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Los swíngüeres solitarios

INTERCAMBIO COMPLETO YA

Fiesta de bragas

Este sábado una pareja muy simpaticota organiza una famosa fiesta de bragas en Mijas-Costa.

Le he preguntado a Carlo que qué le parece si vamos, que a mí eso de la lencería me suele gustar.

Me ha contestado que habrá mucha gente y que es la ocasión ideal para ir a cualquier club swíngüer, ya que toda la gente estará en la fiesta de bragas y los clubes estarán muy tranquilitos.

Razón no le falta, porque opino yo también que tiene poca gracia acudir a un evento masificado.

Pero claro, de esa forma, ni en mil años voy a poder hacer yo mi auténtico y anhelado intercambio completo de pareja completamente.

Así, iremos a un club solitario, donde no habrá ninguna incauta a la que pueda robarle el marido para mí para siempre, a cambio de un delicioso muñeco Carlo Chochona.

No es justo.

Mira, Carlo, te voy a ser sincera: a diferencia de lo que le pasaba a un antiguo novio conmigo, yo no quiero envejecer a tu lado. Estás gordo, eres un impresentable y me avergüenzas donde quiera que vamos.

Yo lo que quiero es intercambiarte de una vez definitiva y completamente. ¿Es que no le entiendes?

¿Para qué crees que te llevo yo a los clubs swíngüeres? ¿Para follarte a ti otra vez?

¿Y eso qué gracia tiene?

¿Yo a ti para qué te tengo?

Así no se puede.

Cari.

¿Hacemos buena pareja?

Carlo me va a cambiar por una gordita.

Carlo me va a cambiar por una gordita.

Muchos swíngeres y seres humanos, opinan que es fundamental que la pareja esté compensada.

A mí, la verdad, me da igual: mientras el chico se parezca a Brad Pitt, a mí la parte femenina de la pareja no me hace falta que tenga ningún otro requisito.

¿Pero qué pensáis vosotros?

¿Creéis que debería cambiar al Carlo por un chico monumental como yo?

¿Debería el Carlo cambiar a la Mari por una jembra entradita en carnes como él?

¿Se haría así justicia universal?

No sé por qué sospecho que el Carlo no está por la labor. Y la verdad, no lo entiendo.

Los gorditos son gustositos y adorables. Yo disfruto con gorditos. ¿Por qué no iba Carlo a disfrutar con una gordita como él a su lado?

Yo tengo hueso na má.

Pero claro, por si no lo habéis notado, Carlo es pijo swínger como el que más.

Muchos piensan que somos una pareja descompesada.

Pues descompensada lo serás tú, zorra, porque yo estoy estupenda.

Carlo tampoco está descompensada: está sencillamente gorda gordísima.

A nosotros nunca jamás nos han dicho eso de “qué bonita pareja” o “qué buena pareja hacéis”.

Qué va.

Lo que nos dicen -a nuestras espaldas, eso sí- es: “Mira, ahí va el puto gordo con la tía buena”.

Sí.

Envidiosos.

Swíngeres.

Yo es algo que llevo muy mal, lo confieso.

Desde pequeña he soñado con tener a mi lado un príncipe azul perfecto, con perfil griego y ojos también azules, con el que poder pasearme del brazo, orgullosa, delante de mis amigas…

Y oírlas repetir eso de: ¡Qué buena pareja hacéis!

Una mieeeeeeerda para mí.

El microchip swinger

¿Y tú? ¿Te has implantado ya el microchip swinger?

¿Y tú? ¿Te has implantado ya el microchip swinger?

Ya he leído varias veces eso de las pulseritas swinger, u otros distintivos para que los swíngeres se reconozcan entre ellos.

Se ve que los swíngeres son menos sensoriales que -por ejemplo- los homosexuales.

Éstos úlitmos aseguran -pregúntale a cualquiera que conozcas y te lo confirmará- que ellos se reconocen nada más verse y que nunca se equivocan. Con los que yo he hablado, nunca han sabido explicarme cuáles son las señales que los delatan, pero juran y perjuran que mirándose a los ojos, ya se dan cuenta.

Pero los swíngeres están hechos de otra sustancia y no tienen ese tipo de superpoderes.

Así que necesitan dispositivos externos de swingerlocalización o algo parecido.

También he leído en más de un sitio a algunos  swíngeres, proponiendo que las redes sociales regalen a sus usuarios algún tipo de medallita, pin, pulsera o similar para que así se pueda reconocer a esta especie de bicho libertino.

