Es la primera vez que me pasa

Mmmm, qué rico estoy.

Mmmm, qué rico estoy.

A medida que uno va avanzando en el tema de los intercambios de pareja, se encuentra con cierta frecuencia que a muchos hombres -sobre todo cuando son principiantes- esto les viene grande.

Están -teóricamente-entusiasmados con la idea de hacer intercambios, deseando que llegue el día, haciéndose pajas mentales y manuales en las jornadas previas…

Y sin embargo, cuando llega el ansiado momento y se ponen manos a la obra, el órgano protagonista no les responde.

Y no hay tu tía.

Empiezan entonces unos y otros a hacerse los despistados, los carraspeos, las frases de consuelo típicas como “estás cansado” o “estás nervioso” o “eso va a a ser de la pastilla de la migraña”…

Y el pobrecillo soñador fallido, antes o después acaba soltando aquello de:

“Os juro que a mí esto es la primera vez que me pasa”.

Sí, sí, claro. Eso decís todos.

Bromas aparte, es algo que te encuentras mucho.

Unas veces por nervios, otras por inseguridad, otras por problemas previos, el caso es que sucede.

A mí que algo así ocurra o deje de ocurrir, me la trae el pairo.

¿Por qué?

Pues porque Carlo siempre la tiene dura y no le falla en ninguna situación ,salvo que haya pillado una cogorza de campeonato.

Entonces, en esas situaciones en que el otro chico falla, yo lo que hago es -disimuladamente-irme pegando a él (al Carlo), hasta que -en un descuido- me lo follo.

Hombre, claro. Que a eso he venido yo.

Si tu maromo no puede cumplir, te las apañas tú con él, guapa.

Carlo no falla nunca porque él simplemente se imagina autofollándose a sí mismo.

Y como él vive pletórico de sí, y se ama más que a nada en el mundo, es imaginarse ahí desnudo, sensual, moreno, con su piel cálida y morbosa, y tan follable… que se le pone tiesa del gusto toda la noche.

Es lo que tiene quererse tanto.

Carlo se ama y se autodesea con pasión.

Amores perros.

Pero siempre firmes.

Pubicidad sexista

Uso mi pubis para pubicitar manzanas. ¿Qué pasa?

Uso mi pubis para pubicitar manzanas. ¿Qué pasa?

Soy una pubicista. ¿E o no?

Soy una pubicista. ¿E o no?

Por PUBICIDAD sexista debemos entender aquella en la que se utiliza el PUBIS para anunciar cosas.

A mí la pubicidad sexista me gusta. Es barata, cómoda y cualquiera puede hacerla.

El resultado es bonito, como ocurre en el caso de mis fotos.

Mi madre siempre me ha dicho que las manzanas son buenas para la salud.

¡Que comáis manzanas, coño!

El polvo que cambiará tu vida

Si te follo, serás otro hombre...

Si te follo, serás otro hombre…

Son adorables los chicos en ocasiones cuando tratan de seducir a una mujer. Se vuelven imaginativos y pueden generar cuentos y aventuras fantásticas.

Me decía un zagal la otra noche por chat, que él, por su avanzada edad, no tenía esperanzas de acostarse conmigo, pero que si yo supiera cuánto cambiaría su vida si yo tuviera a bien echarle un polvete…

Ya nada sería igual y él ya podría morir contento.

¡Polvos mágicos! ¡Polvos únicos! ¡Polvos revitalizantes! ¡Polvos milagrosoooooooooooooooos!

¡Vamos, oigaaaaaaaaaaaan, que me los quitaaaaaaaaaaan de las manooooooooooooos!

Que no hombre, que no.

Os puedo asegurar que ningún polvo tiene el poder intrínseco de cambiarle la vida a nadie.

Ninguna de mis víctimas folladas, han cambiado porque yo les haya metido en mi cama. Han seguido exactamente igual que antes. Bueno, algunos, un pelín más cabreados que al principio -eso sí- porque querían comer más y yo no quería seguir alimentándolos…

Pero fuera de eso, la vida sigue tal cual.

Es que es más: si yo pudiera cambiar a la gente a polvos, ya habría hecho estragos.

Por ejemplo: habría conseguido que el puto gordo adelgazara.

O que la polla se le pusiera más larga y más gorda.

