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¿Hacemos buena pareja?

Carlo me va a cambiar por una gordita.

Carlo me va a cambiar por una gordita.

Muchos swíngeres y seres humanos, opinan que es fundamental que la pareja esté compensada.

A mí, la verdad, me da igual: mientras el chico se parezca a Brad Pitt, a mí la parte femenina de la pareja no me hace falta que tenga ningún otro requisito.

¿Pero qué pensáis vosotros?

¿Creéis que debería cambiar al Carlo por un chico monumental como yo?

¿Debería el Carlo cambiar a la Mari por una jembra entradita en carnes como él?

¿Se haría así justicia universal?

No sé por qué sospecho que el Carlo no está por la labor. Y la verdad, no lo entiendo.

Los gorditos son gustositos y adorables. Yo disfruto con gorditos. ¿Por qué no iba Carlo a disfrutar con una gordita como él a su lado?

Yo tengo hueso na má.

Pero claro, por si no lo habéis notado, Carlo es pijo swínger como el que más.

Muchos piensan que somos una pareja descompesada.

Pues descompensada lo serás tú, zorra, porque yo estoy estupenda.

Carlo tampoco está descompensada: está sencillamente gorda gordísima.

A nosotros nunca jamás nos han dicho eso de “qué bonita pareja” o “qué buena pareja hacéis”.

Qué va.

Lo que nos dicen -a nuestras espaldas, eso sí- es: “Mira, ahí va el puto gordo con la tía buena”.

Sí.

Envidiosos.

Swíngeres.

Yo es algo que llevo muy mal, lo confieso.

Desde pequeña he soñado con tener a mi lado un príncipe azul perfecto, con perfil griego y ojos también azules, con el que poder pasearme del brazo, orgullosa, delante de mis amigas…

Y oírlas repetir eso de: ¡Qué buena pareja hacéis!

Una mieeeeeeerda para mí.

Carlo el tiquismiquis

ENCUENTRA LAS SIETE DIFERENCIAS (no hay webos).

ENCUENTRA LAS SIETE DIFERENCIAS (no hay webos).

Hola, cabrones.

¿Qué?

¿Creíais que nos habíamos extinguido, ein?

¡Ni hablar!

Somos indestructibles.

Hoy he venido aquí -aparte de a hablar de mi libro- a darle al mundo mis quejas.

Es que Carlo últimamente está hecho un tiquismiquis.

Vamos a citas a conocer parejas y ninguna mujer le gusta.

Es normal y en realidad lo entiendo: es verano y a mí me gusta salir por ahí casi desnuda. Y claro, él me mira a mí tan mona y tan desnuda y me compara con las otras mujeres, y no hay color.

Todas llevan demasiada ropa.

Y en el fondo, yo es que tengo al Carlo en el bote, como los céntimos.

En cambio, yo miro al Carlo en las citas, miro al otro maromo…: ¡Y a mí es que  todos los tíos me parecen bien!

Porque comparados con el puto gordo, los otros zagales están mucho más buenorros.

Así que mientras yo estoy dispuesta a follármelos a todos, el puto gordo sigue inapetente.

Así no se puede, oigan.

Ya sé que ahora saltarán los swinger-defensores de los prostitutos con sobrepeso y me dirán que debo tratar a mi pareja con respeto y no escribir estas cosas en el blog.

Una mieeeeerda respeto.

Carlo engorda y engorda y no respeta en absoluto mis ideales del cuerpo masculino.

Es más, engorda libremente, sin preguntarme siquiera si a mí me importa o me gusta o no.

Qué respeto ni qué pollas.

(Joder, María, con lo guapa que llevas todo el verano, tan calladita…).

El microchip swinger

¿Y tú? ¿Te has implantado ya el microchip swinger?

¿Y tú? ¿Te has implantado ya el microchip swinger?

Ya he leído varias veces eso de las pulseritas swinger, u otros distintivos para que los swíngeres se reconozcan entre ellos.

Se ve que los swíngeres son menos sensoriales que -por ejemplo- los homosexuales.

Éstos úlitmos aseguran -pregúntale a cualquiera que conozcas y te lo confirmará- que ellos se reconocen nada más verse y que nunca se equivocan. Con los que yo he hablado, nunca han sabido explicarme cuáles son las señales que los delatan, pero juran y perjuran que mirándose a los ojos, ya se dan cuenta.