Que digo yo, que mucho mejor que eso sería un microchip subcutáneo, como los que se le ponen a los perrillos y a otras mascotas. Y a ser posible que lleven un dispositivo integrado de geolocalización y batería de titanio.

Así puede uno ir paseando por ahí  con su móvil inteligente (si el tuyo es tontito, no sirve), un programita GPSwinger al efecto, y saber si la parejita con pinta bichos que se viene acercando a ti por el pasillo de los congelados del súper es normal o es swinger (verás cuando lean esta entrada mis amigos swíngeres y descubran que he dicho eso de”normal o swinger”: se me van a poner hechos unas locas histéricas).

En realidad la idea del GPSwinger fue del Carlo, que el otro día me decía que debería existir, porque para los homosexuales ya existe. Carlo me explicó (referiéndose al Gaylocalizador) literalmente que:

Y funciona como el GPS del coche.
A doce metros, gire usted a la derecha…
Recalculando maricones
¡Ha llegado usted al maricón del barrio!

La realidad de las redes sociales swingers

Aquí yo, en el centro del Universo

Aquí yo, en el centro del Universo

Hace poco, nuestros distinguidos amigos de Swingerlandia, retomaban su particular encono y tirria frente a este blog y a las opiniones que en él vertimos.

Seguramente -ya me conocen- pensarán que me han intimidado o emocionalmente afectado (lloro amargamente por los rincones, oigan). Y que por eso escribo tan poquito.

Sí, hombre, sí.

Lo que pasa es que me gusta tenerlos pendiente de mis publicaciones. Además, así gano visitas (más que antes), de esos queridos lectores vigilantes.

A mí -lo reconozco- me gusta que me miren y ser el centro de atención. Me excita. Soy asquerosamente exhibicionista. Así que ahora, cada vez que entro a mi panel de wordpress y me pongo a escribir la entrada de turno, me corro del gusto inevitablementeeeeeeeeeeee, ¡¡¡¡aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhh, oooooooooooooooohhhhhhhhhhhh, síiiiiiiiiiiiiiiiiiii   !!!!

Bueno, ya.

Lo que quería contaros es que después de cinco meses de alta en cierta conocida red social swinger, estoy muy decepcionada y me siento estafada. Y mira que el Carlo me lo decía: “Mariiiiiiiii, no te des de alta ahí, que a mí no me convencen esas cooooosas”.

“Pos ahora, Mari, te jodes”

Los putos niños, que nunca le hacemos caso a los mayores. Y así nos va.

Casi todas las redes sociales que estamos conociendo -sean o no de pago- se caracterizan por contar con los siguientes elementos:

1º. COMISIONISTAS: Estos -para empezar- se dedican a captar acólitos en redes sociales gratuitas para llevarlos a redes sociales de pago. Una vez que caes en la trampa, el comisionista -como un puto vendedor de Guarrophone- trata de venderte un montón de cosas: desde un estilo de vida y unas normas sociales, hasta el bareto swinger de su amigo Pepe que hace una fiestas muy buenas y tiene las copas a 0,27 céntimos el litro… Y ya puedes tú ingresar en la Lista de Tito Robison, huir del país o cambiar de identidad… que todo es en balde, porque ellos siguen vendiéndote cosas.

2º. SPAMMERS: Como no son pocas las redes sociales que han sido sancionadas por enviar comunicaciones comerciales no deseadas vía e-mail, los spammers han aprendido a hacer spam lícito. ¿Cómo? Muy fácil: te agregan en la red social como amigo y te meten en una lista de bichos swingers invitables, de modo que un día sí y otro también, recibes cienes y cienes de invitaciones a fiestas con ánimos de lucro (casi todas en barzuchos liberales o establecimientos asociados), que no te interesan lo más mínimo. Y encima esa persona que te invita, no te conoce de nada, ni ha cruzado el menor mensaje contigo, ni tiene ningún tipo de interés en conocerte. Por eso, desde hace unas semanas, bloqueo a todos los tontopollas que me mandan invitaciones. Y seguiré haciéndolo. Así invitáis a vuestra p… madre para la próxima.