O le hubiera transformado en un chico adorable en lugar de un en borde y un mariquita odioso…

Si yo tuviera el poder de cambiar a la gente a base de sexo, el mundo sería un lugar perfecto donde vivir…

Pero no caerá esa breva.

¡Eso no se come!

¡Que no te metas porquerías en la boca!

¡Que no te metas porquerías en la boca!

Hola, me llamo María y soy liberá. Llevo 11 días sin ver a mi marido comerse una polla.

(APLAUSOS DEL GRUPO DE TERAPIA).

La primera vez que vi a Carlo comerse una, fue hace dos meses. Al principio pensé que me habían echado algo raro en el cubata y lo estaba soñando, pero luego me di cuenta de que no era posible, porque yo no bebía cubata.

Desde ese día tuve pesadillas con un gordo mariconcete que venía todas las noches a meterse en mi cama chupando un calipo de lima-limón, que dejaba un reguero verdoso a su paso sobre las sábanas…

Lo peor de todo es cuando tienes que presentarle el noviete a tu madre, y entonces le dices –inevitablemente- aquello de:

– Hola, mamá, te presento a mi novio. Se llama Carlo. Y come pollas.

Ya nunca te vuelven a mirar igual que antes.

La familia comienza a darte de lado.

Y tú te contemplas en el espejo cada mañana, y te preguntas qué demonios has hecho mal para haber instalado en tu vida a un puto gordo.

Y, encima, maricón.

Yo no dejo de decirle que no me gusta verle hacer eso y que no lo haga más, o me voy a enfadar, pero una se siente como una madrecita, en plena orgía, corriendo detrás del Carlo y pegándole hostias en los morros cada vez que lo pillo tratando de comerse una polla.

Soy conocida ya en el ambiente liberal por mis gritos de guerra tipo:

– ¡¡¡CARLO, TE HE DICHO QUE ESO NO SE METE EN LA BOCA!!!

O:

– ¡ESO NO SE COME, CACA!

O:

– ¡¡¡NO SE METEN PORQUERÍAS EN LA BOCA!!!

Él, lo único que alega, es que yo también como pollas y “a ti bien que te gustan, María”.

¡¡¡Pero no es lo mismo, no es lo mismo!!!

¡¡¡¡Es que nadie me comprende!!!!

“¡¡Pero yo es que soy bisexual, Mari, que tú si que no comprendes!!” -Replica el Carlo.

¿Bisexual? -digo yo-, ¡¡¡tú lo que eres es mariquita, gordo!!! Que nada hay de malo en ello, ¡¡pero admítelo al menos!!.

Sé que no voy a poder vivir todo el tiempo persiguiendo al gordo para evitar que se meta eso en la boca otra vez.

Antes o después ocurrirá.

Y no voy a poder soportarlo.

Necesito ayuda.

Viajes de placer

Me voy de viaje, a ver a quién me follo con garantías, oigan.

Me voy de viaje, a ver a quién me follo con garantías, oigan.

Una las cosas más extrañas que me estoy encontrando en el mundo liberal, es la de los swingers viajeros.

Resulta que hay una curiosa variedad de bichitos swingers que van haciendo viajes por el mundo para conocer a otras parejas, chicos o chicas.

Y hasta ahí no habría nada de especial en su planteamiento. Lo raro comienza cuando se ponen a chatear contigo y te dicen:

– Mira, Mari, nosotros vamos a ir a Málaga precisamente para follaros a ti y al Carlo, pero claro, como vamos a hacer ese viaje por vosotros, queremos que nos déis garantías de que la cosa va a ser fructífera y me tenéis que ofrecer algo de antemano para que nosotros decidamos finalmente ir.

Yo les digo que puedo ir al banco y conseguirles un aval, o bien ofrecerles un plato de pescaíto frito malagueño o unos espetos.

Pero poco más, oigan.

No sé, macho.

Tú es que tienes que ser muuuuuuu tonto.

No nos conocemos de nada… ¿Cómo esperas conseguir seguridad sobre el hecho de que cuando las dos parejas se conozcan en persona, se van a gustar y van a funcionar en la cama? ¿Cómo se puede saber eso, con una pantalla de PC y kilómetros de cable eléctrico por medio?

