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Los swíngüeres solitarios

INTERCAMBIO COMPLETO YA

Fiesta de bragas

Este sábado una pareja muy simpaticota organiza una famosa fiesta de bragas en Mijas-Costa.

Le he preguntado a Carlo que qué le parece si vamos, que a mí eso de la lencería me suele gustar.

Me ha contestado que habrá mucha gente y que es la ocasión ideal para ir a cualquier club swíngüer, ya que toda la gente estará en la fiesta de bragas y los clubes estarán muy tranquilitos.

Razón no le falta, porque opino yo también que tiene poca gracia acudir a un evento masificado.

Pero claro, de esa forma, ni en mil años voy a poder hacer yo mi auténtico y anhelado intercambio completo de pareja completamente.

Así, iremos a un club solitario, donde no habrá ninguna incauta a la que pueda robarle el marido para mí para siempre, a cambio de un delicioso muñeco Carlo Chochona.

No es justo.

Mira, Carlo, te voy a ser sincera: a diferencia de lo que le pasaba a un antiguo novio conmigo, yo no quiero envejecer a tu lado. Estás gordo, eres un impresentable y me avergüenzas donde quiera que vamos.

Yo lo que quiero es intercambiarte de una vez definitiva y completamente. ¿Es que no le entiendes?

¿Para qué crees que te llevo yo a los clubs swíngüeres? ¿Para follarte a ti otra vez?

¿Y eso qué gracia tiene?

¿Yo a ti para qué te tengo?

Así no se puede.

Cari.

Normas para intercambio completo

Son nuestras costumbres y hay que respetarlas.

Son nuestras costumbres y hay que respetarlas.

Después de un intenso fin de semana, con un montón parejas que hacían cola a la puerta de nuestro piso para probar eso del genuino intercambio completo de parejas que os conté en la última entrada, me veo en la obligación de fijar una serie de normas o reglas para hacer intercambio completo.

Yo, ingenua de mí, creí que todo se desarrollaría de forma natural, espontánea y como una seda, pero qué va.

Muchas respetables señoras swíngeres, lo que han hecho es traerme a sus maridos, resultando que todos eran gordos gordísimos, feos feísimos, viejos viejísimos o pichas chicas chiquísimas.

Qué listas las cabronas: quieren que quedarse con mi Carlito -que es una delicia- y largarme al lastre de sus esposos swíngeres.

Una mieeeeeerda.

A partir de ahora, estas son nuestras normas de intercambio (y hay que respetarlas, oigan):

1ª. Sólo me quedo a tu marido si es más delgado que el Carlo.

2ª. Sólo me quedo a tu marido si tiene 50 o menos años.

3ª. Sólo me quedo a tu marido si tiene la pichurra igual al menos que la del Carlo, en lo que se refiere a tamaño y grosor, y a eficacia y duración.

Si no cumples los requisitos, tu marido te lo quedas pá ti, bonita.

A mí me dejas.

Y por supuesto (Carlos dixit), estas reglas las puedo cambiar en cualquier momento.

Si no te gustan, tengo otras.

Carlo el coqueto

¿Es cocreto Carlo? ¿Es croqueto? ¿O es una simple croqueta?

¿Es cocreto Carlo? ¿Es croqueto? ¿O es una simple croqueta?

A principios de esta semana, acudimos a conocer a una pareja de bichos swínger con nivel -47 de educación y clase.

Estos especímenes en cuestión, contactaron con nosotros por iniciativa propia e insistieron en conocernos en persona para tomar una cerveza sin compromiso (yo las prefiero sin alcohol, o de esas de limón, pero bueno).

Por circunstancias personales, al principio, rechazamos la invitación, pero ante su insistencia, preferimos finalmente acudir a la cita.

Allá que Carlo y yo salimos y -a petición de los mismos- acudimos al lugar donde se encontraban, fuera de Málaga. Los días previos al encuentro, confirmaron varias veces la cita y nos manifestaron su interés en conocernos al fin.

Pues bien: una vez en el lugar acordado, les mensajeamos y no obtuvimos respuesta. Al cabo de media hora nos dicen que ya llegan. Pero nunca llegaron y no volvieron a contestar.

Al día siguiente, casi 24 horas después, nos envían un mensaje pidiendo disculpas y manifestando que nos vieron de lejos, y que si bien María -esa soy yo- era muy mona- a la exquisita señora swínger de la otra pareja, Carlo no le gustó.

La exquisita gallinita swínger sólo gustaba -literalmente- de HOMBRES ARREGLADOS Y COQUETOS.