Pero los swíngeres están hechos de otra sustancia y no tienen ese tipo de superpoderes.

Así que necesitan dispositivos externos de swingerlocalización o algo parecido.

También he leído en más de un sitio a algunos  swíngeres, proponiendo que las redes sociales regalen a sus usuarios algún tipo de medallita, pin, pulsera o similar para que así se pueda reconocer a esta especie de bicho libertino.

Que digo yo, que mucho mejor que eso sería un microchip subcutáneo, como los que se le ponen a los perrillos y a otras mascotas. Y a ser posible que lleven un dispositivo integrado de geolocalización y batería de titanio.

Así puede uno ir paseando por ahí  con su móvil inteligente (si el tuyo es tontito, no sirve), un programita GPSwinger al efecto, y saber si la parejita con pinta bichos que se viene acercando a ti por el pasillo de los congelados del súper es normal o es swinger (verás cuando lean esta entrada mis amigos swíngeres y descubran que he dicho eso de”normal o swinger”: se me van a poner hechos unas locas histéricas).

En realidad la idea del GPSwinger fue del Carlo, que el otro día me decía que debería existir, porque para los homosexuales ya existe. Carlo me explicó (referiéndose al Gaylocalizador) literalmente que:

Y funciona como el GPS del coche.
A doce metros, gire usted a la derecha…
Recalculando maricones
¡Ha llegado usted al maricón del barrio!

Peligros de las redes sociales swingers

¿Son discretas las cucarachas swingers?

¿Son discretas las cucarachas swingers?

No sé si recordaréis que en la última entrada, os estuve contando de qué iba la fauna que habita las redes sociales liberales.

Pues corta me quedé, la verdad.

¿Y a qué viene esto? ¿Ya ha pillado la tonta de María otra pataleta?

Qué va, es que -como decía una conocida- estoy menstruando y se me va la olla.

Sí, sí.

Esto fué lo que me sucedió hace unos días:

Era una tarde apacible, de cálido bochorno malagueño. Gotas de sudor jugaban a las carreritas, resbalando desde mis pechos hasta mi pubis, y a todo lo largo de mi columna vertebral hasta perderse entre mis sensuales nalgas… En aquel instante pensé en cuántas lenguas habría deseando secar mi sudor… Y de pronto, un pollo.

Cantaba el pollo como loco en mi móvil. Miré la pantalla y me informó de que había recibido cerca de cincuenta mensajes de whatsapp.

Aaaaahhhhhhhh, qué horror.

Casi no uso el whatsapp, así que ni idea de qué podía ser.

Al principio, mensajes incompresibles sobre una fiesta swinger. Luego mensajes de gente que se apuntaba y otros de gente que se cabreaba (con toda la razón).

Salvo uno, ninguno de aquellos números me sonaban.

Al grano: un gilipollas que un día conocimos en persona, no tuvo una idea mejor que hacer un grupo de whatsapp para invitar a una fiesta, donde metió sin preguntar ni nada, a unos cien contactos que, con paciencia y una caña, había ido recopilando.

Se trataba de parejas liberales, así como chicos y chicas solas de swingerlandia.

Entonces observo con horror que, de pronto, tengo en la pantalla cien números de teléfono, con sus respectivas fotos de perfil (en la mayoría de los casos), que muestran rostros perfectamente visibles…

Hay que ser un hijo de la gran puta para hacer eso sin pedir permiso.

Y todo porque eres un comercial de mierda de un puto bar liberal que no sabe hacer su trabajo, y un muerto de hambre, porque hay que andar muy tieso para ser tan cabrón y llegar hasta esos extremos para conseguir clientela.

Y el jefe para el que trabajas, que es otro mierda igual o peor que tú, debería dedicarse a otra cosa: si no sabes patrocinar tu negocio para llegar al público, cambia de negocio. O jódete. O muérete un rato.

El hijo de puta en cuestión nos pareció en su día un chico apañado, pero la triste realidad es que se dedica a hacer contactos y conseguir números de móviles para luego crear grupos publicitarios y, de paso, realizar cesiones ilegales de datos personales al resto de usuarios.

La vida sexual de las personas debería ser tratada siempre con discreción y confidencialidad. Pero no, ahora yo tengo fotos de un montón de personas con una determinada afición sexual, porque un triste hijo de puta así lo ha decidido.

