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Deja mi culo quieto

Esto es lo más cerca que vas a estar de mi culo en toda tu vida, así que prepara unas pajas.

Esto es lo más cerca que vas a estar de mi culo en toda tu vida, así que prepara unas pajas.

A ver, macho, ya no sé cómo explicártelo.

He escrito varias entradas al respecto y aún así insistes en darme por el culo.

Eres mu pesao, cojones: ¡¡por el culo, no!! ¡¡No sexo anal!! Anal sex not!!! ¿Te lo digo también en francés?????

Qué bonito levantarse temprano y leer cosas románticas como:

voy a follarte tu rico chochito cuatro patitas te cojere el pelo y luego los 21 que tengo por tu culitooo te voy rebentar de tanto follar.

Lo he copiado literalmente.

A mí no me miréis…

El culo se lo vas a reventar a tu abuela, vurro.

A veces mi público me supera en agradable y adorable.

¡¡¡¡¡¡¡HE DICHO QUE POR EL CULO, NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!

Vagina de 8,36 metros cuadrados

¡Toma culo amarillo!

¡Toma culo amarillo!

“Me llamo Chochote y tengo un coño de 8,36 metros cuadrados de superficie habitable, dos cuartos de baño, salón y terraza. Estilo funcional y moderno. Totalmente amueblado. Sin electrodomésticos. Listo para entrar a vivir. Lo vas a gozar como nunca”.

 

 

¿Qué pensaríais de mí si yo me anunciara así en twitter, facebook, redes sociales en general, en mil anuncios o en este mismo blog?

Intuyo que caben dos posibilidades:

A) Pensaríais que soy gilipollas.

B) Pensaríais que estoy tarada.

¡Bien! Pues eso mismo es lo que yo pienso de los tíos que lo primero que te anuncian (ya sea por e-mail, perfil social, chat, correo electrónico, comentarios, etc…) es que tienen un polla de 83,22 centímetros redondos.

Como diría Carlo: ¿Y qué quieres? ¿Un premio?

Estás tó contento porque eres rabilargo, o seaaaaaa, ¿nooooo?.

Pues por mí como si tienes un iglú en Las Bahamas.

Póntelo de corbata (el rabo, no el iglú), o úsalo para recogerte la melena. O de cinturón, o de cadena para pasear al perro.

La última cosa que me interesa de un tío que no conozco es saber cuánto le mide el pene.

Búscate un topógrafo y se lo cuentas, hostias.

Y si algún día, diera la remota casualidad de que ese dato tan sumamente importante me interesara o interesase, te lo preguntaría yo por iniciativa propia. Porque claro, convendréis conmigo en que conocer la medida de un nabo, es información fundamental… Yo si no sé lo largo que lo tienes, es que no duermo en varios días. Un sin vivir, oigan.

(Y a ver ahora cuánto tardan mis adorables comentaristas pajilleros en contarme lo larga que la tienen… ¡Ay, zeñó, qué cruz! Si lo llego a saber, en lugar de un blog guarro, pongo uno de técnicas de encaje de bolillos…).

Tengo pene

¿María tiene pene?

¿María tiene pene?

A ver, que no cunda el pánico.

Yo, María, no tengo pene. Lo juro solemnemente. Además, creo que por mis fotos, ese hecho ya se intuye.

He titulado así esta entrada, además de para mosquearos, jeje, para hablaros de otro de mis sueños recurrentes.

El amigo Freud tendría para rato conmigo.

Hace un montón de tiempo que no lo sueño, pero con frecuencia, yo he soñado con que tengo polla. Me acostaba a dormir y al levantarme al día siguiente, notaba algo raro en la ingle. Me bajaba las braguitas, me miraba y descubría con horror que tenía una polla y, encima, bien hermosa.

Siempre lo he vivido como una pesadilla. De hecho, me despertaba angustiada y casi llorosa.

Vendrán ahora los psicoanalistas a decirme que eso es que tengo un conflicto sexual, que no soy libre y que no le doy rienda suelta a mis verdaderos deseos.

Y una mierda.

¡Que no, coño!

Que yo soy una mujer desde que nací y no quiero que me salga una polla morcillona ahí de pronto.

Es como cuando te levantas con un grano enorme y purulento en medio de la nariz.

¿A quién le gusta eso? ¡Eso no tiene que estar ahí!

Pues con la polla que me sale en mis sueños, pasa igual.

¿Os imagináis que esa noche hubíeramos quedado para ir a una orgía? Yo llamando al Carlo por téléfono:

– Oye, cari, que esta noche no voy a podir a la orgi.

– ¿Y eso?

– Es que me ha salido una polla.

– Será un grano, ¿no, Mari?.

– ¡No, un grano, no!. ¡Que es una polla, en serio! ¡Buaaaaaaaaaaaa!

Y es curioso, porque en el sueño, yo me toco la polla a ver si es de verdad y de qué va una polla propia, y claro, al tocármela se me pone dura y gorda y me excito…

Joder, no me miréis así. Yo qué se. Es una polla. Mi polla. ¡Mi propia polla!. Y en esos momentos soy como cualquier otro tío: pienso con la polla…

Si os estáis preguntando si sigo tocándome hasta correrme, la respuesta es NO. Más bien, me pongo a llorar y a preguntarme cómo voy a vivir ahora así, y afortunadamente me despierto.

Qué mal rato, hostias.

¿Y vosotros, chicos? ¿Habéis soñado alguna vez que teníais tetas o coño propios en vuestros cuerpos????? ¿Cómo os habéis sentido?