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¿Eres guay?

No somos guays, ojo.

No somos guays, ojo.

Carlo -además de un puto gordo- también es un creído.

A veces tiene sueños de grandeza y piensa que no debemos confirmar con antelación nuestra asistencia a algunas fiestas, porque podríamos ser un reclamo para otros swingers depredadores…

Hombre, reclamo reclamo reclamo el Carlo, va a ser que no.

En todo caso podría serlo yo, que estoy bien buena.

Por suerte, en esta relación, yo soy la miembra más modesta y la  única con sentido común.

En todo caso, Carlo dice que es que -aunque esté algo relleno- él es la alegría de la huerta. O dicho de otro modo:

I am the enjoy of the vegatables garden.

Tú lo que eres, Carlito, es un happy boniato.

Mucha huerta y mucha alegría, pero los swingers no te quieren ver ni en pintura.

A mí tampoco es que me adoren, pero bueno, tener tetillas es una ventaja.

El problema fundamental es que los swingers son todos super guays y gustan de la gente guay.

¿Y qué tiene Carlo de guay?

Carlo no es nada guay.

Es un capullo con patas.

No es guay.

No somos guays.

Y cuando no molas mogollón, no eres bien recibido en la Happy Swinger Comunity, que es como la Iglesia esa de los Mormones, pero con gente desnuda y muy salida.

Pero ándese el boniato caliente, y ríase…

¡Ríase la gente!

Nueva experiencia en nuestro piso

Colchones y espejos, para morbosear un rato. ¿Te apuntas?

Colchones y espejos, para morbosear un rato. ¿Te apuntas?

El sábado pasado, hicimos una experiencia piloto, organizando un encuentro de parejas en nuestro piso de Málaga.

Y sin esperarlo, nos encontramos con lo que para nosotros es una reunión multitudinaria de parejas muy simpaticonas en nuestro nido de amor,jeje. Fuimos doce en total. Seis parejas de hombre y mujer. Gente alegre y lujuriosa. Miradas que iban y que venían. Ojos que te desnudaban. Alguna mano en el culo, distraída, como quien no quería la cosa. Un maromo paternal a mi lado, en el sofá… Piernas, medias que asomaban, ligueros, faldas cortas…

Sensaciones. Muchas sensaciones.

Nos resultó una experiencia muy positiva, que queremos repetir muchas más veces.

Por supuesto, a través de este blog, avisaremos de nuevos encuentros, para todos aquellos que os animéis y os queráis apuntar.

De esta primera cita aún no puedo relataros ninguna experiencia sexual, porque preferimos -la novatada es bueno pasarla a veces, que tampoco pasa nada- dejarla en eso: en una primera cita para observar, aprender, pedir opiniones, oir experiencias y pareceres de otros y hacerse una idea de cómo es este mundo.

Quiero, eso también, desde aquí, agradecer a todos los asistentes su presencia el sábado: nos ayudastéis un huevo a desinhibirnos, perder el miedo, descubrir cosas importantes y ver cómo os movéis en el mundo liberal. Un millón de gracias, de verdad.

Arriba os dejo una foto de la habitación que hemos preparado para jugar con las parejas. Unos espejitos y unos colchones en el suelo, y ahora… a dejar volar la imaginación.

Tengo pene

¿María tiene pene?

¿María tiene pene?

A ver, que no cunda el pánico.

Yo, María, no tengo pene. Lo juro solemnemente. Además, creo que por mis fotos, ese hecho ya se intuye.

He titulado así esta entrada, además de para mosquearos, jeje, para hablaros de otro de mis sueños recurrentes.

El amigo Freud tendría para rato conmigo.

Hace un montón de tiempo que no lo sueño, pero con frecuencia, yo he soñado con que tengo polla. Me acostaba a dormir y al levantarme al día siguiente, notaba algo raro en la ingle. Me bajaba las braguitas, me miraba y descubría con horror que tenía una polla y, encima, bien hermosa.

Siempre lo he vivido como una pesadilla. De hecho, me despertaba angustiada y casi llorosa.

Vendrán ahora los psicoanalistas a decirme que eso es que tengo un conflicto sexual, que no soy libre y que no le doy rienda suelta a mis verdaderos deseos.

Y una mierda.

¡Que no, coño!

Que yo soy una mujer desde que nací y no quiero que me salga una polla morcillona ahí de pronto.

Es como cuando te levantas con un grano enorme y purulento en medio de la nariz.

¿A quién le gusta eso? ¡Eso no tiene que estar ahí!

Pues con la polla que me sale en mis sueños, pasa igual.

¿Os imagináis que esa noche hubíeramos quedado para ir a una orgía? Yo llamando al Carlo por téléfono:

– Oye, cari, que esta noche no voy a podir a la orgi.

– ¿Y eso?

– Es que me ha salido una polla.

– Será un grano, ¿no, Mari?.

– ¡No, un grano, no!. ¡Que es una polla, en serio! ¡Buaaaaaaaaaaaa!

Y es curioso, porque en el sueño, yo me toco la polla a ver si es de verdad y de qué va una polla propia, y claro, al tocármela se me pone dura y gorda y me excito…

Joder, no me miréis así. Yo qué se. Es una polla. Mi polla. ¡Mi propia polla!. Y en esos momentos soy como cualquier otro tío: pienso con la polla…

Si os estáis preguntando si sigo tocándome hasta correrme, la respuesta es NO. Más bien, me pongo a llorar y a preguntarme cómo voy a vivir ahora así, y afortunadamente me despierto.

Qué mal rato, hostias.

¿Y vosotros, chicos? ¿Habéis soñado alguna vez que teníais tetas o coño propios en vuestros cuerpos????? ¿Cómo os habéis sentido?