De todos modos para los swingers viajeros exquisitos, yo ya estoy preparando un CERTIFICADO DE GARANTÍA que diga algo así como:

“Carlo y María los de Málaga, en nombre del Rey de España, CERTIFICAN que ambos son extremadamente sensuales, deliciosos e intensamente follables, por lo que si has decidido hacer un viaje hasta Málaga Town para gozar de sus cuerpos, te garantizamos que quedarás satisfecho. Vente pá la Costa del Sol, tonto, si no te va a doler…”

Luego nos dais vuestra dirección física allá en vuestra tierraland, y nosotros os enviamos -con antelación suficiente a la fecha prevista de vuestro viaje- el certificado original mediante empresa de mensajería a portes debidos.

Y todos tan contentos.

Una relación complicada

Mi marido es un complicado.

Mi marido es un complicado.

De vez en cuando nos encontramos con parejas swinger a las que no les hace ni pizca de gracia que el Carlo y yo no estemos casados, no vivamos juntos ni seamos -en definitiva- una familia tradicional.

Y encima tampoco vamos a misa los domingos, oigan…

Ya nada nos extraña, pues es bien sabido que la mayoría de los swíngeres no pasan el test de “MI ABUELA ES MÁS LIBERAL QUE TÚ”.

Y en verdad os digo, amigos, que yo ni muerta me casaba con Carlo.

Sí, vamos, en eso estoy pensando yo: en casarme, formar una familia y tener gusanos pelones berreando y cagando por la casa.

El sueño de mi vida, vaya.

Esas cositas para el que le gusten.

Carlo me dice siempre que cuando alguien me pregunte nuestro estado civil, les conteste que tenemos UNA RELACIÓN COMPLICADA.

Sí, este hombre es que se piensa que la vida es como hacerse un perfil en Caralibro…

A nosotros, que sí somos personas liberales, siempre nos ha resultado indiferente el estado civil de las parejas con las que nos vamos a la cama.

¿Cuál es el problema?

Si los cuatro nos gustamos y estamos cómodos…: ¿qué diferencia puede haber entre follar con una pareja de amantes, de señores casados, de novietes, o de follamigos?

¿Es que los polvos son mejores entre parejas de matrimonios?

¡Manda carallo na Habana!

Vosotros lo que sois es muuuu toooooontoooos.

¿Pues sabéis lo que os digo? Que ya os gustaría a muchas parejas de casados y de novios cristianos de esos de toda la vida, tener una relación tan sana y tan bonita como la que tenemos Carlo y yo.

Nuestra “relación complicada” brilla por su sencillez y su naturalidad. No hay ningún tipo de cadena, ni de condición, ni de necesidad de convencer al otro. Nadie persigue a nadie. Nos acompañamos cuando queremos. No hay preguntas. Ni celos. Ni inseguridad. Ni “yo aguantos”. Vas y vienes cuando quieres y no tienes que dar explicaciones. Nada en esta vida -para nosotros- es más importante que uno mismo. El otro no es una necesidad. Es una elección. Muy agradable, por cierto. Cada uno es uno mismo y no hay que posar, ni aparentar, ni inventar. Sólo disfrutar de los momentos. Compartir un “hasta el infinito y más allá” de risas. Beber juntos esas cervecitas con sus tapas o sus calamares, sin que importe dónde. Complicetear. Oirle al otro N veces la misma historia de la bufanda que le regaló su novia… “¿Otra vez me vas a contar la mismo, Carlo?”  “¡Y las que te quedan!”…

Básicamente se trata de disfrutar. Tanto si estás al lado del otro miembro de la relación complicada, como si no.

Y lo mejor es cuando alguien te pide que le presentes a tu … a tu… ¿A tu qué?

Porque la gente dice: “mamá, te presento a mi novio”.

O: “Mariquilla, te presento a mi rollete”.

O a mi marido.

O a mi follamigo.

Yo les digo: “TE PRESENTO A MI COMPLICADO”.

¡Ayyyyyy, si las ecuaciones polinómicas irracionales levantaran la cabeza!

¿Eres guay?

No somos guays, ojo.

No somos guays, ojo.

Carlo -además de un puto gordo- también es un creído.

A veces tiene sueños de grandeza y piensa que no debemos confirmar con antelación nuestra asistencia a algunas fiestas, porque podríamos ser un reclamo para otros swingers depredadores…

Hombre, reclamo reclamo reclamo el Carlo, va a ser que no.

En todo caso podría serlo yo, que estoy bien buena.