Lo siento un montón por los pobrecillos swingers que cometieron la tontería de poner fotos de sus caras en el perfil de whatsapp (en su favor hay que decir que actúan movidos por la creencia de que la gente en este mundo es muy discreta…: ¡espabilad, por Dios!). A nosotros poco nos afectó, porque no tenemos foto alguna en el perfil y hemos bloqueado al cabrón de turno para que no pueda seguir enviando puto SPAM.

A los usuarios despistados que llegan – cegados por su falso destello dorado-a estas redes sociales, decirles que se anden con mucho ojo, porque no es oro eso que reluce.

Es caca de la vaca comercial. Como los pesados de vomistar, borrafone o tontofónica, pero con orgías.

Y no: no esperéis discreción y calidad por el hecho de acudir a una red social de pago.

Esto que os cuento ha ocurrido en una conocida red social de pago.

Todos te dirán que al ser de pago, es una garantía.

Y es cierto: tienes garantía de que en ella te vas a encontrar con un montón de hijos de puta que pagan por estar allí.

En las redes gratuitas, están los mismos hijos de puta, pero sin pagar (y me atrevería a decir que en las no gratuitas están más intensamente, porque donde pagan, se esfuerzan más en dar por culo, claro: ya que han pagado…).

Así que garantías: una mierda.

La realidad de las redes sociales swingers

Aquí yo, en el centro del Universo

Aquí yo, en el centro del Universo

Hace poco, nuestros distinguidos amigos de Swingerlandia, retomaban su particular encono y tirria frente a este blog y a las opiniones que en él vertimos.

Seguramente -ya me conocen- pensarán que me han intimidado o emocionalmente afectado (lloro amargamente por los rincones, oigan). Y que por eso escribo tan poquito.

Sí, hombre, sí.

Lo que pasa es que me gusta tenerlos pendiente de mis publicaciones. Además, así gano visitas (más que antes), de esos queridos lectores vigilantes.

A mí -lo reconozco- me gusta que me miren y ser el centro de atención. Me excita. Soy asquerosamente exhibicionista. Así que ahora, cada vez que entro a mi panel de wordpress y me pongo a escribir la entrada de turno, me corro del gusto inevitablementeeeeeeeeeeee, ¡¡¡¡aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhh, oooooooooooooooohhhhhhhhhhhh, síiiiiiiiiiiiiiiiiiii   !!!!

Bueno, ya.

Lo que quería contaros es que después de cinco meses de alta en cierta conocida red social swinger, estoy muy decepcionada y me siento estafada. Y mira que el Carlo me lo decía: “Mariiiiiiiii, no te des de alta ahí, que a mí no me convencen esas cooooosas”.

“Pos ahora, Mari, te jodes”

Los putos niños, que nunca le hacemos caso a los mayores. Y así nos va.

Casi todas las redes sociales que estamos conociendo -sean o no de pago- se caracterizan por contar con los siguientes elementos:

1º. COMISIONISTAS: Estos -para empezar- se dedican a captar acólitos en redes sociales gratuitas para llevarlos a redes sociales de pago. Una vez que caes en la trampa, el comisionista -como un puto vendedor de Guarrophone- trata de venderte un montón de cosas: desde un estilo de vida y unas normas sociales, hasta el bareto swinger de su amigo Pepe que hace una fiestas muy buenas y tiene las copas a 0,27 céntimos el litro… Y ya puedes tú ingresar en la Lista de Tito Robison, huir del país o cambiar de identidad… que todo es en balde, porque ellos siguen vendiéndote cosas.

2º. SPAMMERS: Como no son pocas las redes sociales que han sido sancionadas por enviar comunicaciones comerciales no deseadas vía e-mail, los spammers han aprendido a hacer spam lícito. ¿Cómo? Muy fácil: te agregan en la red social como amigo y te meten en una lista de bichos swingers invitables, de modo que un día sí y otro también, recibes cienes y cienes de invitaciones a fiestas con ánimos de lucro (casi todas en barzuchos liberales o establecimientos asociados), que no te interesan lo más mínimo. Y encima esa persona que te invita, no te conoce de nada, ni ha cruzado el menor mensaje contigo, ni tiene ningún tipo de interés en conocerte. Por eso, desde hace unas semanas, bloqueo a todos los tontopollas que me mandan invitaciones. Y seguiré haciéndolo. Así invitáis a vuestra p… madre para la próxima.