No merecen mayor comentario este tipo de impresentables sin clase ni educación, que ni siquiera tienen cojones para dar la cara y tomarse una cerveza con dos personas a las que han citado expresamente y prefieren quedarse escondidos espiándolos.

Y hombre, mire usted, Carlo coqueto coqueto coqueto lo que se dice coqueto, no es.

Es feito, barrigoncillo y entrado en años. De hecho, cuando se arregla un poco, se parece un webo a esto:

Carlo arregladito.

Carlo arregladito.

De hecho (los que sois listos os habréis dado cuenta ya), esa es la razón por la que yo quiero hacer intercambios de pareja.

Sí, coño, a ver si me sacudo al gordo horroroso éste de encima y me follo a tu marido, que está mucho más macizo.

Quiero cambiar de pareja, vamos, a ver cómo tengo que decíroslo.

Que a mí el tío este no me gusta.

Te lo regalo tó pá ti entero…

Ea.

(Aprovecho desde aquí para mandar un saludo a nuestros amigos los orcos swínger de la Casa Mordorland, que sabemos y nos consta, que andan por aquí visitándonos a diario y haciéndose pajillas a nuestra costa. Saludo también a mi madre. Te quiero, mami).

El microchip swinger

¿Y tú? ¿Te has implantado ya el microchip swinger?

¿Y tú? ¿Te has implantado ya el microchip swinger?

Ya he leído varias veces eso de las pulseritas swinger, u otros distintivos para que los swíngeres se reconozcan entre ellos.

Se ve que los swíngeres son menos sensoriales que -por ejemplo- los homosexuales.

Éstos úlitmos aseguran -pregúntale a cualquiera que conozcas y te lo confirmará- que ellos se reconocen nada más verse y que nunca se equivocan. Con los que yo he hablado, nunca han sabido explicarme cuáles son las señales que los delatan, pero juran y perjuran que mirándose a los ojos, ya se dan cuenta.

Pero los swíngeres están hechos de otra sustancia y no tienen ese tipo de superpoderes.

Así que necesitan dispositivos externos de swingerlocalización o algo parecido.

También he leído en más de un sitio a algunos  swíngeres, proponiendo que las redes sociales regalen a sus usuarios algún tipo de medallita, pin, pulsera o similar para que así se pueda reconocer a esta especie de bicho libertino.

Que digo yo, que mucho mejor que eso sería un microchip subcutáneo, como los que se le ponen a los perrillos y a otras mascotas. Y a ser posible que lleven un dispositivo integrado de geolocalización y batería de titanio.

Así puede uno ir paseando por ahí  con su móvil inteligente (si el tuyo es tontito, no sirve), un programita GPSwinger al efecto, y saber si la parejita con pinta bichos que se viene acercando a ti por el pasillo de los congelados del súper es normal o es swinger (verás cuando lean esta entrada mis amigos swíngeres y descubran que he dicho eso de”normal o swinger”: se me van a poner hechos unas locas histéricas).

En realidad la idea del GPSwinger fue del Carlo, que el otro día me decía que debería existir, porque para los homosexuales ya existe. Carlo me explicó (referiéndose al Gaylocalizador) literalmente que:

Y funciona como el GPS del coche.
A doce metros, gire usted a la derecha…
Recalculando maricones
¡Ha llegado usted al maricón del barrio!

La realidad de las redes sociales swingers

Aquí yo, en el centro del Universo

Aquí yo, en el centro del Universo

Hace poco, nuestros distinguidos amigos de Swingerlandia, retomaban su particular encono y tirria frente a este blog y a las opiniones que en él vertimos.

Seguramente -ya me conocen- pensarán que me han intimidado o emocionalmente afectado (lloro amargamente por los rincones, oigan). Y que por eso escribo tan poquito.

Sí, hombre, sí.

Lo que pasa es que me gusta tenerlos pendiente de mis publicaciones. Además, así gano visitas (más que antes), de esos queridos lectores vigilantes.

A mí -lo reconozco- me gusta que me miren y ser el centro de atención. Me excita. Soy asquerosamente exhibicionista. Así que ahora, cada vez que entro a mi panel de wordpress y me pongo a escribir la entrada de turno, me corro del gusto inevitablementeeeeeeeeeeee, ¡¡¡¡aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhh, oooooooooooooooohhhhhhhhhhhh, síiiiiiiiiiiiiiiiiiii   !!!!

Bueno, ya.

Lo que quería contaros es que después de cinco meses de alta en cierta conocida red social swinger, estoy muy decepcionada y me siento estafada. Y mira que el Carlo me lo decía: “Mariiiiiiiii, no te des de alta ahí, que a mí no me convencen esas cooooosas”.

“Pos ahora, Mari, te jodes”

Los putos niños, que nunca le hacemos caso a los mayores. Y así nos va.