3º. ANIMADORES: Sí. Son como esas pobres criaturas que se ponen un pinganillo y dan voces y saltos en algunas discotecas, ferias o fiestas asimiladas, con objeto de que la gente haga el ganso un rato. En las redes sociales, estos especímenes se localizan en los foros. Los encontráis en todos los hilos de discusión, metiendo cizaña o aprovechando para poner links de webs externas, con objeto de publicitar sus blogs, tiendas de lencería erótica, o incluso otras redes sociales swinger… Y luego, nosotros no podemos poner la dirección de nuestro blog privado. Manda cojones.

Ea, bichos swinger: ya tenéis ahí arriba alpiste para entreteneros un rato.

Y ahora vais, y lo twiteáis. O mejor, lo ponéis en el foro, que así me hacéis un huevo de publicidad, que es lo que a mí me gusta.

Un besito, tontos, que en el fondo yo sé que todos me adoráis.

El polvo que cambiará tu vida

Si te follo, serás otro hombre...

Si te follo, serás otro hombre…

Son adorables los chicos en ocasiones cuando tratan de seducir a una mujer. Se vuelven imaginativos y pueden generar cuentos y aventuras fantásticas.

Me decía un zagal la otra noche por chat, que él, por su avanzada edad, no tenía esperanzas de acostarse conmigo, pero que si yo supiera cuánto cambiaría su vida si yo tuviera a bien echarle un polvete…

Ya nada sería igual y él ya podría morir contento.

¡Polvos mágicos! ¡Polvos únicos! ¡Polvos revitalizantes! ¡Polvos milagrosoooooooooooooooos!

¡Vamos, oigaaaaaaaaaaaan, que me los quitaaaaaaaaaaan de las manooooooooooooos!

Que no hombre, que no.

Os puedo asegurar que ningún polvo tiene el poder intrínseco de cambiarle la vida a nadie.

Ninguna de mis víctimas folladas, han cambiado porque yo les haya metido en mi cama. Han seguido exactamente igual que antes. Bueno, algunos, un pelín más cabreados que al principio -eso sí- porque querían comer más y yo no quería seguir alimentándolos…

Pero fuera de eso, la vida sigue tal cual.

Es que es más: si yo pudiera cambiar a la gente a polvos, ya habría hecho estragos.

Por ejemplo: habría conseguido que el puto gordo adelgazara.

O que la polla se le pusiera más larga y más gorda.

O le hubiera transformado en un chico adorable en lugar de un en borde y un mariquita odioso…

Si yo tuviera el poder de cambiar a la gente a base de sexo, el mundo sería un lugar perfecto donde vivir…

Pero no caerá esa breva.

¡Eso no se come!

¡Que no te metas porquerías en la boca!

¡Que no te metas porquerías en la boca!

Hola, me llamo María y soy liberá. Llevo 11 días sin ver a mi marido comerse una polla.

(APLAUSOS DEL GRUPO DE TERAPIA).

La primera vez que vi a Carlo comerse una, fue hace dos meses. Al principio pensé que me habían echado algo raro en el cubata y lo estaba soñando, pero luego me di cuenta de que no era posible, porque yo no bebía cubata.

Desde ese día tuve pesadillas con un gordo mariconcete que venía todas las noches a meterse en mi cama chupando un calipo de lima-limón, que dejaba un reguero verdoso a su paso sobre las sábanas…

Lo peor de todo es cuando tienes que presentarle el noviete a tu madre, y entonces le dices –inevitablemente- aquello de:

– Hola, mamá, te presento a mi novio. Se llama Carlo. Y come pollas.

Ya nunca te vuelven a mirar igual que antes.

La familia comienza a darte de lado.

Y tú te contemplas en el espejo cada mañana, y te preguntas qué demonios has hecho mal para haber instalado en tu vida a un puto gordo.

Y, encima, maricón.

Yo no dejo de decirle que no me gusta verle hacer eso y que no lo haga más, o me voy a enfadar, pero una se siente como una madrecita, en plena orgía, corriendo detrás del Carlo y pegándole hostias en los morros cada vez que lo pillo tratando de comerse una polla.

Soy conocida ya en el ambiente liberal por mis gritos de guerra tipo:

– ¡¡¡CARLO, TE HE DICHO QUE ESO NO SE METE EN LA BOCA!!!

O:

– ¡ESO NO SE COME, CACA!

O:

– ¡¡¡NO SE METEN PORQUERÍAS EN LA BOCA!!!

Él, lo único que alega, es que yo también como pollas y “a ti bien que te gustan, María”.

¡¡¡Pero no es lo mismo, no es lo mismo!!!