3º. ANIMADORES: Sí. Son como esas pobres criaturas que se ponen un pinganillo y dan voces y saltos en algunas discotecas, ferias o fiestas asimiladas, con objeto de que la gente haga el ganso un rato. En las redes sociales, estos especímenes se localizan en los foros. Los encontráis en todos los hilos de discusión, metiendo cizaña o aprovechando para poner links de webs externas, con objeto de publicitar sus blogs, tiendas de lencería erótica, o incluso otras redes sociales swinger… Y luego, nosotros no podemos poner la dirección de nuestro blog privado. Manda cojones.

Ea, bichos swinger: ya tenéis ahí arriba alpiste para entreteneros un rato.

Y ahora vais, y lo twiteáis. O mejor, lo ponéis en el foro, que así me hacéis un huevo de publicidad, que es lo que a mí me gusta.

Un besito, tontos, que en el fondo yo sé que todos me adoráis.

Pubicidad sexista

Uso mi pubis para pubicitar manzanas. ¿Qué pasa?

Uso mi pubis para pubicitar manzanas. ¿Qué pasa?

Soy una pubicista. ¿E o no?

Soy una pubicista. ¿E o no?

Por PUBICIDAD sexista debemos entender aquella en la que se utiliza el PUBIS para anunciar cosas.

A mí la pubicidad sexista me gusta. Es barata, cómoda y cualquiera puede hacerla.

El resultado es bonito, como ocurre en el caso de mis fotos.

Mi madre siempre me ha dicho que las manzanas son buenas para la salud.

¡Que comáis manzanas, coño!

El polvo que cambiará tu vida

Si te follo, serás otro hombre...

Si te follo, serás otro hombre…

Son adorables los chicos en ocasiones cuando tratan de seducir a una mujer. Se vuelven imaginativos y pueden generar cuentos y aventuras fantásticas.

Me decía un zagal la otra noche por chat, que él, por su avanzada edad, no tenía esperanzas de acostarse conmigo, pero que si yo supiera cuánto cambiaría su vida si yo tuviera a bien echarle un polvete…

Ya nada sería igual y él ya podría morir contento.

¡Polvos mágicos! ¡Polvos únicos! ¡Polvos revitalizantes! ¡Polvos milagrosoooooooooooooooos!

¡Vamos, oigaaaaaaaaaaaan, que me los quitaaaaaaaaaaan de las manooooooooooooos!

Que no hombre, que no.

Os puedo asegurar que ningún polvo tiene el poder intrínseco de cambiarle la vida a nadie.

Ninguna de mis víctimas folladas, han cambiado porque yo les haya metido en mi cama. Han seguido exactamente igual que antes. Bueno, algunos, un pelín más cabreados que al principio -eso sí- porque querían comer más y yo no quería seguir alimentándolos…

Pero fuera de eso, la vida sigue tal cual.

Es que es más: si yo pudiera cambiar a la gente a polvos, ya habría hecho estragos.

Por ejemplo: habría conseguido que el puto gordo adelgazara.

O que la polla se le pusiera más larga y más gorda.

O le hubiera transformado en un chico adorable en lugar de un en borde y un mariquita odioso…

Si yo tuviera el poder de cambiar a la gente a base de sexo, el mundo sería un lugar perfecto donde vivir…

Pero no caerá esa breva.

¿Somos malas las tías buenas?

¿Las tías buenas pueden no ser malas?

¿Las tías buenas pueden no ser malas?

Se oye mucho decir eso de que las tías buenas son malas malísimas.

¿Pero es cierto o se trata de un tópico más?

Pues mirad, yo es que no tengo una Universidad de esas de Matachuches, ni de Jaguar, ni de Minestronesota en las que se hacen estudios, así que no puedo opinar con el rigor científico que las caracteriza, pero sí que estoy capacitada para emitir mi opinión personal.

Otras tías buenas lo desconozco, pero yo personalmente en persona, soy mala malignísima.

¿Que por qué?

No tengo ni la más remota idea.

Me parece que vino conmigo de serie al nacer. Como el airbag.

