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Más sensaciones

Mucho cuidado con los hombres libres.

Mucho cuidado con los hombres libres.

¡Y continúan su curso natural las peripecias sexuales de Carlo y María!

El fin de semana ha estado bastante concurrido de parejas y hemos agregado dos intercambios sexuales  más -cada uno a su estilo-  a nuestro curriculum sexae.

De uno, incluso hay vídeo, que subiremos por aquí pronto, en cuanto quitemos caras y recortemos las partes que no se pueden publicar.

Y de lo que quiero hablar hoy -a parte de mi famoso libro, “¿pero qué libro, Mari?”- es de la experiencia de ver cómo otras personas follan delante de ti y viceversa, sin que haya por medio una pantalla de televisión, ordenador, tablet o donde sea que veáis porno.

Me parece otra experiencia fascinante. A mí me provoca alegría y felicidad. Y no puedo evitar -ni quiero- que se me pinte de forma automática una sonrisa de oreja a oreja.

Ver gente a escasos centímetros que están pasándoselo pipa con el sexo, no tiene precio.

Por mucho que lo describa, no lo entenderéis, hasta que lo veáis.

Es abrir los ojos de golpe y darte cuenta de que hay vida más allá de tu ombligo, y del ombligo del mundo que nos han fabricado.

A mí me da una sensación inmensa de libertad y de paz interior. Y pienso con alivio: “coño, por fin, está pasando y el mundo no se ha detenido, y el infierno no se ha abierto bajo mis pies para tragarme por siempre en las tinieblas penales de la santísima moral y su madre maría tontísima del sacrosanto corazón”.

Y entonces alzo el vuelo y planeo mirando hacia abajo y es un placer la nueva perspectiva. Mil veces mejor.

Se esconden, nos escondemos, para follar desde que tenemos uso de razón. ¿Y por qué?

¿Qué hay de malo y de perverso en el placer, en tener orgasmos, en disfrutar del cuerpo?

No deberíamos escondernos. Tendría que ser algo natural, lo normal y no lo prohibido.

No hay nada de malo, por mucho que busquéis.

El problema está en que las personas felices son libres. Y las personas libres son muy peligrosas. No pueden ser manipuladas. No se las puede conducir.

Tu libertad apedrea su sistema. Y el sistema, ya lo sabemos, se defiende.

Con furia.

 

Pollas Duras Sin Fronteras

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Los hombres, sí.

Esos eternos maltratados e injustamente juzgados la mayor parte de las veces.

¿Su mayor pecado? Ser libertinos, infieles, vividores, querer disfrutar de esa cosa asquerosa, invento de satanás, que llaman sexo.

Sólo pronunciarlo, los pelos se me ponen cual escarpias, cual escarpiones…

Sexo.

Puag, qué asco.

La sociedad ha tendido siempre a considerarlo así, y sobre todo a considerarlo algo repugnante si está asociado a la mujer. Los hombres lo tenían más fácil.

A mí los hombres me caen simpáticos. Me gusta cómo conciben la sexualidad, en la mayoría de los casos. Lo hacen con más naturalidad que las mujeres y con más sencillez. Se trata de disfrutar y no de convertirlo en un problema.

Tengo amigos de mente muy abierta en estas cosas, muy liberales. Mucha gente los tacha de pervertidos, de guarros, de corneadores…

¿Por qué?

A mí me parece genial que la gente disfrute del sexo sin historias. Adoro a las personas libres, que hacen lo que les viene en gana en cada momento.

Soy mujer y lamento decir que me cabrea un montón oir hablar a otras mujeres del sexo como si fueran monjas y sobre todo, odio oirlas criticar a los tíos porque les gusta follar…

Gilipollas.

Haz lo que te apetezca y deja que los demás hagan lo mismo.

A mí en esto del sexo, me gusta ayudar e ir un poco de ONG sexual.

POLLAS DURAS SIN FRONTERAS.

¿Por qué no?

¿Acaso no es bonito, en lugar de quedarte encerrada en casa, ir a la playa y enseñar las tetas? Si es bonito dar de comer al hambriento, porque lo dice la Biblia, ¿acaso no lo es también dar de beber al hombre sediento de sexo? ¿Habéis visto acaso las caras de felicidad que se le ponen a los chicos cuando les enseñas las tetas, o llevas minifalda o te pasas con el escote?.

Verlos babear no tiene precio.

O notar que tartamudean, o que no sepan qué decirte y comiencen a soltar chorradas como si tuvieran trece años.

Los tíos sois adorables (claro que hay excepciones).

Y yo tengo una misión: ayudar a los hombres.

Pongamos al menos una polla dura por día.

Ellos nos lo agradecerán.

XD

Carlo y yo

Carlo es redondo, suave, polludo, tan mullido por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo las fibras de hierro de su polla y sus huevos son duros cual dos cochinillas de cristal negro. Lo dejo erecto y se va al prado y acaricia tibiamente, rozándolas a penas, a las muchachillas rosas, celestes y gualdas…,( poniéndome los cuernecillos con tó quisqui, vaya). Lo llamo dulcemente: “¿Carlo?”, y no viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, que va, es que se ríe mismamente y dice “dispués”, en no sé qué cascabeleo ideal…

Carlo y yo.

Exacto, lo habéis adivinado.

Os hablaré claro: me gustan los chicos gorditos.

Diariamente tengo ocasión de acariciar cuerpos perfectos, de chicos que van al gimnasio y tienen una musculatura que es una delicia. Y no digo yo que no sea algo agradable de tocar, de besar y de follar.

Pero ni punta de comparación con poder tener cerca a un gordito morboso.

Carlo tiene una piel divina (ya la quisiera yo tener igual), suave como la seda y cálida. Está mullidito y es taaaaaaaan gustosito…, como uno de esos ositos de peluche a los que tú, lectora, seguro que has violado alguna vez. Es genial darle un abrazo y poder tocarlo. Además, es un gordito tremendamente feliz. Asquerosamente feliz. Después de follártelo o de tomarte una copa con él, tienes que ducharte cuatro veces, porque el tío te deja chorreando de felicidad. Su alegría se te pega a la piel y no hay forma de arrancarla ni con un estropajo.

Babea felicidad.

Apesta a felicidad.

Asco de tío.

Casualidades de la vida, yo siempre he follado con chicos delgados. Bastante delgados.

Y no tienen esa chispa. Les falta algo (lo mismo hierro o vitaminas, vete tú a saber). Necesitan ese potaje de habichuelas que su abuela nunca les hizo, el calor de una madre que se empeña en engordar a su prole, una amiga incondicional que les financie su panza a base de birras…

Y amor, les falta mucho amor.

Deberíais probar con los gorditos. Cuando pruebas uno, ya no quieres otra cosa.

Un besazo y un achuchón de osa a todos esos adorables gorditos morbosos que hacen que la vida de una mujer sea mucho más agradable.

El mejor amigo de la mujer es un gordito morboso feliz.

Os quiero.