Por suerte, en esta relación, yo soy la miembra más modesta y la  única con sentido común.

En todo caso, Carlo dice que es que -aunque esté algo relleno- él es la alegría de la huerta. O dicho de otro modo:

I am the enjoy of the vegatables garden.

Tú lo que eres, Carlito, es un happy boniato.

Mucha huerta y mucha alegría, pero los swingers no te quieren ver ni en pintura.

A mí tampoco es que me adoren, pero bueno, tener tetillas es una ventaja.

El problema fundamental es que los swingers son todos super guays y gustan de la gente guay.

¿Y qué tiene Carlo de guay?

Carlo no es nada guay.

Es un capullo con patas.

No es guay.

No somos guays.

Y cuando no molas mogollón, no eres bien recibido en la Happy Swinger Comunity, que es como la Iglesia esa de los Mormones, pero con gente desnuda y muy salida.

Pero ándese el boniato caliente, y ríase…

¡Ríase la gente!

¿Somos malas las tías buenas?

¿Las tías buenas pueden no ser malas?

¿Las tías buenas pueden no ser malas?

Se oye mucho decir eso de que las tías buenas son malas malísimas.

¿Pero es cierto o se trata de un tópico más?

Pues mirad, yo es que no tengo una Universidad de esas de Matachuches, ni de Jaguar, ni de Minestronesota en las que se hacen estudios, así que no puedo opinar con el rigor científico que las caracteriza, pero sí que estoy capacitada para emitir mi opinión personal.

Otras tías buenas lo desconozco, pero yo personalmente en persona, soy mala malignísima.

¿Que por qué?

No tengo ni la más remota idea.

Me parece que vino conmigo de serie al nacer. Como el airbag.

Ser maligna ni siquiera es divertido. O sea, que no lo hago por placer ni por diversión. Es como cualquier otro vicio nocivo: uno sabe que no aporta nada, que encima es perjudicial, pero sin embargo…

Eso sí: yo lo dejo cuando quiero.

Mañana mismo decido yo dejar de ser maligna y me salen potencias del flequillo y tó…

¿Y entonces por qué sigo siendo mala?

No sé, macho, no sé.

No es por no ser buena. Si hay que ser buena, se es. No es por no ir. Si se decide ir, se va.

Todo el que me ve la primera vez queda prendado de mi natural bonachonería. Y siempre me dicen:

“María, tía, se nota que eres un taco buena gente”.

Sí, sí.

Tendríais que verlos dos meses y cuatro polvos después…

Me llaman de hija de puta para arriba.

Pero claro, es que yo no tengo la culpa de que tú te hayas planificado un futuro ideal conmigo (retoños incluidos) y un número concreto -pero extenso- de polvetes.

Más que malas, en realidad, las tías buenas lo que somos es justas.

Sabemos la medida exacta de pasión que le corresponde a cada hombre y la administramos con la diligencia de una buena hija de puta de familia.

Toma moreno.

Carlo el Tántrico

Estoy hasta el coño del Tantra.

Estoy hasta el coño del Tantra.

Dice la RAE que, entre otras cosas, EXTRA significa “fuera de”, y a veces “superior a lo normal”.

Pues a todos los efectos, os digo yo que Carlo es un tipejo EXTRAORDINARIO.

O sea, que es más verdulero y dice más tacos que la media…

No hombre, no.

Significa que está más allá de lo normal, de lo que se considera ordinario y habitual. Y en mi opinión, en muchos aspectos, está por encima de, con el sentido de “mejor que”.

Y la gente no está acostumbrada a las cosas diferentes.

La primera vez que compartí cama con ese gordito raro, hace ya cinco años, reconozco que también me quedé extrañada: aquel barrigoncito risueño ni gritaba de placer, ni temblaba de la pasión, ni estaba salido. Tampoco se corría en cero coma. Es más: tardó cerca de dos horas en correrse, para mi desesperación. Recuerdo que ya tenía yo agujetas hasta en la lengua y no sabía qué postura coger, ni de dónde sacar fuerzas para seguir follándome a aquel demente que disfrutaba entre mis piernas…

Cinco años después, ya lo veo muy normal y sé que, sencillamente, Carlo es así.

Pero ahora que hacemos intercambios de parejas, vuelvo a darme cuenta de que la mayoría de los chicos no tienen nada que ver con Carlo en temas de cama.