Casi todas las redes sociales que estamos conociendo -sean o no de pago- se caracterizan por contar con los siguientes elementos:

1º. COMISIONISTAS: Estos -para empezar- se dedican a captar acólitos en redes sociales gratuitas para llevarlos a redes sociales de pago. Una vez que caes en la trampa, el comisionista -como un puto vendedor de Guarrophone- trata de venderte un montón de cosas: desde un estilo de vida y unas normas sociales, hasta el bareto swinger de su amigo Pepe que hace una fiestas muy buenas y tiene las copas a 0,27 céntimos el litro… Y ya puedes tú ingresar en la Lista de Tito Robison, huir del país o cambiar de identidad… que todo es en balde, porque ellos siguen vendiéndote cosas.

2º. SPAMMERS: Como no son pocas las redes sociales que han sido sancionadas por enviar comunicaciones comerciales no deseadas vía e-mail, los spammers han aprendido a hacer spam lícito. ¿Cómo? Muy fácil: te agregan en la red social como amigo y te meten en una lista de bichos swingers invitables, de modo que un día sí y otro también, recibes cienes y cienes de invitaciones a fiestas con ánimos de lucro (casi todas en barzuchos liberales o establecimientos asociados), que no te interesan lo más mínimo. Y encima esa persona que te invita, no te conoce de nada, ni ha cruzado el menor mensaje contigo, ni tiene ningún tipo de interés en conocerte. Por eso, desde hace unas semanas, bloqueo a todos los tontopollas que me mandan invitaciones. Y seguiré haciéndolo. Así invitáis a vuestra p… madre para la próxima.

3º. ANIMADORES: Sí. Son como esas pobres criaturas que se ponen un pinganillo y dan voces y saltos en algunas discotecas, ferias o fiestas asimiladas, con objeto de que la gente haga el ganso un rato. En las redes sociales, estos especímenes se localizan en los foros. Los encontráis en todos los hilos de discusión, metiendo cizaña o aprovechando para poner links de webs externas, con objeto de publicitar sus blogs, tiendas de lencería erótica, o incluso otras redes sociales swinger… Y luego, nosotros no podemos poner la dirección de nuestro blog privado. Manda cojones.

Ea, bichos swinger: ya tenéis ahí arriba alpiste para entreteneros un rato.

Y ahora vais, y lo twiteáis. O mejor, lo ponéis en el foro, que así me hacéis un huevo de publicidad, que es lo que a mí me gusta.

Un besito, tontos, que en el fondo yo sé que todos me adoráis.

¡Eso no se come!

¡Que no te metas porquerías en la boca!

¡Que no te metas porquerías en la boca!

Hola, me llamo María y soy liberá. Llevo 11 días sin ver a mi marido comerse una polla.

(APLAUSOS DEL GRUPO DE TERAPIA).

La primera vez que vi a Carlo comerse una, fue hace dos meses. Al principio pensé que me habían echado algo raro en el cubata y lo estaba soñando, pero luego me di cuenta de que no era posible, porque yo no bebía cubata.

Desde ese día tuve pesadillas con un gordo mariconcete que venía todas las noches a meterse en mi cama chupando un calipo de lima-limón, que dejaba un reguero verdoso a su paso sobre las sábanas…

Lo peor de todo es cuando tienes que presentarle el noviete a tu madre, y entonces le dices –inevitablemente- aquello de:

– Hola, mamá, te presento a mi novio. Se llama Carlo. Y come pollas.

Ya nunca te vuelven a mirar igual que antes.

La familia comienza a darte de lado.

Y tú te contemplas en el espejo cada mañana, y te preguntas qué demonios has hecho mal para haber instalado en tu vida a un puto gordo.

Y, encima, maricón.

Yo no dejo de decirle que no me gusta verle hacer eso y que no lo haga más, o me voy a enfadar, pero una se siente como una madrecita, en plena orgía, corriendo detrás del Carlo y pegándole hostias en los morros cada vez que lo pillo tratando de comerse una polla.

Soy conocida ya en el ambiente liberal por mis gritos de guerra tipo:

– ¡¡¡CARLO, TE HE DICHO QUE ESO NO SE METE EN LA BOCA!!!

O:

– ¡ESO NO SE COME, CACA!

O:

– ¡¡¡NO SE METEN PORQUERÍAS EN LA BOCA!!!

Él, lo único que alega, es que yo también como pollas y “a ti bien que te gustan, María”.

¡¡¡Pero no es lo mismo, no es lo mismo!!!

¡¡¡¡Es que nadie me comprende!!!!

