones. Nada en esta vida -para nosotros- es más importante que uno mismo. El otro no es una necesidad. Es una elección. Muy agradable, por cierto. Cada uno es uno mismo y no hay que posar, ni aparentar, ni inventar. Sólo disfrutar de los momentos. Compartir un “hasta el infinito y más allá” de risas. Beber juntos esas cervecitas con sus tapas o sus calamares, sin que importe dónde. Complicetear. Oirle al otro N veces la misma historia de la bufanda que le regaló su novia… “¿Otra vez me vas a contar la mismo, Carlo?”  “¡Y las que te quedan!”…

Básicamente se trata de disfrutar. Tanto si estás al lado del otro miembro de la relación complicada, como si no.

Y lo mejor es cuando alguien te pide que le presentes a tu … a tu… ¿A tu qué?

Porque la gente dice: “mamá, te presento a mi novio”.

O: “Mariquilla, te presento a mi rollete”.

O a mi marido.

O a mi follamigo.

Yo les digo: “TE PRESENTO A MI COMPLICADO”.

¡Ayyyyyy, si las ecuaciones polinómicas irracionales levantaran la cabeza!

¿Eres guay?

No somos guays, ojo.

No somos guays, ojo.

Carlo -además de un puto gordo- también es un creído.

A veces tiene sueños de grandeza y piensa que no debemos confirmar con antelación nuestra asistencia a algunas fiestas, porque podríamos ser un reclamo para otros swingers depredadores…

Hombre, reclamo reclamo reclamo el Carlo, va a ser que no.

En todo caso podría serlo yo, que estoy bien buena.

Por suerte, en esta relación, yo soy la miembra más modesta y la  única con sentido común.

En todo caso, Carlo dice que es que -aunque esté algo relleno- él es la alegría de la huerta. O dicho de otro modo:

I am the enjoy of the vegatables garden.

Tú lo que eres, Carlito, es un happy boniato.

Mucha huerta y mucha alegría, pero los swingers no te quieren ver ni en pintura.

A mí tampoco es que me adoren, pero bueno, tener tetillas es una ventaja.

El problema fundamental es que los swingers son todos super guays y gustan de la gente guay.

¿Y qué tiene Carlo de guay?

Carlo no es nada guay.

Es un capullo con patas.

No es guay.

No somos guays.

Y cuando no molas mogollón, no eres bien recibido en la Happy Swinger Comunity, que es como la Iglesia esa de los Mormones, pero con gente desnuda y muy salida.

Pero ándese el boniato caliente, y ríase…

¡Ríase la gente!

¿Somos malas las tías buenas?

¿Las tías buenas pueden no ser malas?

¿Las tías buenas pueden no ser malas?

Se oye mucho decir eso de que las tías buenas son malas malísimas.

¿Pero es cierto o se trata de un tópico más?

Pues mirad, yo es que no tengo una Universidad de esas de Matachuches, ni de Jaguar, ni de Minestronesota en las que se hacen estudios, así que no puedo opinar con el rigor científico que las caracteriza, pero sí que estoy capacitada para emitir mi opinión personal.

Otras tías buenas lo desconozco, pero yo personalmente en persona, soy mala malignísima.

¿Que por qué?

No tengo ni la más remota idea.

Me parece que vino conmigo de serie al nacer. Como el airbag.

Ser maligna ni siquiera es divertido. O sea, que no lo hago por placer ni por diversión. Es como cualquier otro vicio nocivo: uno sabe que no aporta nada, que encima es perjudicial, pero sin embargo…

Eso sí: yo lo dejo cuando quiero.

Mañana mismo decido yo dejar de ser maligna y me salen potencias del flequillo y tó…

¿Y entonces por qué sigo siendo mala?

No sé, macho, no sé.

No es por no ser buena. Si hay que ser buena, se es. No es por no ir. Si se decide ir, se va.

Todo el que me ve la primera vez queda prendado de mi natural bonachonería. Y siempre me dicen:

“María, tía, se nota que eres un taco buena gente”.

Sí, sí.

Tendríais que verlos dos meses y cuatro polvos después…

Me llaman de hija de puta para arriba.

Pero claro, es que yo no tengo la culpa de que tú te hayas planificado un futuro ideal conmigo (retoños incluidos) y un número concreto -pero extenso- de polvetes.

Más que malas, en realidad, las tías buenas lo que somos es justas.

Sabemos la medida exacta de pasión que le corresponde a cada hombre y la administramos con la diligencia de una buena hija de puta de familia.

Toma moreno.