¡¡¡¡Es que nadie me comprende!!!!

“¡¡Pero yo es que soy bisexual, Mari, que tú si que no comprendes!!” -Replica el Carlo.

¿Bisexual? -digo yo-, ¡¡¡tú lo que eres es mariquita, gordo!!! Que nada hay de malo en ello, ¡¡pero admítelo al menos!!.

Sé que no voy a poder vivir todo el tiempo persiguiendo al gordo para evitar que se meta eso en la boca otra vez.

Antes o después ocurrirá.

Y no voy a poder soportarlo.

Necesito ayuda.

Viajes de placer

Me voy de viaje, a ver a quién me follo con garantías, oigan.

Me voy de viaje, a ver a quién me follo con garantías, oigan.

Una las cosas más extrañas que me estoy encontrando en el mundo liberal, es la de los swingers viajeros.

Resulta que hay una curiosa variedad de bichitos swingers que van haciendo viajes por el mundo para conocer a otras parejas, chicos o chicas.

Y hasta ahí no habría nada de especial en su planteamiento. Lo raro comienza cuando se ponen a chatear contigo y te dicen:

– Mira, Mari, nosotros vamos a ir a Málaga precisamente para follaros a ti y al Carlo, pero claro, como vamos a hacer ese viaje por vosotros, queremos que nos déis garantías de que la cosa va a ser fructífera y me tenéis que ofrecer algo de antemano para que nosotros decidamos finalmente ir.

Yo les digo que puedo ir al banco y conseguirles un aval, o bien ofrecerles un plato de pescaíto frito malagueño o unos espetos.

Pero poco más, oigan.

No sé, macho.

Tú es que tienes que ser muuuuuuu tonto.

No nos conocemos de nada… ¿Cómo esperas conseguir seguridad sobre el hecho de que cuando las dos parejas se conozcan en persona, se van a gustar y van a funcionar en la cama? ¿Cómo se puede saber eso, con una pantalla de PC y kilómetros de cable eléctrico por medio?

De todos modos para los swingers viajeros exquisitos, yo ya estoy preparando un CERTIFICADO DE GARANTÍA que diga algo así como:

“Carlo y María los de Málaga, en nombre del Rey de España, CERTIFICAN que ambos son extremadamente sensuales, deliciosos e intensamente follables, por lo que si has decidido hacer un viaje hasta Málaga Town para gozar de sus cuerpos, te garantizamos que quedarás satisfecho. Vente pá la Costa del Sol, tonto, si no te va a doler…”

Luego nos dais vuestra dirección física allá en vuestra tierraland, y nosotros os enviamos -con antelación suficiente a la fecha prevista de vuestro viaje- el certificado original mediante empresa de mensajería a portes debidos.

Y todos tan contentos.

Una relación complicada

Mi marido es un complicado.

Mi marido es un complicado.

De vez en cuando nos encontramos con parejas swinger a las que no les hace ni pizca de gracia que el Carlo y yo no estemos casados, no vivamos juntos ni seamos -en definitiva- una familia tradicional.

Y encima tampoco vamos a misa los domingos, oigan…

Ya nada nos extraña, pues es bien sabido que la mayoría de los swíngeres no pasan el test de “MI ABUELA ES MÁS LIBERAL QUE TÚ”.

Y en verdad os digo, amigos, que yo ni muerta me casaba con Carlo.

Sí, vamos, en eso estoy pensando yo: en casarme, formar una familia y tener gusanos pelones berreando y cagando por la casa.

El sueño de mi vida, vaya.

Esas cositas para el que le gusten.

Carlo me dice siempre que cuando alguien me pregunte nuestro estado civil, les conteste que tenemos UNA RELACIÓN COMPLICADA.

Sí, este hombre es que se piensa que la vida es como hacerse un perfil en Caralibro…

A nosotros, que sí somos personas liberales, siempre nos ha resultado indiferente el estado civil de las parejas con las que nos vamos a la cama.

¿Cuál es el problema?

Si los cuatro nos gustamos y estamos cómodos…: ¿qué diferencia puede haber entre follar con una pareja de amantes, de señores casados, de novietes, o de follamigos?

¿Es que los polvos son mejores entre parejas de matrimonios?

¡Manda carallo na Habana!

Vosotros lo que sois es muuuu toooooontoooos.

¿Pues sabéis lo que os digo? Que ya os gustaría a muchas parejas de casados y de novios cristianos de esos de toda la vida, tener una relación tan sana y tan bonita como la que tenemos Carlo y yo.