Ser maligna ni siquiera es divertido. O sea, que no lo hago por placer ni por diversión. Es como cualquier otro vicio nocivo: uno sabe que no aporta nada, que encima es perjudicial, pero sin embargo…

Eso sí: yo lo dejo cuando quiero.

Mañana mismo decido yo dejar de ser maligna y me salen potencias del flequillo y tó…

¿Y entonces por qué sigo siendo mala?

No sé, macho, no sé.

No es por no ser buena. Si hay que ser buena, se es. No es por no ir. Si se decide ir, se va.

Todo el que me ve la primera vez queda prendado de mi natural bonachonería. Y siempre me dicen:

“María, tía, se nota que eres un taco buena gente”.

Sí, sí.

Tendríais que verlos dos meses y cuatro polvos después…

Me llaman de hija de puta para arriba.

Pero claro, es que yo no tengo la culpa de que tú te hayas planificado un futuro ideal conmigo (retoños incluidos) y un número concreto -pero extenso- de polvetes.

Más que malas, en realidad, las tías buenas lo que somos es justas.

Sabemos la medida exacta de pasión que le corresponde a cada hombre y la administramos con la diligencia de una buena hija de puta de familia.

Toma moreno.

Carlo el Tántrico

Estoy hasta el coño del Tantra.

Estoy hasta el coño del Tantra.

Dice la RAE que, entre otras cosas, EXTRA significa “fuera de”, y a veces “superior a lo normal”.

Pues a todos los efectos, os digo yo que Carlo es un tipejo EXTRAORDINARIO.

O sea, que es más verdulero y dice más tacos que la media…

No hombre, no.

Significa que está más allá de lo normal, de lo que se considera ordinario y habitual. Y en mi opinión, en muchos aspectos, está por encima de, con el sentido de “mejor que”.

Y la gente no está acostumbrada a las cosas diferentes.

La primera vez que compartí cama con ese gordito raro, hace ya cinco años, reconozco que también me quedé extrañada: aquel barrigoncito risueño ni gritaba de placer, ni temblaba de la pasión, ni estaba salido. Tampoco se corría en cero coma. Es más: tardó cerca de dos horas en correrse, para mi desesperación. Recuerdo que ya tenía yo agujetas hasta en la lengua y no sabía qué postura coger, ni de dónde sacar fuerzas para seguir follándome a aquel demente que disfrutaba entre mis piernas…

Cinco años después, ya lo veo muy normal y sé que, sencillamente, Carlo es así.

Pero ahora que hacemos intercambios de parejas, vuelvo a darme cuenta de que la mayoría de los chicos no tienen nada que ver con Carlo en temas de cama.

Rara es la pareja que no me pregunta al respecto, después de haber intimado. Más de uno y una se queda preocupado porque creen que Carlo no ha disfrutado lo suficiente, porque es que… “no se corría”.

Entonces yo les explico que eso en él es lo normal, y que en realidad, ha sido una sesión de las que él considera “rápidas”, porque lo habitual es que tarde bastante más.

Supongo que Carlo, cuando hay gente que aún no lo conoce, por consideración, abrevia un poco, y sobre todo, porque algunas personas esa noche quieren dormir y no esperar cuatro horas -bostezando- a que el gordito se corra de una vez.

A mí a veces hasta me dan ganas de pegarle,  cogerle del cuello y gritarle: ¡¡¡PERO CÓRRETE YA,  CABRÓN, QUE ME TIENES HASTA EL COÑO!!!

No lo hago porque él es masoca y eso es lo que él quisiera… ¡Que se joda!

Pues mirad, sí, os lo voy a decir de una vez ya por todas: Mi Carlo es que es Tántrico.

Nadie es perfecto.

¡Vuelve, Mari!

En los últimos días, ha llegado a nuestra redacción un aluvión de e-mails, de lectores que imploran el perdón de María (la del blog, no la Virgen).

Mi perdón, vamos.

Casualmente, todos me enviaban el mismo tema musical adjunto (el que encabeza esta entrada), pidiéndome que volviera.

Me gusta mucho romper los corazones de los hombres.

Los hombres son mis víctimas.

Adoro verlos llorar.

Pero vamos, que lo tengáis claro: no pienso regresar con vosotros ni quereros otra vez.

Pesados, que sois unos pesados.

¡Quered a otra!