Rara es la pareja que no me pregunta al respecto, después de haber intimado. Más de uno y una se queda preocupado porque creen que Carlo no ha disfrutado lo suficiente, porque es que… “no se corría”.

Entonces yo les explico que eso en él es lo normal, y que en realidad, ha sido una sesión de las que él considera “rápidas”, porque lo habitual es que tarde bastante más.

Supongo que Carlo, cuando hay gente que aún no lo conoce, por consideración, abrevia un poco, y sobre todo, porque algunas personas esa noche quieren dormir y no esperar cuatro horas -bostezando- a que el gordito se corra de una vez.

A mí a veces hasta me dan ganas de pegarle,  cogerle del cuello y gritarle: ¡¡¡PERO CÓRRETE YA,  CABRÓN, QUE ME TIENES HASTA EL COÑO!!!

No lo hago porque él es masoca y eso es lo que él quisiera… ¡Que se joda!

Pues mirad, sí, os lo voy a decir de una vez ya por todas: Mi Carlo es que es Tántrico.

Nadie es perfecto.

Ventajas e inconvenientes de los bares liberales

No nos gustan los bares de intercambio de parejas.

El intercambio de parejas es más habitual de lo que cree la gente.

Llevamos relativamente poco tiempo en este mundillo liberal y de los intercambios de pareja, pero una de las cosas que más nos llaman la atención, es la obsesión que tienen algunas parejas por quedar o por llevarnos a los bares de intercambio de parejas. Excepción hecha del porreta, que va a comisión, pero eso es otra historia, que merece ser contada en otra ocasión.

VENTAJAS DE LOS BARES DE INTERCAMBIO DE PAREJAS

· Es más barato que un hotel e incluye varias copas. Cierto. Para una sóla pareja, porque ya si van dos parejas a la misma habitación, es mucho más barato el hotel o al menos a la par, ya que con lo que te ahorras en la habitación, puedes montarte allí mismo un mini botellón privado.
Si son tres o más parejas, compensa una habitación de hotel o una casa rural alquilada todo un fin de semana.
· No hay que reservar ni que presentar el DNI, cosa que si hay que hacer en los hoteles. Vamos, es que sólo faltaría que yo tuviera que mostrarle mi DNI a un camarero.
· La WIFI es gratis. Se trata que estés ocupado el mayor tiempo posible haciendo lo que sea, eso da igual. Aunque yo no me fiaría mucho de las WIFIs gratuitas, y por supuesto nunca pondría mi contraseñas en una de estas WIFIs, pero allá cada uno con la seguridad de sus cuentas.

 

INCONVENIENTES DE LOS BARES DE INTERCAMBIO DE PAREJAS

· La lengua. Tanto los camareros como “los que llevan” el bar liberal, son unos cotillas. No pueden remediarlo. Es algo que va implícito en ese oficio. Tengo una amiga que fue camarera de uno de estos mal llamados bares liberales, y la última que fuimos a comer al tintero, prácticamente conocía a personas de casi todas las mesas, y mira que el tintero es grande. De cada uno me comentó algo, tipo:

  • Ese es el más cornudo de Málaga. Su mujer se los ha puesto con casi todos los clientes de nuestro bar.
  • A ese de ahí, le gusta que le den por detrás con una polla de plástico.
  • Esa se las come de cinco en cinco, y le gusta tanto los bukkakes como la lluvia dorada. No veas luego como dejan la habitación.
  • A ese otro, no se le levanta. Tiene que andar tomando cialis o viagra para hacer algo.
  • Y a la rubia del fondo, le gustan más las mujeres que los hombres. De hecho, no folla ni con su marido.

No se lo estaba inventando pues más de diez personas, vinieron a saludarla. Otras personas en cambio, ni le devolvían la mirada por temor a que ella los identificara o dijera algo de este mundillo liberal a sus acompañantes.

· La higiene. Por lo menos en su bar y siempre según sus propias palabras, lo importante es que todo oliera a lejía.

· El precio. Si te lo sabes montar, tienes mucha más privacidad a precio de coste.

· El tabaco. Todos los bares swingers permiten que sus clientes fumen. Es ilegal, pero a los bares eso no les importa lo más mínimo. Un bar, no es un establecimiento que se distinga precisamente por respetar la ley.