Nuestra “relación complicada” brilla por su sencillez y su naturalidad. No hay ningún tipo de cadena, ni de condición, ni de necesidad de convencer al otro. Nadie persigue a nadie. Nos acompañamos cuando queremos. No hay preguntas. Ni celos. Ni inseguridad. Ni “yo aguantos”. Vas y vienes cuando quieres y no tienes que dar explicaciones. Nada en esta vida -para nosotros- es más importante que uno mismo. El otro no es una necesidad. Es una elección. Muy agradable, por cierto. Cada uno es uno mismo y no hay que posar, ni aparentar, ni inventar. Sólo disfrutar de los momentos. Compartir un “hasta el infinito y más allá” de risas. Beber juntos esas cervecitas con sus tapas o sus calamares, sin que importe dónde. Complicetear. Oirle al otro N veces la misma historia de la bufanda que le regaló su novia… “¿Otra vez me vas a contar la mismo, Carlo?”  “¡Y las que te quedan!”…

Básicamente se trata de disfrutar. Tanto si estás al lado del otro miembro de la relación complicada, como si no.

Y lo mejor es cuando alguien te pide que le presentes a tu … a tu… ¿A tu qué?

Porque la gente dice: “mamá, te presento a mi novio”.

O: “Mariquilla, te presento a mi rollete”.

O a mi marido.

O a mi follamigo.

Yo les digo: “TE PRESENTO A MI COMPLICADO”.

¡Ayyyyyy, si las ecuaciones polinómicas irracionales levantaran la cabeza!

¿Eres guay?

No somos guays, ojo.

No somos guays, ojo.

Carlo -además de un puto gordo- también es un creído.

A veces tiene sueños de grandeza y piensa que no debemos confirmar con antelación nuestra asistencia a algunas fiestas, porque podríamos ser un reclamo para otros swingers depredadores…

Hombre, reclamo reclamo reclamo el Carlo, va a ser que no.

En todo caso podría serlo yo, que estoy bien buena.

Por suerte, en esta relación, yo soy la miembra más modesta y la  única con sentido común.

En todo caso, Carlo dice que es que -aunque esté algo relleno- él es la alegría de la huerta. O dicho de otro modo:

I am the enjoy of the vegatables garden.

Tú lo que eres, Carlito, es un happy boniato.

Mucha huerta y mucha alegría, pero los swingers no te quieren ver ni en pintura.

A mí tampoco es que me adoren, pero bueno, tener tetillas es una ventaja.

El problema fundamental es que los swingers son todos super guays y gustan de la gente guay.

¿Y qué tiene Carlo de guay?

Carlo no es nada guay.

Es un capullo con patas.

No es guay.

No somos guays.

Y cuando no molas mogollón, no eres bien recibido en la Happy Swinger Comunity, que es como la Iglesia esa de los Mormones, pero con gente desnuda y muy salida.

Pero ándese el boniato caliente, y ríase…

¡Ríase la gente!

Aviso a navegantes

Tú sigue la luz.

Tú sigue la luz.

Carlo es uno de esos chicos fantasiosos que se creen especiales, pero en el fondo -para muchas cosas- es uno de ellos.

También él ha caído en el tópico de proclamar sus buenos propósitos para año nuevo.

¿Y sabéis qué ha pedido?

Pues aquello de “virgencita, que me quede como estoy”.

Carlo es un clásico. No quiere cambios. Quiere ser como el centro del universo: él ahí quietito, mientras todos giramos en torno a él, cual satélites no pensantes.

Es frecuente que tuiteros, blogueros o meros navegantes, me escriban consternados para contarme que tienen muchas ganas de hincarnos el diente y/o la polla (sobre todo a mí), pero que claro, que el Carlo está muy gordo y eso no les gusta, y que si Carlo no va al gimnasio y no se pone en forma, pues que no hay nada que hacer y bla bla bla …

Pues lamento comunicaros, queridos míos, que para 2015 Carlo va a seguir siendo gordo.

Igual de gordo.

Puede que incluso más gordo.

Y no tiene la menor intención de ir al gimnasio. Ni por asomo. Dice que los gimnasios están llenos de maricones y que él es un machote.

Quiere quedarse como está, ya véis.

Así que advertidos estáis.

Si queréis follarnos, tendréis que lidiar con el puto gordo gordísimo.

No hay tu tía.