“¡¡Pero yo es que soy bisexual, Mari, que tú si que no comprendes!!” -Replica el Carlo.

¿Bisexual? -digo yo-, ¡¡¡tú lo que eres es mariquita, gordo!!! Que nada hay de malo en ello, ¡¡pero admítelo al menos!!.

Sé que no voy a poder vivir todo el tiempo persiguiendo al gordo para evitar que se meta eso en la boca otra vez.

Antes o después ocurrirá.

Y no voy a poder soportarlo.

Necesito ayuda.

¿Somos malas las tías buenas?

¿Las tías buenas pueden no ser malas?

¿Las tías buenas pueden no ser malas?

Se oye mucho decir eso de que las tías buenas son malas malísimas.

¿Pero es cierto o se trata de un tópico más?

Pues mirad, yo es que no tengo una Universidad de esas de Matachuches, ni de Jaguar, ni de Minestronesota en las que se hacen estudios, así que no puedo opinar con el rigor científico que las caracteriza, pero sí que estoy capacitada para emitir mi opinión personal.

Otras tías buenas lo desconozco, pero yo personalmente en persona, soy mala malignísima.

¿Que por qué?

No tengo ni la más remota idea.

Me parece que vino conmigo de serie al nacer. Como el airbag.

Ser maligna ni siquiera es divertido. O sea, que no lo hago por placer ni por diversión. Es como cualquier otro vicio nocivo: uno sabe que no aporta nada, que encima es perjudicial, pero sin embargo…

Eso sí: yo lo dejo cuando quiero.

Mañana mismo decido yo dejar de ser maligna y me salen potencias del flequillo y tó…

¿Y entonces por qué sigo siendo mala?

No sé, macho, no sé.

No es por no ser buena. Si hay que ser buena, se es. No es por no ir. Si se decide ir, se va.

Todo el que me ve la primera vez queda prendado de mi natural bonachonería. Y siempre me dicen:

“María, tía, se nota que eres un taco buena gente”.

Sí, sí.

Tendríais que verlos dos meses y cuatro polvos después…

Me llaman de hija de puta para arriba.

Pero claro, es que yo no tengo la culpa de que tú te hayas planificado un futuro ideal conmigo (retoños incluidos) y un número concreto -pero extenso- de polvetes.

Más que malas, en realidad, las tías buenas lo que somos es justas.

Sabemos la medida exacta de pasión que le corresponde a cada hombre y la administramos con la diligencia de una buena hija de puta de familia.

Toma moreno.

¿Quiero ser Ama dominante?

Ahora de perfil, monísima que te cagas.

Ahora de perfil, monísima que te cagas.

Ayer me preguntaba en un mensaje el Tito Adri si a mí me iba el rollo Ama.

Hombre, la idea no me desagrada, pero no me veo yo Ama Ama lo que se dice Ama.

Lo de coger el látigo y poner a un tío a mis órdenes, reconozco que me estimula los sentidos y hace aflorar mi natural maldad femenina.

Lo que pasa es que a la hora de la verdad soy una blanda, y aunque me gusta dar caña y dominar un poco, tampoco sería capaz de ir mucho más lejos.

No me estimula sexualmente ni una pizca -por ejemplo-, la idea de hacer daño a otro, aunque eso sea lo que a él le guste. Le gustará a él, pero a mí no, y aquí de lo que se trata es de hacer lo que a una le plazca.

Egoismo bueno ante todo, sí señor, y por mucho que en el colegio me explicaran que eso no se hace, caca.

Carlo, sin ir más lejos, es de los que a veces te pide mordiscos y que aprietes fuerte aquí o allí.

Pero qué va, a mí se me ponen los pelos como escarpias y no soy capaz.

Me puedo montar un número de Ama, látigo en mano (sí, sí, qué pasa: lo de las fustas me pone XD) en plan guasa y azotarte un rato el culo, y llamarte guarra, zorra, mariquituchi y esas cosas.

Pero al final me daría el cariño y el cargo de conciencia, y te acabaría pidiendo perdón, dándote besitos y prometiéndote no volver a hacerlo nunca más…

A lo que soy mucho más reacia es a estar en el lado contrario. O sea: en el papel de sumisa. Eso me saca mi lado rebelde. Pronto iba a yo a obedecer las órdenes de un Amo, vamos: “ahora no te toques, ahora puedes follar, ahora vas a estar un mes sin tocarte…” Sí, hombre, sí: una polla así de grande.

O a dejar que me ates. A eso tampoco me presto.

JA.

Átame si tienes cojones. Y si me atas, procura que no te pille cuando me suelte…

¿Y a vosotros, os gustaría ser Ama o Amo? ¿O mejor esclavos?