· La distancia. No hay bares liberales o de intercambio de parejas en Málaga capital. Todos están fuera de Málaga, por lo que a la vuelta te puedes encontrar si bebes, un control de alcoholemia. Si no tomas alcohol o no toma alcohol tu pareja, puede ser ella quien conduzca de vuelta, pero has pagado un pastón en el club liberal para que uno de los dos no tome alcohol.

· Que traten contigo como si ellos (dueños y camareros) fueran también clientes. Obviamente no con todo el mundo, sino sólo con aquellas parejas por las que se sientan atraídos. Pues no. Lo tuyo es un negocio, así que tu detrás de la barra y calladita la boca. Si no te gusta, haber estudiado.

· Los robos. A la anterior pareja de Carlo (que soy yo mismo) le robaron en el Edén, que ahora se llama nuevo edén y antes se llamaba antiguio edén, una rebeca y casi unos tacones. Digo el casi, porque lo pillamos cuando los tenía ya en la mano. Alegó que creía que eran de su mujer. En la barra nos facilitaron un número de móvil para llamar al día siguiente por si había aparecido la rebeca. No, no apareció.

· El confundir los abrigos en el perchero. Rara es la ocasión en la que no te devuelvan un abrigo distinto al tuyo, por más numeración que le pongan. Nosotros lo devolvemos y pedimos el nuestro, pero no sería de extrañar quien no lo haga así.

· Los tíos sin pareja. Dicen que hay días exclusivos para parejas. Mienten una vez más. Todos los bares de intercambio tienen a varios hombres sin pareja a los que llaman o a los que permiten ir cada vez que ellos quieran. Volviendo al tema del edén, en aquella época eran varios negros (o el mismo varias veces) que se dedicaban a ir encendiendo las luces de las habitaciones que las parejas apagábamos.

· El que haya mucha gente, y todas las camas o habitaciones están ocupadas. Te toca esperar a lo que se llama cama caliente, o adaptarte al grupo que haya en una de las habitaciones. Y a la inversa,

· Cuando no hay nadie, que has pagado una pasta para quedarte allí de charla. Llamar al club liberal antes de ir no es una opción, porque al igual que los políticos, siempre, siempre, siempre mienten en función de lo que crean que tu quieras oir.

· Te piden verificaciones para sus clientes en las redes sociales swingers. A nosotros mismos nos lo hicieron, y así en nuestro primer día obtuvimos un montón de verificaciones de personas a las que vimos de lejos. Ya hemos lógicamente borrado, esas supuestas amistades. Hay un dicho en Internet que dice tal que así: eres más falso que un amigo del Facebook.

· Te piden que bloquees en las redes sociales swingers, a quienes le han dicho que no a alguno de sus clientes recurrentes (bar fly o moscas de bar los llaman los ingleses). Hay swingers como el porreta, que no entienden que un no es un no. Verás porreta, el que nos elimines de una red social swinger, no quiere decir que nos hayas eliminado de tu mente. María te dijo que no, y asume que vas a tener que vivir con eso durante toda tu vida.

· Las falsas parejas donde el hombre lleva a una mujer alquilada. Él lo intenta con toda la que puede, mientras ella dice que no, que no le apetece, que le duele la cabeza o lo que sea, menos que sólo lo hace con su cliente, salvo que se le pague nuevamente.

 

ALTERNATIVAS A LOS BARES DE INTERCAMBIO DE PAREJAS

Nosotros nos hemos buscando un antiguo piso de estudiantes con más camas que algunos bares liberales, y ahí es donde solemos ir a tomar un copa con las parejas que previamente hemos conocido en un bar de tapas cercano. A veces surge algo, y otras no ocurre nada.

Obviamente las parejas que vienen a casa, no pagan absolutamente nada. Lo nuestro no es un negocio.

Son casi todo ventajas:
· Es gratis.
· Es discreto.
· Está limpio.
· No se fuma.
· Hay fácil aparcamiento.

Aunque bueno, también hay un inconveniente:

· Los vecinos. No se puede hacer la misma escandalera que en otros sitios.

 

Obviamente, los bares de intercambio de parejas tendrán otra opinión. Es lógico. Es su negocio y lo que quieren es tu dinero.

Ni más, ni menos. Tu dinero.

Lo demás, es meramente accesorio.

 

Carlo.